Ponte en situación:
Imagina que esa perrita que lleva con vosotros en la familia desde hace cinco años, empieza a estar apática, apagada. Y después de varios días que ves que algo no anda bien, decides llevarla al veterinario.
El veterinario, después de descartar los problemas más habituales, le hace una serie de pruebas, y a la semana siguiente, te llama para decirte que vayas a la clínica.
Si prefiere no decírtelo por teléfono, mala cosa.
Imagínate recibir de manera totalmente gratuita este tipo de historias directamente en tu correo.
Te envío cada lunes a las 7am un email con toda la actualidad sobre tecnología, seguridad y negocios digitales.Y, en efecto: Dejas lo que estabas haciendo y te presentas en la clínica donde, lamentablemente, te enteras de que la pequeña de casa tiene cáncer. Más concretamente, un cáncer de células cebadas (un mastocitoma) que ya la ha devastado por dentro, y que, además, es refractario a cirugía, quimioterapia y terapias inmunológicas estándar.
Es decir, que no tiene cura.
¿El veredicto? En la situación en la que está la perra, la esperanza de vida está entre uno y seis meses.
Si ahora me estás escuchando, viendo o leyendo, y no has tenido perros o gatos en casa, igual lo que te voy a contar parece una locura, pero créeme cuando te digo que esta situación la vives exactamente igual que si quien está enfermo es un familiar humano.
Un servidor, sin ir más lejos, vivió de adolescente una situación muy pero que muy parecida con mi Laika, un boxer que tuvimos cuando aún vivía en Asturias.
Y, hace apenas dos años, tuvimos que sacrificar también a Freud, nuestro querido presa canario, después de que este luchara como un campeón, y durante años, con una epilepsia cada vez más severa y limitante.
Que ante este tipo de diagnósticos, intentas aferrarte a un clavo ardiendo (nosotros, por ejemplo, con Freud llegamos a probar tratamientos con maría, pero los efectos secundarios casi eran peores que el beneficio). Y al final, la mayoría, por puros recursos, acabamos por ceder y dejar descansar a ese ser querido.
Pero claro, esto ocurrió antes de que la IA estuviera en nuestras vidas.
Y también nos ocurrió a nosotros, con un poder adquisitivo medio.
El caso (EN) del que quiero hablarte no es el mismo, y es que todo lo que te acabo de contar le ocurrió a Paul Conyngham y su perra Rosie. Un ingeniero australiano con los recursos, y el tiempo suficiente, como para buscar su propia «vacuna».
Y es que, Paul, ingeniero de datos sin formación médica, hizo algo que encaja perfectamente con la era de la IA: no se rindió, sino que se volcó en herramientas como ChatGPT, AlphaFold y Grok para navegar la literatura científica y buscar alternativas “más allá” de lo que la medicina veterinaria convencional podía ofrecer.
¿El resultado?
Pues una vacuna experimental de ARNm personalizada para Rosie, que redujo al menos uno de sus tumores y mejoró su calidad de vida… hasta el punto de que hoy, dos años más tarde, la perra sigue viva.
Lo que te voy a contar, por tanto, en este episodio de enCLAVE DIGITAL no es la historia de un milagro. Quiero de antemano dejar claro que lo ocurrido con Paul y su perrita Rosie tiene una parte de suerte, y que aún así, Rosie sigue teniendo cáncer.
Este caso ha sido duramente simplificado en titulares virales que dicen cosas como “ChatGPT curó a una perra con cáncer (ES)”, cuando la realidad es mucho más matizada y, a la vez, mucho más interesante. Y es aquí donde, desde la perspectiva de un consultor y analista tecnológico, puedo plantear tres preguntas que iré respondiendo a lo largo de los próximos minutos:
- ¿Qué rol real juega la IA en casos tan extremos como el de Rosie, y qué límites tiene?
- ¿Por qué la medicina profesional (humana y veterinaria) no puede personalizar tratamientos al extremo, y cómo la IA tiene potencial para romper esta barrera hasta ahora insondable?
- ¿Y qué nos enseña este caso sobre el uso responsable de la IA en campos complejos, desde la salud hasta la ciberseguridad y la protección de víctimas de fraude online, como los que trato a diario en mi consultora CyberBrainers?
Si trabajas en sectores donde la personalización es clave, la historia de Rosie es mucho más relevante de lo que parece a primera vista.
¡Comencemos!
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Y dicho todo esto, ¡continuemos!

La historia real de Rosie y cómo la IA se convirtió en su copiloto
Vamos a entrar de lleno en materia.
Como te decía en la introducción, Rosie, una mestiza de 12 años, fue diagnosticada con un mastocitoma agresivo que ya había resistido terapias convencionales.
En la práctica clínica, cuando un cáncer se vuelve refractario a los protocolos estándar, la medicina se mueve hacia objetivos de control de síntomas y calidad de vida, no hacia milagros.
Algo totalmente lógico, encapsulado, como veremos más adelante, en los límites de la medicina (y veterinaria) clínica.
