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Ontología de la lectura digital frente al papel

Quería dedicar este segundo Especial Suscriptores a un tema que personalmente me interesa sobremanera: la evolución en los hábitos de lectura y cómo las nuevas tecnologías están afectando al desarrollo cognitivo del ser humano.

En este artículo por tanto, hablaremos del papel del papel en la era de la información. Sobre las características (y deficiencias) de toda esa nueva oleada de medios digitales. Sobre técnicas de lectura y por supuesto, de cómo esto está cambiando para siempre el modelo de entendimiento y comprensión humano.

A lo largo del artículo haré mención a entradas, tanto externas como internas, con el fin de ampliar alguno de los puntos tratados. Una estructura que ya adelanto nos brindan los nuevos medios, y que ofrece una lectura en capas que tiene sus pros y sus contras.

Empecemos.

Los medios digitales y la lectura

Podemos incluir dentro de estos todo aquel soporte que bebe directamente de la tecnología. Para llegar a ellos, tuvieron que masificarse elementos tan habituales hoy en día como son las pantallas y los microprocesadores, por lo que frente a los medios clásicos, los medios digitales llevan con nosotros menos de medio siglo.

En la actualidad, y gracias a la democratización del hardware y a la sofisticación del software, se ha llegado al punto en el que según para qué uso, el medio digital está trasladando al papel. Como ya comentaba en el artículo Tipos de medios digitales, considero oportuno dividir esta familia en dos, ebooks y revistas digitales.

  • El primero es sencillo de definir. Compete a todos aquellos formatos digitales que evolucionan de la figura del libro físico. Se pueden leer en cualquier pantalla, pero sin duda cuentan con un beneficio extra cuando se utiliza un lector de ebooks con pantalla de tinta electrónica. Si nunca ha probado uno, se lo recomendaría. La experiencia final es semejante a la lectura de un libro de pasta, con la ventaja del peso, la capacidad (un mismo lector puede tener cientos de libros) y la personalización propia del mundo digital (anotaciones, tamaño dinámico de letra, enlaces que nos llevan a diferentes capítulos,…). Sin embargo cuenta con una desventaja a considerar, y es que a grandes rasgos, se pierde el control del medio (aunque la mayoría cuenta con la numeración de página, el discurso que ofrece un libro físico, en el que puedes sentir cuántas páginas te faltan, en el que puedes disfrutar de la experiencia del tacto de la hoja y la narrativa que el autor quiso dejar palpable en el diseño del mismo, se pierden). Añadiría además una curiosidad que me resulta difícil encajar entre beneficio o perjuicio para el lector, y es la monitorización de hábitos de consumo en los ebooks, implementado hace relativamente poco por compañías de la talla de Scribd (EN) y Oyster (EN), y que apuntan a una futura estandarización. Y digo que me resulta complejo señalar si es beneficio o perjuicio porque por un lado atenta hasta cierto punto contra la privacidad del lector (recogida indiscriminada de datos referentes al horario de lectura, tiempo que se pasa en cada capítulo, lugares de abandono,…), y por otro, ofrece un sistema de medición realmente importante para el autor, que puede modificar aquellas partes más flojas del producto o aplicar ese conocimiento para futuros volúmenes.
  • Sobre el segundo (revistas digitales), englobaría todo ese grupo de lecturas que por lo general asociamos a la información. Desde manuales hasta blogs, pasando por apps sectoriales y medios de comunicación al uso. Igual que en el punto anterior tengo mis dudas sobre por cuál decidirme, en este otro los beneficios superan con creces las restricciones. Dos principales valores a favor de las revistas digitales son la capacidad de producir publicaciones enriquecidas (aquellas en las que el diseño ofrece en sí mismo un pilar esencial de la lectura que invita al lector a dejar de ser un mero espectador e interaccionar con el medio, generando esa complicidad heredada de los juegos como es la inmersión), y la evolución temporal a las que pueden estar sujetas (al ser el medio digital un medio no restringido al momento de publicación, los artículos pueden corregirse, añadiendo o quitando parte conforme el mismo evolucione en el tiempo). Dos valores que se ven ligeramente enturbiados por quizás la principal desventaja del medio digital.

Hábitos de lectura

Hechas las presentaciones, hablamos ahora de cómo los diferentes medios están modificando los hábitos de lectura, y por lo tanto, la forma de recogida de conocimiento de nuestra especie.

Para comprender el cómo ha evolucionado en los últimos años la lectura hay que pararse a pensar en todos y cada uno de los ámbitos sociológicos en los que la humanidad está actualmente envuelta. Vivimos a un ritmo muy superior a la forma de vivir de hace apenas un siglo. Desde el trajín diario, pasando por los trayectos al trabajo/clase, la velocidad con la que aparecen y desaparecen las tendencias, la publicidad a la que estamos sometidos,… Un conjunto casi infinito de estímulos que restan tiempo y esfuerzo a una acción que históricamente requiere de ello.

