apagon espanya

Este lunes vivimos un apagón que afectó a millones de personas en España, Portugal y parte del sur de Francia. Durante más de 10 horas, muchas zonas se quedaron completamente a oscuras.

En mi caso, me pilló justo con un viaje a Cádiz para dar una ponencia. Viaje, y ponencia, que no he podido realizar, al serme literalmente imposible llegar al aeropuerto. Pasé desde el medio día hasta la noche intentándolo por varios medios, y al final me tuve que volver al pueblo.

Pero lo más preocupante no fue solo la falta de luz, sino que esa caída arrastró consigo prácticamente todas las comunicaciones. Sin electricidad, la televisión dejó de emitir, las antenas móviles se apagaron y el acceso a Internet desapareció o se redujo drásticamente.

Los únicos que tuvimos una mínima capacidad de informarnos fuimos quienes, como es mi caso, contábamos con una radio a pilas, solar o de manivela (ES), que vale también de powerbank (ES/aunque yo tengo varias en casa, por eso de que viajo bastante). En mi caso, una de esas radios multifunción que recomendé hace poco en la reseña del Kit de Supervivencia, y que hoy cobra aún más sentido (cuánto se rieron de mi por casa por montarme el kit… ¡pues toma!). Solo unas pocas emisoras con sistemas de respaldo pudieron seguir emitiendo durante parte del apagón, y eso marcó la diferencia entre estar completamente a oscuras… o al menos saber que no estabas solo.

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Sin electricidad, nuestro mundo se detiene

Vivimos en una sociedad absolutamente dependiente de la tecnología.

Sin energía eléctrica, todo se paraliza: no solo dejamos de tener luz, también se apagan los servidores, los routers, las antenas, los repetidores, los ordenadores, los móviles, los datacenters… todo.

Lo que este apagón ha demostrado de forma cruda es que hemos construido todo bajo un castillo de naipes.

Es más, yo, viéndolas venir, tiré de dinero que tenía en papel en casa para salir de viaje. Obviamente en estas situaciones el dinero digital vale literalmente cero, al estar inaccesible. Y esperar que puedas pagar con tarjeta en algún lado es también pecar de ingenuo.

Y ya no hablemos del supuesto sistema de alertas que tenemos habilitado en el país. ¿No está precisamente para esto? Pues eso, que ni se le vio aparecer…

Nuestra economía, nuestras relaciones personales y profesionales, el ocio, la sanidad, la seguridad… todo depende de una red invisible que damos por sentada: la electricidad y la conectividad.

Durante el corte, no se podía llamar por teléfono en muchas zonas (como era en nuestro caso).

Ni siquiera al 112.

Y esto es gravísimo.

Los servicios de emergencia, al igual que el resto de ciudadanos, estaban operando a ciegas.

Algunas comunidades tuvieron que enrutar las llamadas a centros de respaldo de otras zonas, como ya ocurrió en crisis anteriores como la DANA o Filomena. Pero hasta que eso se activó, hubo un tiempo precioso en el que nadie sabía nada.

Causas del apagón: hipótesis, no certezas

Durante las horas posteriores al incidente me contactaron desde varias televisiones (Telecinco, Cuatro, Trece), interesados en conocer mi opinión sobre las causas.

Y la única respuesta honesta que les di, es que, en esos momentos era: no lo sabemos.

Podrían ser muchas cosas, y hasta que no haya un análisis técnico riguroso, todo lo demás es pura especulación.

Eso sí, hay tres grandes escenarios posibles:

Accidente o fenómeno natural

No sería la primera vez.

Incendios, inundaciones, nevadas, incluso erupciones volcánicas, como la del volcán de La Palma, han afectado infraestructuras críticas.

En estos casos, el daño suele ser más localizado, porque se trata de cortes provocados por fenómenos externos que dañan físicamente una parte del sistema.

Pero si ese daño toca una zona estratégica, puede tener un impacto mucho mayor.

Por ejemplo, en la DANA, uno de los mayores retos fue asegurar la continuidad del servicio del 112 ante la saturación de llamadas.

Tuvieron que reenrutar tráfico a centros de respaldo para mantener la operatividad.

Estos días hemos oído que se pudo producir por una «vibración atomosférica inducida« (EN), un extraño fenómeno producido por variaciones extremas de temperatura en el interior de la Península.

Otros apuntan a una especie de «saltar los plomos» pero a gran escala, con una subida repentina de la tensión que hizo que todo el sistema se colapsara. Y es que, recordemos, aunque muchos se llenan la boca pidiendo que dependamos AÚN MÁS de las renovables (en España el pool eléctrico está ya mayoritariamente dominado por energía solar y eólica), precisamente esa dependencia de este tipo de productores de energía es lo que, potencialmente, nos ha llevado a esta situación (ES).

Eso, y que recordemos que la península, con Portugal incluida, operan como una isla energética, estando apenas conectadas al resto de los sistemas eléctricos de países vecinos (Francia y Marruecos).

Ya se había avisado en su día que algo así potencialmente podría llegar a ocurrir, y parece que al final ocurrió.

