De cuando una limitación técnica se vuelve identificativa del servicio

280 caracteres

Voy con mucho retraso en algunos temas que, debido a mi reciente viaje a Asturias, he ido demorando más de la cuenta.

Uno de ellos, por ejemplo, es la prueba piloto que la semana pasada llevaba Twitter, rompiendo la histórica limitación del servicio a 140 caracteres, y doblándolos hasta llegar a los 280 (EN). El resultado se puede ver en ese primer tweet de uno de sus fundadores (EN) que encabeza este artículo.

Como muchos sabrán, los 140 caracteres iniciales (que realmente eran 160, reservando 20 para nombres de usuarios mencionados) venían dados por una limitación técnica del servicio, que nació en su día con la vocación de poder ser enviados mediante la red de SMS global.

Con el paso al mundo digital, sin embargo, y frente a todo pronóstico, Twitter prefirió seguir dejando esta limitación, que ya no tenía un sentido estrictamente técnico, amparada en lo que a todos los efectos fue una jugada maestra: diferenciarse del resto de plataformas sociales.

¿Qué hace de Twitter un espacio donde consumir de forma rápida y eficaz contenido informativo? ¿Qué ha hecho de Twitter el pulso informativo de la sociedad del siglo XXI (ES)?

Lo he repetido hasta la saciedad en estos últimos años, y es precisamente esa agilidad que la plataforma ofrece. El saber que de un tema a otro nos separa una frase, a lo sumo dos, y enriquecida, si eso, con algunas fotos, un enlace, una encuesta o un vídeo. ¡Ya está!

¿Que la limitación de 140 caracteres era un incordio para los usuarios? Sí, no hay que negarlo. ¿A quién no le ha pasado en más de una ocasión que ha tenido que borrar parte del tweet para repensar la manera de encajar la idea que quiere compartir con el público en esos 140 malditos caracteres?

Y sin embargo, es gracias a ello que, por norma general, se acaba obteniendo un universo informativo mucho más interesante. Una limitación que nacía de una restricción técnica, pero que gracias a ella ha transformado la plataforma en un lugar lo suficientemente equilibrado como para que la necesidad de repensar de forma pausada el mensaje del emisor acabe dando como resultado una pieza de mayor calidad, y que unida al resto de piezas, y presuponiendo que el usuario ha hecho los deberes (de esto hablaremos a continuación), da como resultado una plataforma redonda.

El problema de Twitter sigue siendo el mismo

Mal que me pese, ya lo he comentado con anterioridad. Twitter no es Facebook, ni Google, ni Amazon, aunque querrían serlo, y por el impacto que tiene a nivel social, se merecerían serlo.

El problema de Twitter sigue siendo esa barrera de entrada realmente compleja de afrontar para un usuario novel. Ya no solo porque la mecánica de comunicación en la plataforma puede resultar ligeramente compleja, máxime a los nuevos usuarios de Internet que no han conocido la época de los chats e IRCs (que si hashtags, que si RTs con o sin comentarios, que si @ para mencionar…), sino porque el valor que ofrece la cuenta de Twitter al usuario es directamente proporcional a la capacidad que tenga este de elegir acertadamente a quién sigue y a quién no.

Es decir, que el servicio, pese a que ha establecido estos últimos años un sistema de recomendación de perfiles cada vez más interesante, sigue delegando en el usuario el valor de su producto. Y ya sabemos que, por regla general, al usuario medio de internet (y el ciudadano medio, por no decirlo) ni le importa ni sabe tan siquiera cómo puede estar bien informado.

Por contra, en Facebook entras, agregas a tus amigos, y todo el trabajo ya está hecho. El sistema te irá recomendando temas que tus amigos recomiendan, generando ese círculo vicioso que tanto daño hace a nivel informativo (recordemos que estas plataformas NO son neutrales), pero que claramente funciona a nivel macro. Y lo mismo podríamos decir de LinkedIN, de Google+, de Pinterest y en líneas generales del resto de alternativas en el mercado.

En Twitter entras y, salvando esos 10 o 20 perfiles que al principio te van a obligar a seguir previa elección de temáticas, te encuentras en un mundo totalmente desconocido, y lo que es peor, sin amparo de ningún tipo. La plataforma te dará la oportunidad de agregar a tus contactos de la agenda, pero es que al igual que en Facebook se va a hablar de fotos de gatitos y de política de bares, lo mismo tus contactos habituales no tienen capacidad crítica de ningún tipo, y tampoco saben por tanto utilizar una herramienta informativa como Twitter. Y cuando eso pasa, lo que ese usuario se encuentra es una plataforma que no le ofrece más valor que unos pocos tweets de unos famosetes de turno, y alguna actualización de estado de conocidos, que lo mismo están tan perdidos como él y lo utilizan como si fuera un Facebook abierto al público.

Hace un par de semanas escribí en el blog de SocialBrains sobre cómo la red de microblogging estaba probando la creación de hilos anidados directamente desde la misma interfaz, y cómo eso pervertía nuevamente el valor que ofrecen a día de hoy los hilos (factor cronológico, lecturas y comentarios alternativos que generan otros hilos…), pese a que en efecto sean incómodos de consumir (por la idiosincrasia de la plataforma, tendríamos que ir hasta el final del hilo y empezar a leerlo hacia arriba, saltándonos quizás conversaciones paralelas que hayan podido surgir entre uno y otro tweet).

Lamentablemente estamos de migración en SB y hasta que no carguen de nuevo la base de datos actualizada, no puedo enlazárselo.

Pero la conclusión sigue siendo la misma que a la que quería llegar por aquí: Con la entrada de esta nueva funcionalidad (si es que al final se queda, que lo miso es solo una PoC que jamás llegará al gran público), Twitter pierde parte de esa esencia que le hacía único.

Que en este caso menos es más, y que aunque esta restricción ya haya años que pasó a no tener sentido a nivel puramente técnico, es lo que le estaba dando valor al producto final.

Cuando de pronto pasemos a un escenario donde los protagonistas de Juego de Tronos pueden presentarse con todos sus títulos en un mismo tweet, la cosa cambia significativamente.

Y lo mismo entonces Twitter deja de ser ese lugar donde en unos minutos te puedes enterar de qué ha pasado en el mundo (en tu propio mundo, ojo) para ser aquel lugar donde para hacer lo mismo vas a tener que comerte el doble de contenido, que para colmo será más banal y menos elaborado.