El valor de la analítica en televisión social

Hablábamos recientemente del revuelo que causó la monitorización de la lectura de ebooks en algunos servicios de alquiler de libros electrónicos, y como al menos para un servidor, no veía problema alguno en este hecho.

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La monitorización existe desde antes de la era de internet, y siempre y cuando se haga respetando la privacidad del cliente, las únicas consecuencias que se pueden extraer son buenas.

En televisión, la manera que hasta ahora había de monitorizar los gustos de los clientes era mediante un aparatito que venía o bien externo o bien en el interior de los televisores, y que era el encargado de comunicar qué programas estaba viendo esa familia, a qué hora y cómo. Por supuesto, dichos dispositivos estaban únicamente presentes en un porcentaje ínfimo de la audiencia, por lo que los insights obtenidos eran probabilísticos (y fuertemente sesgados).

En la actualidad, y tratándose de un medio tan tradicional como la televisión, el peso de la mochila histórica ha hecho que los nuevos medios de monitorización estén llegando a cuentagotas a un canal comunicativo que lo queramos o no sigue siendo terriblemente efectivo. Un nicho de mercado aún por explorar, y del que quería dejaros algunos tips que considero fundamentales:

  • Segundas pantallas: Es un hecho ya consumado que un porcentaje terriblemente amplio de la sociedad del primer mundo ve la televisión mientras “juguetea” con otros dispositivos. El uso de una segunda pantalla (y la explotación de sus ventajas) ya ha sido descubierto en otros ámbitos, como el del videojuego o la educación, y es ahora que empieza a tomar verdadero interés en la televisión, renombrándola como televisión social.
  • Experiencia de usuario aumentada: El éxito de la TV social viene sobre todo marcado por la capacidad que tenga una industria tradicional de adaptarse a la segunda pantalla. Generar un activo de valor en torno a este nuevo medio que redirija esa aparente “pérdida” de audiencia en favor de una nueva audiencia fuertemente monitorizable (y canalizable) radica el éxito de esta segunda etapa. Para ello, algunos canales apuestan por generar aplicaciones propias con la esperanza de que la audiencia redirija la conversación a sus medios. El problema de esta decisión es que obliga a instalar una aplicación nueva, que en muchos casos no está ni tan siquiera a la altura de otras de ámbito generalista, donde acaba por estar el discurso. Si se quiere mejorar en este sentido, un servidor optaría por un híbrido (aplicación propia abierta a canales generalistas, y segmentada por el contenido que en verdad nos interesa) o directamente por enfocar todos los recursos en sistematizar la comunicación en estas redes.
  • El valor de la contextualización: El segundo paso está claro. Ya no se trata únicamente de aumentar la experiencia de usuario, sino de procesar el bidireccionamiento de todo ese montón de información. Y ahí entra la analítica automatizada de Big Data. El conseguir gestionar esos grandes volúmenes de datos, y obtener información útil de cara a mejorar la programación, o enfocarnos más acertadamente al grueso de audiencia que en verdad nos consume. Eso sin olvidar el potencial del tiempo real que nos ofrece. La capacidad de interaccionar con el espectador en el mismo momento en que éste está visualizando el contenido. Por supuesto, en este camino, se incluyen las acciones habituales de los expertos en marketing (señalar influencers, distinguir aquella audiencia interesada en el proceso de compra,…) y otros más estadísticos (análisis semántico para observar las intenciones de la conversación, generación de perfiles “ANÓNIMOS” de audiencia, …).
  • Explotación del Big Data: De nada serviría todo este estudio si los resultados no fueran contrastados y utilizados para mejora del producto. El fin final debería ser la mejora de la experiencia de usuario frente al televisor. El atraer audiencia fiel, interesada en los procesos de compra. Enfocarse en el target, vamos. Y todo esto debería servirnos para obtener las claves que nos permitiera hacerlo. Eso sin olvidar la ética y moralidad que debería ser la Biblia de todos los canales televisivos, y que poco a poco se olvida bajo toneladas y toneladas de mierda televisiva enfocada a la salsa rosa y los titulares impactantes. Porque señores, tienen en sus manos uno de los medios más influentes de la actualidad. En sus manos está crear un mundo más informado,… y menos hanalfabeto.