Afrontando los cambios con mucha ilusión

Quería tomarme el privilegio de escribir hoy un artículo bastante más personal (y espero que estimulante) de lo que suelo hacer habitualmente, y es que ante todo no me gustaría perder el carácter personal de esta página.

PabloYglesias-Zaragoza

Como ya os comentaba a principios de semana, he acabado por mudarme a Zaragoza (por cierto, agradecería cualquier recomendación de lugares o eventos que no debería perderme), una ciudad que no conocía y que sencillamente me ha enamorado.

La razón principal de este cambio viene dada por circunstancias ajenas a mi persona, y que afectan, por tanto, a esa fiel acompañante que ha sido un must estos últimos años (con el permiso de mi madre), que por temas de estudio tendría que acabar desplazándose a otra ciudad.

Barajamos varias, y a punto estuvimos de irnos a Canarias, pero al final, el sentido común se superpuso a la locura, y teniendo en cuenta que por mi trabajo suelo tener reuniones mensuales, Zaragoza se alzó como uno de los mejores emplazamientos de la península. Cuenta con Ave y comunicación directa con Madrid, Valencia y Barcelona, además de aparecer entre las grandes ciudades empresariales de España, y estar repleta de gente maravillosamente amable.

Pero la decisión no ha sido nada fácil. Personalmente he tenido que luchar con los miedos que habitualmente nos asaltan cuando hay cambios y toma de elecciones complicadas.

El camino no ha sido sencillo, y es que uno de los factores que me hacía sentirme pegado a Madrid era precisamente el no haber concluido mis estudios de magister en Ingeniería en Informática. Quedarán por tanto aplazados, al menos un año, a sabiendas que el MBA ya está terminado, y que dedicaré parte del tiempo semanal a prepararme alguna titulación de inglés, que en su día tuve también que desplazar en favor de la universitaria.

Por otro lado, el decidirme finalmente por el CIGTR como ocupación principal, en detrimento de otras oportunidades laborales que no me satisfacían en su conjunto (o bien requerían irme a vivir al norte de Europa, o bien me obligarían a estar todo el día sentado en una oficina). El equipo del CIGTR me ha demostrado en este último año como colaborador de fines de semana que estaba formado por profesionales increíbles, que irradian un amor y buen quehacer tanto dentro como fuera del entorno de trabajo. Gente que disfruta analizando y compartiendo información sobre seguridad y riesgo informático, y que no duda en experimentar nuevas fórmulas día tras día.

Un equipo flexible, muy unido, que ha acabado por robarme un pedazito de corazón, y que me acompañarán en esta nueva etapa como contribuidor principal.

Junto a mis labores diarias en el CIGTR, vendrán una serie de proyectos externos (de los que pueda os iré contando conforme vayan entrando), relacionados principalmente con el mundo de la identidad técnica y el análisis de mercados, que me van a obligar a seguir al pie del cañón, a no oxidarme. Y todo ello sazonado con la consultoría en estrategia y análisis que desde hace tiempo vengo realizando con alguna que otra empresa, principalmente (y quizás por el boca a boca) del sector de los viajes y la universidad.

Y culmina todo este abanico de cambios con dos principios que espero sacar adelante.

El primero es recuperar la buena costumbre de hacer deporte diariamente. Para alguien que ha competido casi toda su vida (natación, capoeira), estos últimos años, cargados de trabajo y estudios han sido un verdadero muro para el deporte. Que sí, que siempre hay una hora libre que puedes gastar, pero cuando te levantas diariamente a las seis, y llegas a casa a las siete o a las ocho, lo habitual es que lo que te apetezca sea sentarte, cenar y poco más.

Ahora trabajaré desde casa, por lo que ya no tengo excusa. Y desde la ventana donde estoy ahora mismo escribiendo tengo una vistas a un parque que pide a gritos ser recorrido, apoyado seguramente en alguna aplicación de monitorización, por eso del postureo personal y la medición de resultados.

El segundo principio engloba a todos los demás, y tiene como objetivo llevar a cabo aquello que quiero de la forma que más me gustaría. Es hora de hacer lo que siempre has deseado hacer, que escribía hace ya algo más de un año, y me parece un pilar básico que todos deberíamos tener en cuenta.

Disfrutar del trabajo, y que este no consuma tu energía. No dejarte caer en la espiral del costumbrismo, y obligarte, aunque cueste, a afrontar nuevos retos. Todo esto nos permite seguir vivos, encontrar aquello que le da jugo a la vida.

En mi caso, y en este mismo momento, pasa por trabajar en lo que me gusta, con la gente que quiero, y con la flexibilidad de horarios de un trabajo desde casa. Con cultivar cuerpo y mente por igual, sin dar prioridad a la una sobre la otra. Con aprender a delegar funciones en terceros (es algo que aún reconozco que me cuesta). Con cambiar de aires, que Madrid es Madrid, y preocuparme más del presente y menos del futuro.

Y creo que ahora mismo estoy en el camino adecuado.

Ahora te toca a tí ¿Has encontrado tu camino?