Error humano o fallo informático

También plausible.

Acordaros si no cuando aquel certificado digital expirado provocó una caída de parte de la red de telecomunicaciones en Reino Unido (ES).

Un simple olvido de renovación, en el contexto de sistemas interdependientes, puede hacer caer un nodo crítico de la red.

Y si ese nodo es uno de los que da servicio a miles de puntos, el efecto dominó está servido.

Ciberataque a infraestructuras críticas

No sería ninguna sorpresa.

El sistema financiero SWIFT, por ejemplo, ha sido víctima de múltiples ataques que interrumpieron transacciones internacionales.

El caso más conocido en infraestructuras energéticas es STUXNET, el primer ciberataque documentado diseñado específicamente para dañar una central nuclear. Fue un ataque de tipo APT (Amenaza Persistente Avanzada), vinculado a intereses de Estado.

En las últimas semanas, además, se ha registrado un repunte de ciberataques a centrales eléctricas mediante ransomware. Por ahora no hay confirmación de que este haya sido el caso en la península ibérica, pero tampoco podemos descartarlo.

Y podría llegar a encajar con la idea de esa supuesta «bajada de plomos», como si de un DDoS se tratase, pero en vez de con datos, con tensión eléctrica (o haciéndole pensar al sistema que había tal).

La caída de internet en cifras

Para entender la magnitud del apagón desde el punto de vista digital, basta con mirar los datos de tráfico recogidos por los principales puntos de intercambio de Internet en España.

DE-CIX Madrid (ES), uno de los más relevantes, muestra que el tráfico medio suele estar en torno a los 700 gigabits por segundo, con picos que superan los 1,4 terabits por segundo.

Durante el apagón, ese tráfico se desplomó a mínimos históricos. Lo mismo ocurrió con el gráfico en tiempo real de ESpanix, otro IXP clave: de 1,4 terabits por segundo, caímos por debajo de los 0,2.

Este descenso no tiene precedentes recientes. Incluso durante el confinamiento de la pandemia en 2020, lo que ocurrió fue justo lo contrario: el tráfico se disparó más de un 40%.

La desinformación, el segundo gran riesgo

El otro gran problema cuando caen los sistemas de comunicación es la desinformación.

En ausencia de información oficial, los rumores se multiplican. Cadenas de WhatsApp, bulos en Telegram, especulaciones sin confirmar en X (Twitter)… Y sin posibilidad de verificar nada, la gente reacciona con miedo.

Como comentaba por un grupo que tenemos en telegram al día siguiente, si no hubiera sido por la radio fácilmente el sistema social hubiera colapsado en apenas unas horas, con hurtos y gente asustada por la calle haciendo de todo.

Eso se traduce en imágenes como las que vimos en algunos barrios: supermercados vaciados, tiendas de chinos arrasadas buscando velas, pilas, alimentos no perecederos.

Pánico irracional, fomentado por una ausencia total de fuentes oficiales fiables.

Y en estos escenarios, una ciudadanía mal informada es tan peligrosa como el propio incidente.

Si te soy sincero, de hecho, me daba más miedo esto que el que pudiera ser el hecho en sí de estar incomunicados.

¿Estamos preparados para lo que viene?

Ya sabes la respuesta: no.

Y este apagón lo ha dejado claro.

No tenemos planes de contingencia reales a nivel ciudadano.

Pocas familias tienen generadores, o radios de emergencia, o conocimientos básicos de autoprotección en escenarios de blackout total. Y esto debería cambiar.

Como sociedad, necesitamos invertir en resiliencia. Y eso pasa por:

  • Redundar mejor nuestras infraestructuras críticas, con especial foco en centros de datos, telecomunicaciones y servicios de emergencia.
  • Reforzar los planes de contingencia de las administraciones públicas.
  • Crear canales de comunicación de emergencia capaces de funcionar incluso sin electricidad (como las radios de onda corta).
  • Concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de tener un kit básico de supervivencia en casa.

La lección del apagón: menos complacencia, más prevención

Sinceramente, no importa tanto qué causó este apagón, aunque eventualmente lo sabremos.

Lo importante es que ha puesto en evidencia algo que llevamos tiempo ignorando: lo frágil que es todo.

Nuestra sociedad vive conectada, y eso es un gran avance. Pero también nos hace extremadamente vulnerables. Y basta una chispa, un error, una línea caída, para dejarnos completamente a oscuras. Literal y metafóricamente.

Ojalá este apagón sirva como punto de inflexión.

Para empresas, para gobiernos, para ciudadanos.

Porque la próxima vez puede durar más, afectar más y no pillarnos tan de sorpresa.

Y si quieres un consejo práctico, empieza por algo tan sencillo como hacerte con una buena radio solar, a pilas o de manivela (ES). Es la compra más barata y útil que puedes hacer para empezar a prepararte.

Porque la tecnología está muy bien.

Pero la prevención lo está aún más.

https://www.youtube.com/shorts/MocYv6qQZxE
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