cartera digital

Como ya adelanté hace un par de años, estamos cada vez más cerca de, realmente, poder dejar nuestras carteras en casa, y salir fuera solo con nuestro smartphone.

A saber:

  • Dinero: Cada vez es más común, al menos en países desarrollados como España, que puedas pagar en cualquier lado mediante contactless, y por tanto mediante un dispositivo NFC.
  • Documento de identidad: Tanto el DNI, como el carnet de conducir y la tarjeta sanitaria (esta última, al menos, en algunas provincias) ya cuentan con versiones totalmente legales en formato digital.
  • Llavero: Además, las cerraduras digitales tienen ya unos precios más que asequibles (ES), así que, si queremos, podemos desprendernos del típico llavero para guardar las llaves de casa, y utilizar el smartphone como llave. Sin olvidarnos de las cerraduras digitales de los coches, que son cada vez más habituales (a día de hoy creo que no se vende ya ningún nuevo modelo que no tenga, aunque sea, una llave inalámbrica).

Todo esto, y de nuevo recalcando que hablo de mercados específicos como el español, está hoy en día disponible en según qué dispositivos, y bajo según qué condicionantes. Así que, a la vista de todo ello, parece interesante preguntarse qué sería más seguro: mantener la cartera como hasta ahora, o delegar todo en el smartphone.

¡Vamos a ello!

A nivel puramente de seguridad, gana la tecnología

El primer punto es obvio.

En el caso de robo o extravío de todo esto, ¿qué es más seguro?

Pues vamos a ver cada caso:

  • Me roban o extravío la cartera: En ese momento, me tocará presentarme en una oficina de policía para denunciar el robo o extravío, y que me den aunque sea un justificante que haga las veces de documento de identidad entre que espero, si no me lo pueden hacer en el momento, el nuevo DNI. Mientras tanto, tengo que llamar al banco para que bloquee mis tarjetas. He perdido, de paso, todo el dinero que llevara encima, y también tendré que hacer papeleo para que me vuelvan a crear las nuevas tarjetas bancarias, teniendo entonces que cambiarlas en cualquier suscripción que tuviera a su nombre, el carnet de conducir, la tarjeta sanitaria, y en definitiva todas las tarjetas que llevase encima. Si además, con la cartera, se van mis llaves, tocará o bien pedirle a ese vecino/familiar que me de el juego extra que teníamos para estas eventuales situaciones, o bien, directamente, tener que llamar a un cerrajero para poder volver a entrar en casa. Vamos, un jaleo considerable, tanto a nivel económico, como sobre todo a nivel de tiempo perdido en trámites administrativos.
  • Me roban o extravío el smartphone donde tengo toda mi cartera virtualizada: En este caso, ya de base, podemos estar tranquilos porque el ladrón va a poder hacer poco o nada con nuestros documentos de identidad o con nuestras tarjetas. Habrá que hacer la denuncia y marcar el smartphone como perdido o robado, para que se quede bloqueado. Y nos tocará comprarnos otro y reactivar todas las cuentas. Para entrar en casa, en efecto, estaremos en la misma situación que el caso anterior (tirar de llave que tenga un vecino o familiar, o llamar al cerrajero). Es decir, un problema principalmente económico.

Como ves, si atendemos únicamente al factor seguridad, es mucho más recomendable llevar todo digitalizado.

Para hacer pagos, el supuesto ladrón va a necesitar desbloquear nuestro dispositivo. Cosa que no ocurre con nuestra tarjeta física y las compras de menos de 50 euros.

Y para acceder a nuestra identidad digital, necesita también desbloquear el dispositivo. En cambio, con el documento en físico, puede utilizarlo directamente para usurparnos la identidad y generarnos problemas bastante gordos a futuro.

Sobra decir que me estoy poniendo en el peor de los casos. La realidad es que la mayoría de cacos cogerán de la cartera todo el dinero en papel que haya, e intentarán usar la tarjeta en compras de menos de 50 euros hasta que la bloqueemos, obviando eventuales ataques más completos. Y con el smartphone, más de lo mismo: intentarán formatearlo y vendérselo a algún inconsciente, que no podrá utilizarlo debido a los sistemas de bloqueo frente a robos que ya incluyen todos los sistemas operativos móviles modernos.