Con el auge de internet, la proliferación de las pequeñas pantallas y el mundo móvil, la desaparición de la inmersión por el disfrute de información en cualquier lugar, hace que nuestros hábitos se moldeen.

Paradógicamente, estamos siendo bombardeados continuamente con datos, y cada vez retenemos menos. Y ello se debe principalmente a que ya no es tan necesario como antes. Desde el punto de vista evolutivo, estamos en el proceso de delegar la función de almacenaje informativo en las nuevas tecnologías.

Ya apenas recordamos unos pocos números de teléfono, y seguramente los que recordemos sea porque fueron aprendidos cuando los smartphones aún no existían. Tampoco vemos conveniente estar al tanto de nuestra agenda. Para eso están las agendas electrónicas, que para colmo nos notificarán cuando haga falta. Si antes teníamos los diarios personales como recopilatorio de experiencias, ahora tenemos los blogs y vlogs, liberando esa información al público, y siendo por tanto accesibles en cualquier momento, allí donde lo necesitemos.

La lectura se vuelve entonces circunstancial. Una herramienta para obtener en el momento lo que buscamos. Si queremos recurrir a ello más adelante, lo marcamos como favorito o lo enviamos a algún servicio de almacenaje. Los archivos se modifican continuamente. Pierden y adquieren valor según el contexto, lo que nos permite focalizar los recursos capacitivos propios en aquello que de verdad es necesario para el presente.

Spritz

Un ejemplo reciente de ello es el súbito interés que supuso el spritzing, una forma de consumir información digital ahorrando hasta un 80% de tiempo. La técnica se basa así mismo en el bombardeo de palabras, siempre centradas en un mismo eje, de tal forma que el ojo no tiene que hacer la labor de buscarlas. El resultado final (ajustando la velocidad a la comprensión y aprendizaje del usuario) es una lectura que se amolda al contexto (forma de vida actual) a cambio de prescindir del medio (pérdida absoluta de control). Una técnica enfocada en obtener el beneficio inmediato aprovechando las restricciones del soporte (por ejemplo, el smartphone o un reloj inteligente) y destinada por tanto a un uso puramente productivo y limitado.

Encontramos entonces una dualidad entre aquella lectura que hacemos para recoger información y aquella que hacemos por placer. Respecto a esta última, queda patente que una técnica como el spritzing carece de valor alguno. En la lectura de un libro por lo general lo importante es la propia lectura, y no la optimización de sus recursos. Algo que rema en contra de toda esa filosofía del inmediatismo en la que estamos envueltos.

La lectura digital ha cambiado para siempre el modelo de lectura tradicional. Ventajas estratégicas como el uso de hiperenlaces  y narrativa transmedia en artículos, el formateo con negritas o cursivas incluido en el texto, y la sobreexplotación informativa de la web (banners, botones de redes sociales, artículos que podrían interesarle,…) nos han llevado a una lectura tangencial, enfocada a la búsqueda de palabras clave y por tanto, dirigida más hacia lo primero que hacia lo segundo. Maryanne Wolf, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Tufts, hablaba precisamente de ello con las siguientes palabras:

Me preocupa que la superficialidad con la que leemos durante el día nos afecte cuando tengamos que leer con un mayor procesamiento y en profundidad.

Un servidor, estando como está íntimamente relacionado con el sistema educativo universitario, lo ha vivido en sus propias carnes. El por qué de la necesidad de retener conocimientos cuando esos conocimientos están al alcance de una simple petición (fíjese que ni tan siquiera al alcance de un click) ¿Podemos considerar como más legítimo aquello escrito por una única persona en un medio tradicional inalterable como es un libro que aquello otro escrito en un medio capaz de auto-editarse como puede ser la Wikipedia, sujeta a la moderación de millones de ojos?

La feroz evolución que está sufriendo nuestro cerebro hacia lo digital hace peligrar el placer de la lectura. Comprendemos mejor si leemos de papel, ya que asociamos este medio a la lectura en profundidad, lineal, al igual que interiorizamos mejor lo que escribimos a mano que lo que escribimos con teclado. Y sin embargo, el soporte digital ofrece más garantía de exactitud, más especialización, mayor evolución, aspectos que sin duda son determinantes para la validez informativa. También estamos desplazando la memoria enciclopédica, esa que nos permite almacenar información. Externalizamos este proceso en la tecnología, lo que nos permite centrarnos en labores de más alto nivel (cruce de datos, procesamiento), lo que favorece sobremanera cualidades como la innovación y la creatividad.

La imagen final es confusa, y apunta a un futuro en el que el papel perdure para según qué contexto (narrativa, placer, perpetuidad) y lo digital se haga con el control del resto (informativo, contextual, evolutivo). Una situación que obligará a nuestro cerebro a adaptarse, a pensar de las dos maneras simultáneamente. La llamada bi-alfabetización: un cerebro digital, capaz de realizar búsquedas por palabra clave en textos, a la vez de disfrutar de una lectura sin distracciones.

Referencias

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