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Negocios Seguros

Cookies Google

Lo he repetido hasta la saciedad, pero no me importa volver a hacerlo.

Apple se ha posicionado como la defensora de la privacidad del usuario sencilla y llanamente porque puede.

Porque su negocio no depende del tráfico de datos (al menos no hasta ahora), sino de la venta de hardware. Casi tres cuartas partes de su negocio vienen dadas por esto.

¿Y a que no sabes quién depende excesivamente del negocio publicitario?

Pues sí. Google y Facebook, esto es, sus dos principales competidores. En torno al 85% la primera, prácticamente el 100% la segunda.

A la vista de esta situación la estrategia de Apple es de cajón: Me posiciono como garante de la privacidad de mis usuarios, y de una sentada mantengo contenta a Europa y además daño la reputación (y el negocio) de mi competencia.

Y esto mismo está haciendo con el cambio en la App Store que trae por la calle de la amargura a Facebook y Google.

En la WWDC del año pasado ya anunciaron que a principios de 2021 los permisos de rastreo entre apps tendrán que ser permitidos expresamente por el usuario.

Esto quiere decir que, por ejemplo, Google Maps no puede compartir datos con GMail.

O que Facebook no puede hacer lo propio con WhatsApp.

Apple contra Facebook (y Google)

Un marrón, por supuesto, para un negocio que se basa precisamente en eso, en que utilicemos muy mucho todos esos servicios «gratuitos» e increíblemente bien diseñados a cambio de que sus algoritmos nos conozcan cada vez mejor, y con ello lanzarnos publicidad mejor optimizada.

Con App Tracking Transparency (EN), o ATT por sus siglas, esto en iOS deja de poder hacerse.

Actualmente los datos de una app de Google pueden ser enviados a otra app de Google o a terceros. De este modo Google o Facebook entre otros pueden tener un historial de uso de los usuarios para así ofrecer anuncios más personalizados y certeros. Con ATT esto ya no será posible, a no ser que el usuario lo permita.

Una vez entre en vigor el cambio, aparecerá un mensaje de aviso al usuario cuando una app intente enviar datos a otra. El mensaje será algo por el estilo «X app quiere rastrearte entre diferentes apps y páginas web propiedad de otras compañías. Tus datos serán usados para ofrecerte anuncios más personalizados para ti.» El usuario podrá ahí escoger si permite el rastreo o pedirle a la app que no lo rastree.

Si el usuario escoge se rastreado todo sigue como hasta ahora, de escoger lo contrario esencialmente los datos del usuario se quedan en el dispositivo y en la app en concreto, sin que la empresa de turno pueda hacer uso de ellos para otros propósitos. Una especie de «bloqueo de cookies» entre apps.

Sobra decir que a Facebook le ha tardado cero como para levantar una campaña mediática con lo malos malísimos que son los de Cupertino. Que debido a ellos, muchos medios de comunicación, que viven de la publicidad, van a ver desaparecer su trabajo.

Vamos, la típica. Que un niño en mozambique se va a quedar sin comer debido al dichoso ATT.

Por detrás, por supuesto, lo que hay es un miedo atroz a enfrentarse a un escenario en el que cada vez más los usuarios exigen garantías de privacidad.

Entre eso y que a partir de dentro de poco las empresas estadounidenses lo van a tener más difícil para transferir datos entre la UE y USA (el Privacy Shield firmado en 2019 deja de tener vigor en unos meses), junto con la paulatina erradicación (legal) del paradigma de cookies en la web abierta, la situación de Facebook se complica, y sin embargo la de Google parece asegurada.

Y es que los chicos de california ya están haciendo pruebas con FLoC, Federated Learning of Cohorts, que podría acabar siendo «las cookies del futuro» (EN).

¿Que cómo funcionan?

Pues evitando tecnicismos, básicamente lo que tenemos es que frente a una cookie, que no deja de ser un archivo en nuestro ordenador que nos identifica, con FLoC lo que se genera son patrones de afinidad entre visitantes alojados en los servidores de Google.

Es decir, que si FLoC acaba siendo el estándar, Google (o quien lo utilice) no tendrá acceso a un archivo local que dice que somos Pepito con tal IP y tal historial de búsqueda, sino más bien que pertenecemos a un colectivo de entre tantos y tantos años a los que les gusta tal cosa.

Nada se guarda en local, y además lo que se guarda (a priori) no es per sé identificativo de la persona, ergo bypasea la RGPD.

De hecho muchos admin ya hemos empezado a ver cómo si te creas una cuenta con Google Analytics ahora ya no se genera el identificador tradicional (esa pieza de código que teníamos que colocar en el header de la web), sino el nuevo identificador basado en eventos (doy click aquí, he hecho scroll hasta tal punto…) muy parecido al Tag Manager (y compatible de hecho con él).

Esto es lo que diferencia un negocio montado por doctores (Google) de uno montado por adolescentes condescendientes (Facebook).

  • Para cuando la nueva regulación europea entre en vigor, me atrevería a decir que a Google ya ni le va a importar (habrán generado la tecnología suficiente para seguir operando como hasta ahora pero manteniendo el anonimato que requiere la UE).
  • Otro gallo cantará en las oficinas de Facebook, que si siguen en pie es por simple despotismo en el país y sociedad que les ha ayudado a crecer.

Un despotismo hacia la privacidad que parece que poco a poco va perdiendo fuerza en favor de legislaciones (y peticiones incluso desde dentro de la propia empresa (EN)) cada vez más sensibles con este tema.

Interesante batalla nos queda por ver de aquí en adelante :).

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