De cadena de bloques a simple “base de datos”

cadena rota

El blockchain ha sido sin lugar a dudas una de las tecnologías que más pasiones ha levantado en estos últimos años.

Siendo pilar base del Bitcoin, ha demostrado su potencial en múltiples escenarios como un método para asegurar la integridad de los datos compartidos en una transferencia.

Desde su uso en criptomonedas, pasando por la implementación como sistema de autenticación o como gestor de dispositivos del internet de las cosas, creo que no hay mes que surge alguna noticia en referencia a un nuevo ámbito de explotación del blockchain.

Y todo esto se debe, principalmente, a esa capacidad que tiene validar la exactitud de un intercambio informático. De que tanto el emisor como el receptor como el propio mensaje han mantenido un contrato sin capacidad alguna de tergiversación por parte de terceros.

O debería decir que esto ha sido así hasta ahora, habida cuenta de que Accenture está trabajando en una nueva versión de blockchain (EN) en donde la cadena de bloques puede ser “editable”.

Rompiendo aquello que hace irrompible a una tecnología

La medida es cuanto menos curiosa.

Este nuevo blockchain ofrecería a los administradores de una transferencia la potestad de modificar el contrato firmado en la cadena de bloques unilateralmente, rompiendo así una de las fortalezas que dan sentido a lo que entendemos como blockchain.

La decisión viene incentivada precisamente por el interés que tendría “el mundo corporativo” de que esto fuese así. Según Richard Lumb, director global de servicios financieros en la consultora, el cambio “hace más prágmático y útil el blockchain para el sector de servicios financieros”.

Y digo que es curioso, porque son estos mismos servicios los que, en base a la legislación actual, tienen obligación de almacenar todo historial de transacciones realizadas. Y qué mejor manera de dotar de credibilidad a una transferencia que sabiendo que nadie es capaz de corromperla…

Por supuesto, no han tardado en aparecer voces críticas.

Sin ir más lejos, Gary Nuttall decía en el ya mencionado artículo un punto que me parece totalmente lógico, y que me he decidido parafrasear en el título de esta pieza:

Una cadena de bloques editable es sólo una base de datos. La clave de la cadena de bloques es que es inmutable, así que esto es contrario al objetivo de la tecnología.

Touché!

Si tenemos un registro de transacciones editable, lo que tenemos a fin de cuentas es una base de datos. Cosa que ya existe y es de hecho lo que se utiliza en la mayoría de servicios digitales, los financieros incluidos.

Si lo que queremos es utilizar la tecnología blockchain, digo yo que será precisamente porque gracias a su forma de operar es inmutable, y por tanto, cuenta con la credibilidad de las dos partes (tanto el emisor, que podría ser un servicio financiero, como el receptor, que podría ser el cliente).

No hay sitio para tergiversaciones porque es la propia tecnología la que acredita que esta transacción se ha hecho bajo X criterios, que son los que se almacenan en la cadena de bloques.

Pero en cambio, lo que se plantea es utilizar todo el ecosistema de blockchain pero “adaptado” a la forma de trabajar del pasado, delegando nuevamente esa credibilidad no a una tecnología que hasta ahora ha demostrado ser inmutable, sino a agentes intermediarios (los bancos, en este caso), cuya credibilidad es la que ya conocemos…

Una nueva versión de blockchain con un sistema de permisos escalable, que permitiría a administradores fijados por la entidad, la potestad de modificar contratos que ya han sido completados.

Por supuesto, desde Accenture aseguran que esta prestación “se emplearía únicamente en circunstancias extraordinarias, y un servidor, quizás pecando de paranoico, se pregunta cuáles serían.

Delegar la confianza nuevamente en el humano

Es decir, ¿qué interés puede tener un organismo en modificar una transacción sino es para encubrir un fallo humano, o peor aún, una transacción que no interesa que quede registrada?

Llámeme loco, pero es que en qué otros supuestos legítimos y éticos puede interesar modificar un historial de transacciones.

¿Es que no se fían de la integridad de la tecnología? Vale, ser por defecto crítico es un buen planteamiento, pero ¿tenemos que fiarnos entonces nosotros de la integridad ética y moral de esos administradores?

Hay cambios que sinceramente no logro comprender.

Estoy totalmente a favor de que la tecnología vaya evolucionando, pero con un criterio marcadamente positivo, a mejor.

Si tenemos ya en el mercado algo que está funcionando bien a nivel de credibilidad, primero habrá que encontrar sus fallos, y cuando esto ocurra, ver si tenemos maniobra para solventarlos o en efecto, deberemos dar un paso atrás.

Pero lo que estamos viviendo es la matanza de un camino que hasta ahora es considerado más robusto a favor de otro que ha demostrado por activa y por pasiva no serlo, amparados por una lógica que creo a muchos se nos escapa.

De nuevo, ¿qué “circunstancias extraordinarias” son aquellas que debemos tener en cuenta para emitir nuestra conformidad?

Ya hablé en su día de que en el mundo de las criptomonedas sin lugar a dudas el principal handicap radicaba en la falta de un equilibrio entre control y gestión de la infraestructura. Que seguramente, para la expansión de la moneda virtual, haya que realizar sacrificios.

Esperar de una industria tan tradicional (y centralizadora) como es la financiera que nos compren una tecnología que se sustenta en la más absoluta descentralización, es pecar de ingenuos.

Pero una cosa es delegar parte de la infraestructura en el sector financiero, o incluso aceptar que parte del valor de una moneda esté supeditado al control legislativo (cosa que tiene sus puntos buenos y sus “menos buenos”), y otra muy distinta es romper con la tecnología que sustenta la credibilidad de este nuevo mercado bursátil.

Habría, a mi forma de ver, acercamientos bastante más adecuados, como sería que esos “administradores” de los que habla Accenture tuvieran permisos de lectura pero no de escritura. De esta manera, el control pasaría a las entidades bancarias y demás organismos financieros, que tendrían la capacidad de auditar las transacciones para evitar casos de fraude o por el simple y necesario control de su negocio.

Permitir que esos contratos puedan ser editables a posteriori solo abre la puerta a lo que usted, como un servidor, ya hemos pensado.

Es correr un riesgo innecesario, habida cuenta de que siempre habrá intereses para ofuscar o tergiversar una cadena de bloques.

Justo lo mismo que nos ha llevado a un sistema económico como el que tenemos. Y justo aquello que en su justa medida podríamos minimizar con tecnologías como blockchain.