Sin embargo, Paul, desesperado, no apagó la orden de “no hay cura”, sino que la tradujo en un proyecto de investigación paralelo.
Como explica en una entrevista publicada por el medio The Australian (EN), usó ChatGPT, AlphaFold y otros modelos para entender artículos científicos, protocolos de inmunoterapia y el estado del arte en vacunas de ARNm y terapias personalizadas. De esta forma, llegó a la idea de diseñar una vacuna de ARNm a partir de la secuenciación del ADN del tumor de Rosie, que luego se produjo en laboratorios académicos y se aplicó bajo supervisión veterinaria e investigadora.

Y aquí me quiero detener un momento porque, recalco, esto es importante.
La IA no creó la vacuna de forma autónoma;
Y tampoco sustituyó a los científicos y médicos/veterinarios.
Lo que realmente hizo fue actuar como un “navegador de conocimiento”, ayudando, como he defendido estos últimos años una y otra vez, a un humano motivado a filtrar información técnica, proponer rutas alternativas y conectar con expertos humanos capaces de convertir esas ideas en acciones.
Esto es algo que ya he subrayado en por el blog en numerosas ocasiones, al hablar de cómo los modelos de IA amplifican la capacidad de investigación sin reemplazar el juicio crítico del profesional.
Escucha:
¿Dónde está el papel de la inteligencia artificial y las mecánicas de machine learning? En servir de capas de filtrado que ayuden al analista de turno a ser más óptimo en su trabajo. Pero al final, lo que de verdad aporta expertise, es la masa gris, no los bytes.
Por la sencilla razón de que hablamos de un sector profundamente creativo, y por mucho que tengamos por ahí IAs que aseguran poder escribir libros, estamos aún en pañales en este tipo de escenarios.
Sin embargo, y eso sí es cierto, son profundamente más óptimos que nosotros en tareas repetitivas, como puede ser darle forma a un tornillo o reconocer patrones heurísticos. Y ahí entra su papel. Una serie de filtrados iniciales que liberan parte del trabajo aburrido del analista, liberándolo para que este se centre en lo que de verdad mola (y aporta).
Artículo de Pablo F. Iglesias sobre la necesidad del análisis humano en tiempos de IA
Que la IA generativa y los sistemas de apoyo especializados no están para “tomar decisiones finales”, sino para acelerar la parte exploratoria: leer cientos de páginas, cruzar datos, señalar posibles correlaciones y permitir que el humano se concentre en la evaluación ética, legal y práctica.
Y en el caso de Rosie, ese patrón se repite: la IA no curó el cáncer, pero ayudó a definir un camino de investigación que el dueño no habría podido recorrer solo, dada la complejidad del lenguaje técnico y la cantidad de literatura dispersa que debería analizar.

Los límites de la medicina profesional y la personalización extrema
A todo esto, únele otro punto más.
El caso de Rosie pone en evidencia una paradoja: la medicina profesional está diseñada para ofrecer tratamientos validados, seguros y replicables, pero eso mismo impide que cada caso pueda ser personalizado al nivel máximo.
En el mundo clínico, la prioridad es evidencia, coste, escalabilidad y marco regulatorio, no la aventura experimental individual.
Y claro, personalizar un tratamiento hasta el extremo que se hizo con Rosie implica:
- La secuenciación del genoma del tumor.
- El diseño de una vacuna de ARNm a medida.
- La producción en laboratorio bajo condiciones de control.
- Y la aplicación como parte de un protocolo experimental, no como un estándar clínico.
Aquí está el tema: Hacer todo esto es prohibitivamente caro, lento y poco escalable para un sistema clínico convencional.
Simple y llanamente, y aunque sobre el papel sería lo mejor para curar a millones de seres vivos, en la práctica no se puede llevar a cabo.
Por eso, la medicina se mueve en protocolos generales, mientras que la personalización extrema queda en el terreno de la investigación, los ensayos y los casos anecdóticos… como este de Rosie y Paul.
Desde mi experiencia como consultor de ciberseguridad y ciberfraude, veo una analogía clara: en muchos casos, la protección y la respuesta a incidentes siguen protocolos estándar, pero cuando un ataque o fraude es altamente personalizado, es precisamente la combinación de humano experto + herramientas avanzadas (SIEM, IA, análisis de datos) la que permite explorar rutas más allá de lo “copiado y pegado”.
Es esa misma personalización la que las víctimas de fraude que nos contratan para que les asesoremos nos demandan, habida cuenta de que cuando ponen denuncia ante las fuerzas y cuerpos de seguridad, como es lamentablemente normal, para las autoridades son simplemente un número.
En mi artículo sobre ciberataques a infraestructuras críticas potenciados por IA generativa explico cómo la IA multiplica la capacidad de los atacantes para crear escenarios hiper‑personalizados, y por qué la defensa también debe pasar a usar IA de apoyo para analizar anomalías, cruzar logs y prever tácticas sofisticadas que el ojo humano solo detectaría demasiado tarde.
