nft alfa romeo

Vivimos una época de profundo hype alrededor de los supuestos milagros del blockchain, los smart contracts, y últimamente los NFTs.

Desde toda esa nueva oleada de gurús del mundo crypto que viven, casualmente, no de las crypto, sino de vender cursos y/o membresías sobre cómo conseguir dinero con esto, pasando por todas y cada una de las grandes compañías, que parecen obligadas a poner en cada carta a sus inversores cómo están transformando parte de su negocio core para abrazar conceptos como el metaverso y los NFTs.

Por supuesto, hay mucho de entelequia en todo esto. De parecer que estás «IN», en la cresta de la ola.

Pero hay una base que en efecto sí podría marcar diferencia.

Hablo, por supuesto, de la cadena de bloques. Del blockchain ya no solo como tecnología per sé, sino como concepto, y lo que ello puede suponer para cualquier sector que tenga que administrar de una forma segura y transacionable datos.

Vamos, de cualquier negocio del siglo XXI.

Estos días, sin ir más lejos, sabíamos que el nuevo híbrido de Alfa Romeo (ES), el SUV Tonale, es, según la compañía, «el primer coche con certificado NFT».

Esto, más allá de la campaña de marketing esperable, supone algo que, de base, sí puede resultar interesante para la industria del automóvil: Cada vehículo tendrá asociado una ficha NFT que irá registrando cada uno de los acontecimientos importantes que ha experimentado ese vehículo a lo largo de su ciclo de vida.

¿Que a qué me refiero?

  • Pues a que cada vez que vaya a pasar la ITV, quedará registrado.
  • Cada vez que tenga un accidente, o le hayan cambiado un componente interno, también quedará registrado.
  • Cada vez que le hagan una revisión…
  • Cada vez que le hagan una reparación…

En definitiva, pasamos a un escenario donde, de pronto, existe una manera relativamente sencilla, y sobre todo confiable, de auditar qué «vida» ha llevado ese vehículo. Lo que muy probablemente acabará sirviendo ya no solo para tasar de una forma más acertada el valor del mismo cuando su dueño quiera venderlo, sino también de cara a negociar, a la alza o a la baja, el coste de su seguro.

Hasta aquí, la parte puramente «de negocio» de la propuesta de Alfa Romeo.

Pero por detrás, todo esto es posible gracias, como decía, a que ese registro se queda asociado a una serie de transacciones en la cadena de bloques. En el blockchain.

Que tiene la particularidad, y es por ello que potencialmente sí podría suponer un diferencial para no pocos sectores, de ser una red descentralizada, una red de consenso, en la que las potenciales tergiversaciones (editar una transacción para que quede registrado algo que es mentira) no son para nada sencillas de realizar.

El mejor símil que se me ocurre para explicar esto es el de un documento de identidad, que en vez de ser expedido por el gobierno de turno (y, por tanto, subjetivo a la confianza que podamos depositar en ese agente gubernamental), estuviera expedido por una suerte de sistema informático democrático formado por miles de ordenadores, cada uno de su padre y de su madre, que comparten datos en tiempo real.

Uno de esos ordenadores podría pretender crear un documento de identidad falso. Lo crea, y registra su creación tal día y a tal hora. El problema es que, puesto que ese registro es compartido por otros miles de ordenadores, al auditar ese registro en particular, el resto se encontrarán con que dicho registro no concuerda con sus propios registros. Ergo, ese otro ordenador ha mentido, y por tanto ese registro queda anulado.

¿Significa esto que un sistema basado en blockchain como el que plantea Alfa Romeo es completamente seguro?

Pues, como te podrás imaginar, no.

Es cierto que la cadena de bloques es, hasta cierto punto, confiable. Más, al menos, que lo que podemos confiar en un sistema como el actual, en el que sabemos del ciclo de vida de dicho vehículo porque ha pasado las ITVs de rigor (es decir, que al menos en tales fechas el coche estaba en unas condiciones mínimas), por las condiciones en la que esté el vehículo (algo que no es sencillo de saber a simple vista) y por lo que nos diga el dueño (que puede mentir o decir la verdad).

Pero sigue siendo débil a potenciales tergiversaciones, siendo principalmente dos las que más deberían preocuparnos:

  • La creación en sí del registro: He buscado información y no me ha quedado claro cómo o quién va a realizar dicha trazabilidad cuando, por ejemplo, el vehículo pase una revisión o una ITV. ¿Será el propio vehículo quien, al darse cuenta de que un tercero está realizando cambios en su interior, deja registro de dicho acontecimiento? ¿Será el técnico que lo realiza quien debe proactivamente crear el registro? Sea como fuere, lo cierto es que esto abre la vía a que haya potenciales tergiversaciones, ya sean conscientes (lo llevo a un taller y le pido al técnico que no deje rastro de lo que haga) o inconscientes (al no haber manera alguna de que el sistema audite cuándo debe o no dejar registro, puede haber modificaciones que no queden contempladas en ese NFT).
  • Los límites de confiabilidad del blockchain: Poniéndonos en el peor de los escenarios, una red descentralizada como la cadena de bloques es confiable mientras más número de nodos y en diferentes manos esté el sistema. Y con esto en mente, podría darse la situación de que algún agente con suficientes recursos fuera capaz de controlar muchos de esos «ordenadores» (por seguir con el símil anterior) hasta el punto de ser capaz de inyectar modificaciones y registros fraudulentos. Este último escenario lo hemos visto hace ya unos años con otra red descentralizada muy conocida en Internet (TOR), y en la que el FBI tenía manera de desanonimizar conexiones al controlar un porcentaje significativo de la red de manera directa e indirecta.

Pese a todo esto dicho, lo cierto es que la medida me parece profundamente interesante, y va en línea con otras iniciativas como la de Naciones Unidas de hace ya unos años, creando una suerte de documento de identidad digital único y global, basado también en blockchain, para agilizar los trámites necesarios para dotar de ciudadanía efectiva (poder abrir por ejemplo una cuenta bancaria) a los ciudadanos de países en vías de desarrollo.

Pues esto mismo, pero aplicado a la industria automovilística. Un documento de identidad para nuestros vehículos.

Artículo previamente publicado en HackerCar (ES).

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