Lo he comentado en múltiples ocasiones estos últimos años.

La comunicación digital ha pasado de ser un lujo a convertirse en el pilar central de nuestra sociabilidad. Hoy no solo hablamos con amigos o familiares a través de la red: trabajamos, negociamos y hasta construimos identidades sociales basadas en plataformas de mensajería y redes sociales.

Y en este contexto, el lanzamiento de Bitchat (EN), la nueva apuesta de Jack Dorsey —sí, el mismo que fundó Twitter—, merece una reflexión MUY seria.

Porque lo que plantea Bitchat no es un simple “nuevo rival de WhatsApp” (de hecho, y como veremos, no considero que se pueda considerar, tan siquiera, competencia), sino un experimento radical: comunicación sin internet, sin servidores y sin intermediarios.

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Tal y cual y como lo oyes.

Un regreso a lo más puro de la descentralización tecnológica, con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

Así pues, a lo largo de este nuevo episodio del podcast enCLAVE DIGITAL, responderemos a tres preguntas clave:

  1. ¿Qué hace diferente a Bitchat frente a WhatsApp, Signal o Telegram?
  2. ¿En qué escenarios puede tener sentido una propuesta así y por qué puede quedarse en anecdótica?
  3. ¿Y qué futuro le espera a este tipo de sociabilidad digital radicalmente descentralizada?

¡Comencemos!

bitchat mensajeria descentralizada

Pero antes de continuar, te quería recordar que publico un episodio del podcast todas las semanas, y que además acompaño cada artículo que publico en mis webs con un reel/short/tiktok de menos de un minuto en el que resumo su contenido.

Vamos, que no puedo ponerte más fácil el que estés bien informado, con contenido muy documentado sobre nuevas tecnologías, seguridad de la información y negocios digitales.

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Recuerda que esta es la única manera de que tú sigas siendo quien controla la información que consumes.

En tu mano está decidir si quieres o no estar bien informado.

¿Qué propone realmente Bitchat?

Pero empecemos por el principio.

Lo primero es entender en qué consiste la propuesta de Btichat.

Pues bien…

Bitchat es una app de mensajería instantánea que no necesita internet. No hay servidores, ni registros de usuario, ni número de teléfono, ni correo electrónico.

¿Es esto posible?

Pues sí.

¿Y cómo te comunicas entonces con otros usuarios?

Pues la magia está en un protocolo tan conocido, y que todos los móviles tienen, como es el Bluetooth.

Te explico.

La app crea una red de malla (mesh), semejante a la que, por ejemplo, usaba un servidor hace años para dar cobertura a toda la antigua casa desde una conexión, de aquella, 4G, pero en Bluetooth, donde los mensajes saltan de un dispositivo a otro hasta llegar a su destino. Si alguien está a menos de 300 metros, puede recibir tu mensaje. Y si hay suficientes dispositivos intermedios, el mensaje “rebota” de móvil en móvil hasta alcanzar distancias mayores.

Además, los mensajes están cifrados de extremo a extremo con X25519 y AES‑256‑GCM, dos protocolos a día de hoy considerados de los más robustos del ecosistema, y desaparecen cuando cierras la aplicación.

Tampoco se almacenan en ninguna nube.

Es decir, con Bitchat tenemos lo más parecido en el mundo digital a una privacidad total. Una red totalmente descentralizada, y por tanto, inmune a cualquier tipo de censura, y que además no depende en absoluto de terceros.

Simplemente, la instalas, y si hay gente a tu alrededor que también la tenga instalada, va a funcionar sí o sí quiera o no un gobierno, o quiera o no incluso su creador el día de mañana.

El propio Dorsey lo presentó casi como un experimento filosófico: ¿y si pudiéramos comunicarnos sin depender de Apple, Google, Meta o cualquier infraestructura centralizada? ¿Y si nuestros teléfonos se convirtieran en pequeñas estaciones autónomas capaces de garantizar nuestra libertad de expresión?

La idea, en un mundo cada vez más vigilado y controlado, suena a manifiesto libertario.

Pero el diablo, por supuesto, está en los detalles.

Vamos a verlos…

Los límites técnicos y de seguridad

Ahora bien, una cosa es la visión, y otra la realidad.

Y a poco que rasquemos, Bitchat tiene algunas lagunas que la hacen relativamente insegura.

Para empezar, el propio análisis de expertos en ciberseguridad como es el caso de Jim Miller ha puesto de manifiesto que Bitchat es inseguro en su estado actual.