Pues este mismo principio se aplica en el caso de Rosie: la IA genera capacidades de exploración que el sistema clásico, por razones de coste y escalabilidad, no puede asumir de forma sistemática.
Y esto, créeme, es maravilloso.
Claro que, antes de continuar, me gustaría hacerte una pregunta:
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…
Ah, ¿Que ya lo has hecho?
Pues, ahora sí, ¡continuemos!
IA como copiloto, no como médico ni como “cura mágica”
Como te decía, últimamente he visto varios medios, algunos españoles, ejem ejem, con titulares virales donde suelen afirmar que “un hombre curó a su perra con ChatGPT y Grok cuando los veterinarios no pudieron”.
Y sí, todos sabemos que esto es puro clickbait. Luego, muy probablemente, si lees el artículo ya digan lo que realmente ocurrió.
Lo que realmente me parece super interesante del caso de Rosie y Paul es que la IA ayudó a Paul a entender qué tipo de personalización era posible, dónde buscarla y cómo plantearla a unos expertos humanos.
Escucha:
«Fui a ChatGPT y elaboré un plan para hacerlo», dijo Paul: «El primer paso fue contactar con la universidad para que se secuenciara el ADN de Rosie. La idea es que saques el ADN sano de su sangre y luego el ADN de su tumor, y secuencias ambos para ver exactamente dónde han ocurrido las mutaciones. Es como tener el motor original de tu coche y luego una versión del motor a 300.000 km de distancia: puedes compararlos y ver dónde hay daños.»
Entrevista a Paul Conyngham sobre los pasos que siguió para combatir el cáncer de su perra (EN)
Recalco: La IA no diagnosticó el cáncer, no hizo la cirugía, no secuenció el ADN, ni produjo la vacuna.
Su papel fue similar al de una herramienta de análisis avanzado: permitir una exploración más rápida y profunda de la información, lo que liberó a Paul de horas de lectura técnica y le permitió concentrarse en tomar decisiones estratégicas.
Este patrón se repite en otros campos donde trabajo: como es el de la ciberseguridad.
En este escenario, la IA no “para” ataques por sí sola, sino que ayuda a detectar patrones, cruzar logs y priorizar amenazas para que el analista humano pueda intervenir con mayor precisión.
He hablado de ello recientemente, aprovechando una masterclass que impartí hace unas semanas, en mi artículo sobre cómo detectar y evitar fraudes digitales y falsas inversiones en criptomonedas, donde subrayo que la IA es clave para monitorizar redes, detectar perfiles falsos, rastrear estafas de “pump and dump” y anticipar que un esquema de reputación online puede volverse una trampa financiera.
En ese texto explico que, en el caso de un fraude sofisticado, la IA puede cruzar cientos de perfiles, URLs, dominios y registros financieros, pero que la decisión final de actuar, la estrategia de denuncia, la comunicación a afectados y la protección de la reputación son terreno exclusivo del profesional humano.
Que, volviendo al tema, en el caso de Rosie, la IA fue un copiloto, no el piloto: el “éxito” fue fruto de una colaboración híbrida: un dueño motivado, un modelo de IA, y un equipo de investigadores y veterinarios humanos… y también algo de suerte, que recordemos que las vacunas tienen porcentajes de éxito esperables.
IA, personalización extrema y nuevas oportunidades
En fin, que el caso de Rosie ilustra cómo la IA puede abrir puertas en problemas de alta complejidad donde la personalización perfecta es inviable de forma manual.
En medicina, la IA ya se usa para analizar perfiles genéticos, predecir respuestas a fármacos y proponer combinaciones de terapias que antes requerían años de investigación.
En ciberseguridad y en la protección de víctimas de fraude online, el mismo principio se aplica: la IA permite analizar grandes volúmenes de datos, identificar patrones de comportamiento, detectar fraudes sofisticados y personalizar planes de respuesta a cada caso.
Así pues, en lugar de quedarnos con la frase simplista de “ChatGPT curó un cáncer”, quiero cerrar este episodio con tres preguntas para ti:
- ¿En qué medida estás usando la IA como herramienta de amplificación de tu experiencia profesional, y en qué medida dependes de ella como si fuera un “solucionador mágico?
- En tu entorno, ¿qué problemas podrías explorar con más profundidad si combinaras IA con asesoría humana especializada?
- ¿Y cómo crees que podemos proteger a la sociedad del riesgo de que la IA se venda como cura definitiva, cuando en realidad solo es un copiloto avanzado?
Te leo en comentarios, y abramos debate.
Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL
enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor especializado en ayudar a referentes a blindar su reputación, diversificar y escalar su autoridad como marca.
Me puedes leer y escuchar en www.pabloyglesias.com (recuerda que la primera Y de «Yglesias» es «Y griega», que si no me confundís con otro), y me puedes escribir a contacto(at)pabloyglesias.com.
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