Biotecnología aplicada a la monitorización de individuos

Hace ya casi seis días que me cambié de ciudad (sí, prometo artículo en cuanto me ponga al día con todo el trajín). Puesto que la operativa de las empresas suministradoras de red de este país funciona como funciona, sigo y seguiré seguramente otras dos semanas sin acceso a internet.

microbios

Utilizo por tanto el tethering del móvil, que desde hace tiempo (al día siguiente de venirme) cubrió el límite de ancho de banda, imponiéndome una limitación artificial al servicio que me hace recordar esas primeras conexiones de 56k y la pelea constante en casa por quien podía usar el teléfono en cada momento (o llamabas, o navegabas).

Además, aún no he dado mi dirección a casi nadie (a la operadora únicamente, de hecho), y puesto que soy un maniático de la seguridad y me gusta realizar conexiones vía túnel VPN, se podría decir que en estos momentos son pocas las empresas u organismos que pueden situarme en un mapa.

Sin embargo, y aquí viene la razón de este artículo, he dejado, me guste o no, pruebas de mi dirección que podrían ser relativamente sencillas de rastrear por el equipo de Home Microbiome (EN), que recientemente presentaba un caso de estudio tan interesante como espeluznante.

Resulta que junto a nosotros siempre viajan miles de microbios. Diminutos seres que en su conjunto, permiten establecer patrones que para colmo son únicos en cada persona o familia.

Si esto lo unimos a que estos seres son capaces de colonizar un nuevo emplazamiento (por ejemplo una casa o ese banco del parque que tanto le gusta) en apenas unas horas, y a un poco de mala uva, tenemos el caldo de cultivo perfecto (nunca mejor dicho) para una herramienta de monitorización masiva.

Bastaría aislar el conjunto de microbios que acompañan al individuo, establecer los patrones de unificación de los mismos, que dibujan un patrón único para cada uno de nosotros, y escanearlo en todo aquel lugar que se prestara en ello.

Hablamos de una técnica no invasiva (la víctima no interfiere en el proceso), inalterable (por mucho que nos pese, parece que resulta prácticamente imposible borrar este rastro o modificarlo) e independiente (no requiere de un ecosistema específico como pasa con la monitorización digital o la vigilancia de un edificio), con una aplicación práctica clara: control ciudadano, espionaje gubernamental/empresarial.

Y rizando el rizo, se me ocurre que también podríamos a estar ante una herramienta profundamente interesante para la identificación personal, que peca de uno de los mismos problemas que el resto de sistemas biométricos (necesidad de un sistema lector de baja probabilidad de fallo, lo que suele aumentar considerablemente su precio) pero resuelve otro (difícilmente deberían poder robarte tus microbios), lo que podría transformarlo en una alternativa como verificador en dos pasos.

¿Saldrá adelante? Para que así fuera, habría que ver el verdadero interés que tiene en el mercado, y no me refiero precisamente al mercado de consumo. El estudio es presentado como investigación, y ha demostrado su valía con siete familias de Estados Unidos que se prestaron al mismo (cuatro vivían tranquilamente en sus casas, tres estaban a punto de mudarse).

Entre los datos recogidos, figura el número de miembros de la unidad familiar y la relación que hay entre ellos, así como sus hábitos dentro del domicilio, lo que nos adelanta algunas de las aplicaciones prácticas que podría tener.

No habla (o al menos un servidor no ha encontrado constancia) del tiempo necesario para analizar este volumen de datos, pero si estamos hablando de tiempo real o de unos cuantos segundos (cosa que entiendo podría ser algo plausible con algún sensor que analizara el entorno y un software que encontrara patrones en el mismo), la cosa se pone interesante.

Da igual las medias de seguridad que tome en el tercer entorno, que por el simple hecho de vivir ya está entregando datos a quien le interese. Y no puede hacer nada para remediarlo, que es lo peor.