Educación basada en las TIC

Artículo publicado en exclusiva para los miembros de la Comunidad de Nuevas tecnologías y Seguridad de la Información de PabloYglesias (ES) el día 9 de Febrero de 2014, y volcado a la web dos semanas después, donde quedará como un archivo permanente ajeno al contenido del blog.

Formación-TIC

Inauguro por tanto este espacio tal y como definimos en su momento, con un artículo más elaborado de los que suelo publicar en el blog, y enfocado a varios puntos que creo oportuno señalar de lo que debería acabar siendo la educación en un mundo gestionado de forma digital.

Hablo por tanto desde mi humilde opinión, contrastándolo con las opiniones de diferentes autores referenciados al final del artículo, y con el fin de sentar las bases de lo que a tendencias se refiere en cuanto a enseñanza. Seguramente parte de lo aquí expuesto no se llegue a desarrollar finalmente, pero entonces podremos alegrarnos porque un sector tan importante como es la educación quizás haya encontrado la manera de evolucionar más acertadamente.

Situación actual

Como alumno que soy (y espero seguir siéndolo por mucho tiempo) de enseñanzas universitarias, y partiendo que en mi trayectoria educativa he tocado bastantes palos (humanistas, técnicos, bachiller, FP, universidad, post-universidad), me encuentro como seguramente la mayoría de estudiantes en un crisma de absoluta desconexión con la realidad que vivimos fuera. Incluso en un máster de ingeniería como es el de Informática de la UCM, me sorprende ver que aún en nuestros días, seguimos manteniendo un sistema educativo basado en el elemento de autoridad, en los controles, y por tanto, en el aprendizaje centrado en obtener resultados temporales específicos. Tres elementos que no hacen más que menospreciar el valor que podría otorgar una universidad a un futuro profesional, inculcándole ya desde pequeño el acatar las normas y ofrecerle el contenido que debe consumir para aprobar un examen.

Entiendo que cambiar esto es complicado, ya que exige aún más a una profesión tan infravalorada (al menos en nuestro país) como es la de profesor, los cuales tienen un apoyo mínimo o nulo para afrontar las clases desde el punto de vista deductivo del alumno, integrando al cliente (si lo queremos llamar así) en la cadena de producción de la enseñanza, y no como un simple observador.

Esto ya era duro hace 9 años (¡dios mío, ya hace tanto!) cuando un servidor estudiaba la superior de telecomunicaciones, se fue agravando en los estudios de BBAA (los cuales sigo sin ver dentro de una disciplina universitaria tal y como actualmente se concibe la universidad) hasta llegar al colmo en los ciclos post universitarios (estando a día de hoy inmerso en dos másteres, uno presencial y otro online, en dos universidades distintas).

¿De verdad podemos esperar que el alumno, sea el grado y disciplina que sea, se aprenda de memoria datos que están a tan solo un click de distancia? ¿No aportaríamos más valor al estudiante si le otorgáramos las herramientas para gestionar y buscar esa información? ¿Podemos concebir en nuestros días un sistema educativo egocéntrico ajeno a toda la revolución informativa que ocurre en el exterior? Muy señor mío, ya saben la respuesta a todas estas preguntas.

Apostando (correctamente) por las nuevas tecnologías

educacion-tecnologica

Y fíjese que digo correctamente. De nada nos sirve implantar una pizarra digital en cada aula. Es absurdo si se va a usar de la forma que se usa la pizarra de toda la vida. Es más cara, acabará por estropearse, y no ofrece mejor experiencia para un uso tradicional.

Sin embargo, ¿qué hay de todos estos teléfonos móviles, tablets y portátiles que los alumnos traen de casa? ¿Acaso estos dispositivos no ofrecen un canal más intuitivo y cercano? Tenemos en nuestra mano las mejores herramientas para crear la sinergia necesaria para el aprendizaje, y no las utilizamos. Es más, se prohíben en muchos casos.

Existe un miedo atroz a las nuevas tecnologías, a la conectividad. Copiar está mal, pero buscar información es un gesto común en cualquier trabajo, es un gesto necesario para prosperar como profesional.

¿Digo con esto que los libros ya no son necesarios? Por supuesto que no, pero éstos deberían servir de apoyo a lo verdaderamente importante: Educar al estudiante en la forma más productiva de recopilar información, de procesarla. Generar una conciencia sana y crítica ante los estímulos informativos que lo van a asolar en el día a día. Aprovechar los canales que ellos (nosotros) usamos para que la educación no sea vista como un universo paralelo. Apoyarse en el inestimable valor de la gamificación, del medio digital. La educación debería ser algo entretenido, y no una obligación.

¿Cultivar y entrenar la memoria se ha quedado atrás en el tiempo? No, y sigue siendo el pan nuestro de cada día (no me imagino un futuro en el que un cirujano tenga que consultar Google para saber qué vena está tocando). Eso no dista que ese futuro cirujano haya entrenado por igual su capacidad de búsqueda, su propia crítica, porque seguramente en su carrera profesional, tenga que consultar información (ya ni hablemos en su vida).