¿Qué por qué?

Pues, básicamente, por cuatro puntos:

  • El sistema de claves públicas es débil y susceptible a ataques de suplantación: Es más, por cómo está diseñado actualmente el sistema, cualquiera puede usurpar la identidad de cualquier otro usuario. Un defecto de diseño que se me antoja difícil de solucionar, precisamente por el carácter descentralizado que tiene la aplicación.
  • Los ataques “man-in-the-middle” resultan triviales: De nuevo, otra limitación de ser un sistema totalmente autónomo. Cualquiera puede leer los chats públicos de la gente que está a su alrededor, y al poder usurpar la identidad de un tercero, podría entrar en las conversaciones privadas también…
  • Las cabeceras carecen de protección y algunos comandos pueden ser secuestrados por un cliente modificado.
  • La verificación de identidad es prácticamente inexistente: No hay forma sencilla de saber si hablas con la persona que crees, ya que no existe un logging como tal. Cada uno, al entrar, define el nickname que se quiera poner, como si de un chat IRC se tratase.

En pocas palabras: lo que promete privacidad total en la práctica puede ser una trampa mortal si lo usas en un contexto sensible, como una protesta o una situación de riesgo político.

Justo, precisamente, uno de los principales usos que le veo (coordinación ciudadana en escenarios de apagón informativo y de red por parte de un gobierno).

Dorsey lo sabe, ojo, y ya ha anunciado cambios en el protocolo y mejoras en la seguridad, pero lo cierto es que hoy por hoy, usar Bitchat con fines críticos es, digamos, PELIGROSO.

Escucha:

La verdadera prueba para Bitchat no es si se lanzó con una seguridad perfecta. Se trata, en cambio, de si Dorsey cumple con sus compromisos de abordar los problemas identificados y adoptar prácticas criptográficas probadas. Los primeros indicios son prometedores, ya que Dorsey se ha comprometido a implementar el protocolo Noise y enfatiza: «Siempre se agradecen las relaciones públicas y las auditorías serias». Sin embargo, en última instancia, las acciones serán más importantes que las promesas.

Jim Miller en un análisis de Bitchat publicado en Trail of Bits (EN)

Un “desierto” digital

Y los problemas no acaban ahí.

El otro gran problema es la adopción.

Mientras que WhatsApp o Telegram funcionan porque la mayoría de nuestros contactos están allí, Bitchat depende de que haya alguien cerca con la aplicación abierta.

Es decir, que ya no solo depende, como cualquier plataforma social, de tener una masa de usuarios mínima para que sea interesante para el resto de usuarios (básicamente, para que los usuarios, y los potenciales futuros usuarios, sientan la necesidad de instalarla en sus móviles), sino que debido a las propias limitaciones de su arquitectura descentralizada, literalmente esa masa mínima de usuarios es necesaria para que la herramienta funcione.

Si no hay usuarios alrededor, la experiencia es como hablar en medio de un desierto.

Y eso es justo lo que han experimentado los primeros testers: mucha promesa, pero poca gente con la que hablar… cuando no directamente nadie.

Sin ir más lejos, por Xataka Noelia Hontoria le dio por probarla, y esto decía en un artículo reciente en el medio:

Lo he estado mirando durante varios días y no tenía ningún usuario conectado a mi alrededor. El problema es que como Bitchat necesita conectarse vía Bluetooth con otros dispositivos, si no hay nadie a una cierta distancia te quedas en mitad de un desierto. Para poder hacer estas pruebas he tenido que conectarme yo misma dos veces, desde dos dispositivos diferentes.

Noelia Hontoria para Xataka (ES)

Esto, como te podrás imaginar, limita drásticamente su utilidad diaria, relegándola prácticamente a escenarios muy específicos, como pueden ser:

  • Festivales o conciertos, donde la red móvil está saturada.
  • Excursiones o viajes en avión, donde no hay cobertura.
  • Catástrofes naturales, donde las infraestructuras se caen.

Fíjate que hablamos de escenarios donde el ecosistema digital conectado que depende de servidores centrales deja de funcionar, y ahí algo como Bitchat puede tener muchísimo sentido.

Pero fuera de esto, la falta de masa crítica lo convierte en un experimento anecdótico.

Una prueba de concepto de esas que tanto nos gusta a los hackers.

Poco más, me temo.

Y es que, toca hablar nuevamente de los límites de la descentralización.

