Colaborando en el libro “365 reflexiones para conseguir un negocio con éxito”

Raúl Loro (ES) me contactó hace ya casi cuatro meses por si me interesaba colaborar en su libro titulado “365 reflexiones para conseguir un negocio con éxito” que pensaba publicar a principios de año, y que estaría formado por 365 colaboraciones de diferentes perfiles relacionados con el mundo del emprendimiento.

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Gustosamente, accedí a enviarle el artículo, que debido a la estructura argumentativa del ejemplar, debía entrar en una página (400-500 palabras). Puesto que el libro (ES) saldrá a la venta este jueves, dejo por aquí mi aportación, muy personal, sobre lo que creo que son los principales problemas con los que un joven emprendedor con perfil técnico acabará encontrándose en el salvaje mundo de los negocios, añadiendo de regalo algunos enlaces que veo interesante para enriquecer el texto.

Técnicos en el mundo de los negocios

A lo largo de esta guía habrá leído usted las palabras de verdaderos gurús, gente que seguramente ya conocía de redes sociales, de eventos o quizás de ser usuario de los servicios de su empresa. Personas con una amplia trayectoria de éxitos (y fracasos, espero), de reconocida reputación, y que parecen sacados de la portada de una revista.

Quien escribe estas palabras representa la antítesis de lo antes mencionado. Con vocación desde muy pequeño a la creación, llegué a este mundo como podría haber llegado a cualquiera que me permitiese montar mi propio universo. Demasiado joven para considerarme al nivel de estos especialistas que han pasado más de una década estrujándose el cerebro, he fundado apenas 2 startups, y he estado envuelto en mil y un proyectos que han acabado en saco roto. Humanista y técnico por igual (en verdad no entiendo la separación curricular actual), encontré en la programación esa herramienta que me permitía soñar despierto, y me he pegado una y otra vez con el negocio, ese muro legal que parece destinado a obligarnos a posar los pies en la tierra.

Por eso estas palabras van dedicadas a todo aquel lector que simpatice con lo que un servidor ha vivido. Que es emprendedor porque de verdad siente que quiere transformar el mundo (aunque sea su pequeño mundo), y entiende que el negocio es el aro por el que todo león tiene que pasar para estar en el mercado.

Si no es usted esa persona, siéntase libre de pasar de página. De verdad, que no me enfado. En caso contrario, le diría que primero de todo, se arme de paciencia y respire hondo.

¿Qué le gusta hablar en público? Pues bienvenido, créame que le va a tocar hacerlo. Y lo mejor es que tan pronto acabe este libro, se acomode, coja un lápiz y un papel (o abra su aplicación de notas predilecta), y empiece a pensar cómo definiría su empresa en una frase. Directa, y sin muchos tecnicismos, por favor. Intente ser generalista sin llegar a la desesperación, que ya sabemos que un proyecto nace siendo una cosa y acaba siendo otra totalmente distinta.

¿Que ya lo tiene? Pues le va a tocar empezar a hacer difusión de su marca. Y eso conlleva el uso de redes sociales, le guste o no. Si usted no es muy diestro en este entorno, intente meter a un socio que sí lo sea. Quien no está presente en la red, no existe. Así de sencillo. Y en el momento en el que esté, no hay vuelta atrás. No hay nada peor que un perfil no actualizado. Enfóquese en sus objetivos, y elija con cautela. Sino cuenta con un equipo de periodistas digitales, CMs o como diablos quieran llamarse, lo mejor es que esté presente en Twitter y poco más.

Hecho esto, ahora queda lo peor. Salir al mundo (e intentar comérselo), pero de eso ya le habrán hablado (y le hablarán) el resto de compañeros. Mucha suerte, ¡y ánimo!

Pues lo dicho, una retrospectiva de las vivencias más amargas de un servidor en estos últimos años.