En todo caso, la versión digital de nuestra cartera gana muchos puntos, al protegernos por defecto de todos esos ataques.

¿Y si metemos en la ecuación la usabilidad?

Aquí la cosa ya se complica.

¿Sabes qué funciona siempre? Una tarjeta física, un billete, o un documento de identidad.

En cambio, el smartphone necesita batería, y en algunos casos, hasta conectividad, para funcionar, lo que limita en parte su capacidad para operar de forma aislada en cualquier situación.

Basta con que nos quedemos sin batería o estemos en algún lugar con poca cobertura para, de pronto, no tener capacidad de hacer pagos, ni de identificarnos, ni de entrar en casa.

Que es cierto que esto (al menos lo de la batería) se puede solucionar apostando por un smartwatch que cubra estas necesidades. Ecosistemas como el del iPhone+Watch son un ejemplo perfecto de cómo cubrir estas casuísticas del día a día de la mejor manera (puede que nos quedemos sin batería en el iPhone, ¿pero que nos ocurra también con el watch?).

Pero, en todo caso, es un riesgo muy a considerar.

Además, y en el caso de las cerraduras electrónicas, estamos pasando de un riesgo local (alguien nos roba las llaves de casa, y además nos quiere entrar a robar) a uno global (esa cerradura electrónica tiene una vulnerabilidad que expone la seguridad de todos los hogares donde está implementada, el nuestro incluido), con lo que ello supone: «Tonterías» como que un buendía deje de funcionar y te deje dentro de casa encerrado, o incluso que se abra por defecto y de forma remota.

Que no hablo de ciencia ficción. Ya ha ocurrido en más de una ocasión

Otro tema a considerar es cómo se ha implementado esta digitalización de documentos en cada país.

En el caso de España, y al menos en el momento de escribir este artículo, tanto con el documento de identidad, como con el carnet de conducir y la tarjeta sanitaria, se accede a ellos mediante una app externa del propio sistema operativo, no siendo compatibles con Wallet de iOS o Google Pay de Android.

Y esto supone que para usarlas, tenemos que desbloquear el dispositivo.

Lo cual, en la mayor parte de situaciones del día a día, nos dará igual (es un pelín más incómodo de usar, pero ya está), pero puede generar algún que otro recelo en alguna situación en particular.

Y hablo de que, por ejemplo, un guardia civil te pare por la carretera y te pida que le muestres el carnet de conducir. En principio, tengo entendido que con mostrarlo es suficiente, pero también es cierto que si el agente considera que el carnet puede ser falso, puede pedírtelo (ya no solo mostrarlo, sino llevándoselo al coche para revisarlo, donde tiene el ordenador con el que se asegura de que, entre otras cosas, no eres alguien buscado por la ley.)

Claro, entregar una tarjeta no es algo que genere problema alguno. Más si cabe a un agente.

Pero, ¿un móvil desbloqueado?

Ya es otro cantar.

Sin olvidarnos que esto de llevar solo la cartera digital depende mucho de nuestras necesidades geográficas, y el paradigma de uso que le demos.

Por ejemplo, ya no recuerdo la última vez que en Madrid un establecimiento no me permitió pagar con NFC.

Sin embargo, todavía es relativamente común encontrarte zonas por Asturias con negocios que ni tan siquiera tienen TPV.

Si viviera allí de seguido, por mucho que pudiera digitalizar los pagos, me fallaría el propio ecosistema tecnológico de la zona.

Y eso hablando precisamente de España, un país donde la banca es de las más avanzadas del mundo. En EEUU, por ejemplo, todavía no es tan común que los negocios tengan TPVs compatibles con NFC. E incluso en economías europeas a priori tan avanzadas como Alemania o Reino Unido, también te puedes encontrar con relativa frecuencia marquesinas de transporte púbico en las que solo puedes pagar con efectivo o tarjeta.

Por otro lado, es verdad que ya nadie se plantea salir de casa sin el móvil. Y, sin embargo, con todos estos movimientos, se abre la veda a plantearnos hacer lo propio sin la cartera.

Así que, avisados quedáis. Es buena idea, y estamos muy cerca, pero también supone asumir algunos riesgos.

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