busquedas asistidas ia

Con esto de la paternidad no he podido dedicar el tiempo que me hubiera gustado esta última semana a lo que probablemente ha sido la gran noticia del año.


Por un lado, tenemos a Microsoft probando en beta un Bing vitaminado gracias a ChatGPT (EN), y a su multimillonario acuerdo con OpenAI, con un lanzamiento que les ha hecho aumentar la valoración bursátil cerca de un 5%.

En el otro lado, tenemos a Google, con el lanzamiento, también en beta cerrada, de su propuesta de buscador asistido por AI (EN/Bard en este caso), que les ha hecho bajar nada menos que un 10% de valor global de la empresa.

Tras estas dos noticias, hay muchísimo de lo que hablar, así que voy al lío.

La jugada maestra de Microsoft

Creo que a estas alturas es fácil e inmediato asegurar que esa “burrada” de millones que Microsoft pagó (con matices, como veremos más adelante) por el acuerdo de pseudo-exclusividad con OpenAI, ha sido el polvo del siglo.

Primero porque en la práctica, Microsoft no ha pagado un sólo dólar a OpenAI. Todos esos millones vienen dados en créditos para que OpenAI alojase su tecnología en Azure, la nube de Microsoft, lo que, de nuevo, es un ejemplo de guión de buena negociación.

¿Que a qué me refiero? Pues a que, aunque en la práctica OpenAI sigue operando como y con quien les de la gana, está utilizando en sus tripas toda la maquinaria de Microsoft, y por tanto, su socio principal pasa a ser por cercanía la compañía de Redmond. Una compañía que no ha dudado a avisar a bombo y platillo que a partir de ahora todos los usuarios de Azure tendrán acceso a los servicios de redes generativas antagónicas de OpenAI. Y que, por razones obvias, lo ha querido implementar lo antes posible en Bing, su buscador.

A este punto quería llegar, porque, de pronto, Bing, ese buscador totalmente marginal, se ha vuelto la mar de interesante para millones de usuarios. Con el auge mediático de servicios como ChatGPT (recordemos que es el servicio de mayor crecimiento de usuarios de la HISTORIA, por delante de fenómenos como WhatsApp, Facebook, Instagram e incluso TikTok), aunque solo sea por probarlo, hay ahora mismo millones de usuarios dándole a la búsqueda conversacional de Bing.


Y eso, amig@ mío, son potenciales clientes perdidos para Google.

La sorpresa (catastrófica) de Google

Sobra decir que hoy en día Alphabet es, de facto, el gran dominador de las búsquedas en Internet.

Google representa prácticamente el tres cuartas partes de las búsquedas mundiales. Y eso teniendo en cuenta que en China quien manda es Baidu, y en Rusia Yandex. Si quitásemos de la ecuación estos dos países, su hegemonía ronda el 90%. Y si hablamos solo de occidente, fácilmente supera el 95% de cuota de mercado.

Con este panorama, Alphabet no ha tenido presión alguna para innovar en su modelo de búsquedas. Para qué, de hecho, si la competencia está a años luz de lo que tú propones.

De ahí que de un tiempo a esta parte el negocio haya sido el principal eje motor de los cambios de Google buscador, con unos resultados cada vez más editorializados, donde el espacio para anuncios es cada vez mayor, donde la fagocitación de contenido creado por terceros es cada vez mayor, en detrimento del contenido fuente realmente interesante.

Pero claro, esto ha sido hasta ahora.

Con el acuerdo de Microsoft y OpenAI, saltaron hace unas semanas todas las alarmas en la sede de Montain View. Y no estoy exagerando. El propio Sundar Pichai alertó a todos los trabajadores de que tenían apenas unos días para reinventar las búsquedas en Google, ya que su principal negocio (la publicidad en Google representa el 90% de los beneficios de toda Alphabet) estaba en riesgo.


Algo a todas luces sorprendente, habida cuenta de que si me hubieras preguntado hace unos meses (a mi o a cualquier analista), te hubiera dicho que si había alguna compañía con la capacidad de aprovechar la IA para vitaminar las búsquedas sin lugar a dudas esa era Alphabet y todo el arsenal que durante estos últimos años han diseñado alrededor del machine learning.

Pero lo dicho, de pronto se han encontrado con que en apenas un mes tenían que presentar algo como mínimo al nivel de Bing/ChatGPT, y esa respuesta, llamada Bard, ha demostrado ser todo un fracaso, incluyendo incluso en la propia presentación resultados que podemos considerar falsos, o cuanto menos, muy cuestionables (EN).