Internet está aquí hoy, y posiblemente mañana. Y sino es internet, será otra cosa (más diversificada, menos controlada, espero). La red se ha vuelto una extrapolación de nuestra memoria. Los propios procesos de recuerdo están siendo cambiados por un sistema externo más eficiente, más exacto. Tiene sus peligros (dudosa atemporalidad, masificación de información,…) y creo que es ahí donde debería entrar el papel de la educación. La sociedad evoluciona tan sumamente rápido, que el mejor método de mantener el conocimiento no es enseñándolo, sino generando en el alumno sus propias herramientas para gestionarlo.

Frente al sistema autoritario y basado en controles, un servidor propone su antítesis: un sistema educativo basado en la gestión de datos, y la figura del profesor como mentor, dirigiendo correctamente la carrera del alumno, asesorándolo, apoyándose en trabajos y canales conocidos por quien tiene delante (wikis, redes sociales,…). La idea final es que esa persona sea capaz de labrarse su propio futuro, sea capaz de afrontar los problemas que le van a surgir. Motivar la creatividad, el fallar y levantarse para volver a intentarlo.

La economía del conocimiento

En aquella reciente serie de artículos sobre El fantasma del emprendimiento, ya daba algunos apuntes al respecto: se está generando en nuestros días una brecha entre las personas que son capaces de entender la tecnología (de usar las herramientas)  y aquellas que no están aún preparadas. Una brecha que repercute en la propia clase media, dividiéndose paulatinamente en dos, una superior (económicamente hablando) que encuentra solución a las limitaciones de la crisis, y otra abocada a unos trabajos manuales que poco a poco empiezan a ser usurpados por la tecnología.

Y esto es grave, ya que repercute en la propia sociedad como en su día repercutieron las condiciones ambientales o el acceso y explotación de recursos naturales. La labor de la educación debería ser por tanto formar a los estudiantes en las disciplinas que les permitieran prosperar como sociedad. Disciplinas que no entienden de sesgos ni sectores, pero que nos guste o no, beben directamente de la tecnología.

La economía del conocimiento, un término que creo bastante acertado para definir esta disciplina, obedece a un presente/futuro que nosotros mismos hemos creado, abstrayendo el contenido del contenedor, la mano de la acción, hacia algo más sofisticado. Ya no se trata de saber hacerlo, sino de encontrar la solución. De actualizarse o morir, de hablar el mismo idioma.

Por supuesto, para esto no es necesario que toda la sociedad sepa programar. No me malinterprete: la programación en sí misma es una herramienta para obtener un fin, que puede o no ser interesante para el alumno. Pero lo verdaderamente interesante es la filosofía detrás de la programación: el encontrar solución a problemas. El usar las herramientas como herramientas, de la manera más efectiva.

Extrapole esto al resto de carreras (historia, BBAA, empresariales, ingenierías,…), y tendremos algo mucho más grande, algo realista.

El germen de la revolución educativa

Tan pronto seamos capaces de concebir una educación reglada adaptada a las necesidades sociales, estaremos en la potestad de superar esa brecha que nosotros mismos nos hemos marcado.

Una revolución que debe empezar (lamentablemente) con el compromiso de los profesores, explotados hasta la saciedad en una industria muy maltratada económicamente. Esto obliga a que la figura del profesor sea remodelada, y exige que estos sean máster de las herramientas de gestión de datos de la actualidad.

Es chocante llegados a este punto el número (cada vez menor, quiero pensar) de docentes universitarios no actualizados, incapaces de comprender el funcionamiento actual de su propio sector. Algo que debe ser erradicado desde la cúspide de la pirámide, bien sea incentivando la auto actualización, bien sea motivando en el factor social tan importante de una carrera como es esta.

Teniendo un equipo multidisciplinar, capaz de gestionar acertadamente las nuevas tecnologías, tarde o temprano surgirá la necesidad interna de aplicar dichos conocimientos en el alumnado. Ocurrirá de forma aislada, y en algunos casos se apagará por la presión de la jerarquía o el miedo al cambio. Pero en otros prosperará, ganando adeptos.

¿Y recuerda que está pasando en la propia clase media? Unos pocos, profundamente motivados, con las herramientas necesarias, son capaces de arrollar al resto, instaurando un nuevo sistema que forme correctamente al alumnado. Alumnado que en apenas unas décadas será el dueño del mundo, cambiando para siempre la gestión de la información que hemos recopilado durante siglos de historia.

Nuevo horizonte

No quería termina este artículo sin señalar los puntos candentes del informe Horizon Report 20014 (EN). Un informe a mi gusto demasiado conservacionista, pero que entiendo funciona muy bien para fomentar el cambio en las altas esferas (esas que suelen ser contrarias al mismo).

  • A corto plazo: Educación apoyada en el social media y la virtualización del aula. Algo que estamos viviendo en mayor o menor medida (y mayor o menor acierto), y que es necesario si queremos que la universidad siga teniendo sentido frente a iniciativas mucho más contemporáneas como los MOOCs.
  • A medio plazo: Estudiante como creador. Creo que sobran las palabras. La figura del estudiantes como creador de contenido, y la del profesor como compañero de viaje, asesor. Cualquier otra filosofía remará a contracorriente, y previsiblemente, formará profesionales abocados al fracaso.
  • A largo plazo: Maduración del aprendizaje online. Ni este debería desplazar al presencial, ni viceversa. Es la unión de los dos lo que debería dar como resultado un sistema educativo motivador y fuertemente ligado con las necesidades sociales.

Referencias

Para realizar comentarios de este estudio, por favor, diríjase a la página habilitada para tal fin ¡Muchas gracias!

 

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