La paradoja de la descentralización

Aquí está, a mi juicio, el punto más interesante.

Desde hace años hablamos de la necesidad de descentralizar la red, de reducir nuestra dependencia de gigantes como Meta, Apple o Google, de cómo la llamada web 3.0 propone un ecosistema donde el usuario vuelve a tener el control de sus datos y de la infraestructura donde corren las aplicaciones.

Pero la realidad es que la mayoría de los usuarios prefiere comodidad a autonomía.

Es lo que en su día llamé la paradoja de la descentralización: todos nos quejamos de los monopolios digitales, pero pocos están dispuestos a renunciar a la comodidad que ofrecen.

Con este proyecto, Dorsey apuesta por lo contrario: privacidad radical a costa de usabilidad y de red.

Con todas las limitaciones que eso supone.

Y por tanto, en términos de mercado, lo condena a un nicho.

Uno, para colmo, que requiere de una masa crítica muy alta para funcionar.

Dos aspectos que difícilmente van a poder ir de la mano.

Y sí, ya sé que, en el fondo, la propuesta de Dorsey no pretende competir directamente con WhatsApp o Signal.

Pretende abrir otra categoría de comunicación, un espacio distinto dentro de lo que llamamos “sociabilidad digital”.

Un espacio más parecido al IRC de los 90 que al WhatsApp actual.

Algo espontáneo, efímero, autónomo, y hasta cierto punto, ingenuo.

Como si el Internet de la actualidad siguiera siendo el mismo que el de los años 90.

Una herramienta más de resistencia que de comunicación cotidiana.

La pregunta es: ¿queremos —como sociedad— este tipo de herramientas?

Mi visión es que sí son necesarias, pero no creo que vayan a ser jamás masivas.

Serán las bengalas que necesitamos en momentos de emergencia, pero nunca sustituirán a los faros centrales de nuestra comunicación digital, que, a no ser que la cosa cambie muchísimo, van a seguir bajo las murallas de grandes multinacionales y dependientes de los designios del gobierno de turno.

Mal que nos pese a algunos, entre los que me incluyo…

¿Tiene futuro Bitchat? Pues es difícil saberlo.

Si logra una comunidad activa de desarrolladores que auditen el código y corrijan sus debilidades, podría convertirse en un referente de la mensajería descentralizada.

Podría ser el “canal cero” que siempre funciona cuando todo lo demás falla.

Igual que ahora hay mucho interés en ese internet satelital que poco a poco empieza a llegar por defecto a nuestros móviles, y que está siendo usado precisamente como alternativa para situaciones de emergencia, algo como Bitchat podría acabar ofreciendo una herramienta de comunicación en aquellos escenarios específicos que antes comentamos.

Si no, quedará como una curiosidad, un experimento más como FireChat o Bridgefy, recordado solo por los entusiastas de la descentralización.

En cualquier caso, el valor de Bitchat está en provocarnos algunas preguntas incómodas, como, por ejemplo:

  • ¿Qué pasaría si un gobierno apaga internet de golpe en nuestro país?
  • ¿Por qué aceptamos sin más la vigilancia y el control de nuestras comunicaciones cotidianas?
  • ¿Estamos dispuestos a sacrificar comodidad por verdadera libertad digital?

En fin, que Bitchat es más un manifiesto que una aplicación.

Es imperfecta, insegura y probablemente condenada al ostracismo.

Pero también es un recordatorio de que otro tipo de comunicación es posible, fuera de los muros de WhatsApp, Google o Apple.

Y aunque lo más probable es que siga siendo anecdótica, su sola existencia nos obliga a pensar en cómo será la sociabilidad digital del futuro.

Para terminar, quiero dejarte tres preguntas:

  1. ¿Probarías una aplicación como Bitchat aunque supusiera hablar solo con desconocidos cercanos?
  2. ¿Prefieres comodidad y usabilidad aunque implique regalar tus datos, o apostarías por algo incómodo pero libre?
  3. ¿Crees que en el futuro habrá espacio real para estas propuestas descentralizadas, o quedarán siempre como una rareza tecnológica?

Te leo en comentarios, y abramos debate.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor especializado en ayudar a referentes a blindar su reputación, diversificar y escalar su autoridad como marca.

Me puedes leer y escuchar en www.pabloyglesias.com (recuerda que la primera Y de «Yglesias» es «Y griega», que si no me confundís con otro), y me puedes escribir a contacto(at)pabloyglesias.com.

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