La respuesta del mercado, que es cierto que no siempre va alineada con los avances tecnológicos, en este caso ha dado en el clavo.

Lo de Google con Bard no es más que un salvavidas que han lanzado sin estrategia alguna, y sin suficiente tiempo como para que esté bien testeada, para evitar que a medio/largo plazo peligre el futuro de la compañía.

Y les ha salido rana.

¿Que por qué?

Las búsquedas asistidas por IA: Un riesgo para TODOS

Dejando de lado la parte de negocio, ahora quiero centrarme en la tecnología.


Tanto ese nuevo Bing como ese nuevo Google son, al menos bajo mi humilde opinión, un riesgo para todos nosotros.

Y lo son por varios motivos en particular:

De cara al usuario

Lo que de verdad hacía valioso un servicio como son los buscadores radica en el hecho de que a una pregunta, lo que nos devuelve son varias posibles respuestas (enlaces), ordenadas con mayor o menor criterio. De esta manera, y aunque es cierto que el orden altera la capacidad crítica del usuario, somos cada uno de nosotros los que tenemos que decidir qué respuesta nos interesa más, con suerte, revisando varias fuentes por el camino, y por tanto, minimizando el riesgo a consumir contenido adulterado.

Sin embargo, lo que proponen los buscadores asistidos por IA es que a una búsqueda nos devuelva una única respuesta, que es la que ese sistema conversacional ha decidido que es la correcta. Pasamos así a tener que fiarnos de que, en efecto, lo que dice la máquina es la verdad absoluta.

Es mucho más cómodo, obviamente, pero a sabiendas que las IAs como ChatGPT MIENTEN (matizo; no es que mientan conscientemente, sino que dan prioridad a ofrecer una respuesta legible… a que sea real, al no contrastar la información que ofrecen), pasamos a contar con servicios que infantilizan al usuario, diciéndole lo que debe saber, sea o no cierto.

De cara a los creadores de contenido

Es obvio que si, de pronto, es el propio buscador quien te da la respuesta, nadie visitará las páginas, y por tanto el negocio de los medios de comunicación, o de los blogs, pasa a ser mucho más marginal.

Obviamente, estoy dramatizando, ya que es cierto que seguirá habiendo búsquedas (por ejemplo, todas las transacionales) que seguirán necesitando sí o sí una comparativa (cuando vas a comprar algo, no quieres que te den solo una opción, sino varias donde elegir), pero para búsquedas informativas, que son las que suelen responder los medios de comunicación y los blogs o foros, el tema se complica en exceso.

Es, a todas luces, una maldición de zero-click que tanto daño ha hecho históricamente a los SEOs… y también a los generadores de contenido, pero hipervitaminado, ya que podría afectar a todas las búsquedas informativas, y no solo a algunas históricamente fagocitadas por el propio buscador, como las traducciones, el tiempo o los cálculos básicos matemáticos.

De cara al propio buscador

Paradógicamente, ese zero-click que conseguirán los buscadores puede ser también un problema para su modelo de negocio, y es que si ya no hay que mostrar miles de resultados, sino una sola respuesta, ¿dónde pondrá el buscador la publicidad?

Que si yo soy un anunciante, y sé que el consumo mayoritario del usuario se hace en base a preguntar algo y que el propio buscador le responda con la supuesta respuesta absolutista, ¿qué sentido tiene que invierta mensualmente en colocar enlaces a mis servicios o productos, si lo más probable es que nadie los vaya a clicar?

Conclusiones: Perdemos todos

Ese es el panorama que veo a futuro con un movimiento que me temo que ya es imparable.

Hablamos de unos resultados de búsqueda informativa menos rigurosos (o, al menos, menos contrastables por el usuario) donde la fuente de información es menos importante, de un negocio en peligro para aquellos que vivan del tráfico web (al menos para los que vivan de ofrecer información, no tanto para aquellos que emponzoñan los resultados con basura cargada de enlaces de afiliados, ya que esos juegan en la liga de las búsquedas transacionables, mucho menos afectadas por la IA), y de una muy necesaria reinvención del negocio de los buscadores para seguir siendo rentables.

Un panorama oscuro, cuanto menos, que al final no será tan apocalíptico como lo planteamos, pero que sin lugar a dudas nos dirige a un escenario que no tengo claro que sea positivo para nadie, sino es únicamente pensando en la comodidad de recibir una respuesta no contrastada en vez de varias que tú debes contrastar.

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