El complejo análisis de las CDN y la neutralidad de la red

Al final parece que los rumores eran ciertos, y Apple ha terminado por montarse una CDN propia (EN) llegando a acuerdos con los principales ISP y distribuidores de red a nivel mundial.

GoogleCDN

Para quien todo esto le suene a chino, he dejado como imagen principal una arquitectura tipo de Internet, frente a la arquitectura que por ejemplo presenta Google. En el lado izquierdo, vemos como nosotros (el usuario final) en color rojo, le pedimos el contenido que sea a Comcast (el proveedor de red, que podría ser Telefónica o cual fuera). Este “sale” a internet, busca la petición, y nos la devuelve.

En el caso de Google actualmente, el usuario hace la petición a Comcast, éste tiene dentro de su propia arquitectura distribuida una copia de Google que le permite, sin salir a Internet, devolverla. Para ello, actualiza cada X minutos el contenido, pero el usuario final accede a la página mucho más rápido, ya que se ahorra el paso de salir y entrar a la red global.

Habría un paso intermedio, que la mayoría de webs implantamos, y es usar un CDN externo (Akamai, Cloudflare,…) que se encarga de replicar los servicios en diferentes localizaciones del mundo, de tal manera que el proveedor sale a internet pero accede al contenido lo más cercanamente posible. Por supuesto, es más lento que el caso que nos compete, pero sin duda mucho más barato y asequible para cualquiera.

La foto final es un Internet en dos velocidades, la normal (con o sin CDN externo), y la de esos servicios premium que tienen dinero suficiente para pagar a los ISP y replicar su contenido dentro de su arquitectura.

Para ello, estas empresas pagan multimillonarios acuerdos, estando por tanto disponibles para el usuario de forma inmediata y ahorrando tráfico al propio ISP (ya que no tiene que salir “a Internet”, sino ofrecer la petición con el contenido que tiene en su propio sistema). El resultado final es un Youtube (por poner un ejemplo), o una Netflix con su reciente acuerdo con Comcast, que como bien sabemos, carga a una velocidad endiablada. Los servicios ganan mejor servicio, las ISP ahorran tráfico saliente y se llenan los bolsillos, y el usuario accede a la información más rápido. Un win-win de cajón, ¿verdad?

Y aquí es donde entra el debate. Si empresas como Apple, o la propia Google, que incluso tira cable propio de mejor calidad para asegurar que su servicio es impecable, tienen con ello acceso a una posición preferente en el mercado, ¿qué posibilidades les quedan a todas esas startups (o no tan pequeñas empresas) que no tienen capacidad de afrontar estos gastos, y por tanto, no podrán llegar a ofertar esa velocidad premium a sus clientes?

Y por otro lado, si estas autopistas son creadas en la red para distribuir contenido específico de una compañía sin afectar con limitaciones absurdas y artificiales al resto de la red, ¿podemos considerarlo una ruptura de la neutralidad de la red, o tan solo una simple ley de oferta y demanda?

Como decía en el encabezado del artículo, el análisis de esta tendencia es complejo de estudiar. Lo que está claro es que tanto proveedores como gigantes de servicios están interesados en que la nueva red funcione de esta manera. Y partiendo de la hipótesis inicial (que la creación de estas autopistas premium no afecte negativamente al resto de servicios, o incluso afecte positivamente por el tráfico ahorrado), para el usuario final es también ventajoso.

Aunque a más de uno (un servidor incluido) se le habrá activado en algún lugar una lucecita roja. Porque descontando la posición desfavorable en la que quedan los nuevos servicios de Internet frente a los ya asentados, podríamos estar ante una estrategia que acabara por discriminar tráfico (controlar lo que consumimos, a fin de cuentas), transformando la red en un lugar donde el pez grande se come siempre al pequeño, y dotando a los ISP de un aparato legal para la monitorización masiva.

¿Qué si creo que esta opción acabará por imponerse? Sinceramente, lo dudo. Y lo dudo precisamente porque de cara al usuario final (que por ahora, es quien paga), si el día de mañana el tráfico se vuelve pesado artificialmente para el resto de la red, dando una prioridad aún superior a los servicios premium, lo que hará el usuario es cambiar de proveedor de internet a otro que no discrimine negativamente. En el libre mercado estamos, y es esta precisamente la mejor arma que tenemos para defendernos.