CitizenFour: El documental sobre las revelaciones de Edward Snowden

Citizen Four

Este fin de semana aproveché para ver con calma la obra de casi dos horas de Laura Poitras, llamada Citizen Four (EN), que ha ganado el Oscar a mejor documental (EN).

Lo descargué directamente de Archive.org, que tenía el archivo de la HBO. Y menos mal que lo hice, porque hoy al intentar volver a enlazarlo ya no es posible (EN) (ni el streaming ni los archivos), lo cual es curioso porque su retransmisión se hizo pública ese mismo día.

He subido el documental a Youtube por eso de enlazarlo al final de este artículo, pero supongo que tardarán poco en cerrármelo (de hecho ya está bloqueado en algunos países), así que solo le puedo decir que seguramente encontrará la manera de verlo, si no es por los canales oficiales (que por ahora parece que los han quitado), será por otros…

En fin, que entrando ya en materia, el documental es una obra muy recomendable para entender cómo se vivió por dentro toda la operativa de revelaciones entre Snowden, Laura Poitras (que es quien graba) y Glenn Greenwald (el periodista de The Guardian), y por ende, el estado de control al que desde el 11S Estados Unidos ha sometido al resto del mundo, incluidos sus propios ciudadanos.

Comienza presentándonos el caso de William Binney (EN), un experto en criptografía de la segunda guerra mundial que en 2001 abandonaba su trabajo en la NSA por “discrepancias”.

Y es que el software que su equipo estaba creando para analizar grandes volúmenes de datos, pasó en ese momento a servir de núcleo para Stellarwind, la plataforma encargada de monitorizar comunicaciones de forma sistemática y masiva.

“La mayor arma de opresión social de la historia”.

Un arma que fue reiteradas veces negada, incluso delante de jueces y del propio Congreso de los Estados Unidos, por varios de los dirigentes de la agencia de Inteligencia, amparados por la Directiva Política Presidencial 20.

Stellarwind, como recordará si lleva aguantándome ya su tiempo, no guardaba comunicaciones, sino metadatos de estas comunicaciones. Y es curioso cómo el gobierno consiguió tejer toda una legislación que eliminaba el papel informativo (y por tanto, susceptible de ser considerado abuso de privacidad) a los metadatos, pese a que éstos sirvieran precisamente para identificar a los interlocutores.

Iría incluso más lejos. Como explican en el documental, el término “conectividad” juega un papel trascendental en el valor de estos metadatos. La NSA por aquel entonces podía conectar los metadatos de una tarjeta de crédito con un bono de metro (que mensualmente se carga en la tarjeta). Esta línea entre dos metadatos permitía a la agencia correlacionar identidades con sus movimientos en la ciudad. También con compras. Y si ahora incluímos en la ecuación este simple par de metadatos con los de los demás ciudadanos, nos encontramos con que una agencia de inteligencia podía además saber con quién habíamos hablado.

La primera mitad del documental narra, cámara en mano, esos 8 días en los que Edward Snowden se reunión con Laura y Glenn en uno de los hoteles de Hong Kong. El cómo prepararon el encuentro, después de meses de mantener comunicaciones muy específicas. El cómo deberían reconocerse (“Estaré sentado en un banco del parque a las 10am, jugando al cubo de Rubik. Ustedes me preguntarán que dónde está X restaurante, y yo les diré que no estoy del todo seguro, pero que debería estar por la plaza. Entonces me seguirán…”).

También vemos de primera mano los momentos cumbres de la reunión, como el primer contacto ya en la habitación; el terror en el rostro de todos ellos cuando sonó, por error, la alarma de incendios del hotel; el percatarse después de dos días de filtraciones que habían dejado conectado el teléfono VoIP (y por tanto, rastreable) de la habitación; la paranoia generalizada que llevaba a Snowden a utilizar uno de esos cubre cabezas y manos para teclear la contraseña que le permitía acceder al sistema X-Keyscore, la plataforma front-end que utilizaban los agentes de la NSA para trabajar con los metadatos.

También hablaron de TEMPORA, el PRISM británico, dirigido por el GCHQ, y que era considerado internamente como el sistema de interceptación total, ya que recopilaba tanto metadatos como datos de comunicaciones.

Esas primeras horas después de la publicación de The Guardian, en las que la novia de Snowden, que nada sabía del asunto, fue sorprendida por unos agentes de la NSA. La sangre fría de Snowden al declarar frente a la cámara que no le importaba ser señalado como el whistleblower, que lo que esperaba es que gracias a ello ayudara a otros en su misma situación a no tener miedo, a formar parte de la HYDRA digital (si uno cae, habría otros siete que hicieran lo mismo).

También de cómo pudo acceder a toda esa información. Gracias a su trabajo como administrador de sistemas contaba con una acreditación PrivAcc superior en todo caso a la de la mayoría de trabajadores de la NSA.

En la segunda parte del documental, vemos la persecución de los gobiernos por desmentir primero, y presionar más tarde, tanto al propio Snowden, que tiene que pedir asilo en Rusia (donde por cierto le cancelan el pasaporte) y más tarde en Reino Unido con la ayuda de Wikileaks, como de los propios medios, con un Reino Unido que no duda en presionar a The Guardian para que entregue todo el contenido que tiene sobre el GCHQ y deje de publicar información comprometida.

Las reuniones que tuvieron los abogados de Snowden para ver cómo defender un caso “95% político y 5% legal”. El discurso de un Estados Unidos que le atribuye cargos de espionaje, asegurándose así que no haya defensa posible (Snowden no entrega la información a gobiernos extranjeros, sino a los medios de comunicación, pero eso da igual porque se le acusa de espionaje nacional).

El caso de Lavabit. De cómo el creador de esta herramienta de emails usada entre otros por Snowden intentó eliminar al proveedor de la ecuación, de forma que le fuera materialmente imposible entregar la información compartida cuando las autoridades se la pidieran. Y cómo éste tuvo que cerrar el servicio por presiones, nuevamente, de las agencias de inteligencia.

¿De qué sirve el derecho a la privacidad? ¿Por qué los gobiernos están tan interesados en erradicarlo?

La respuesta es muy sencilla. Sin privacidad no hay libertad de acción, de cambiar las injusticias de un sistema corrupto e interesado.

“Para mi todo se reduce al Poder del Estado contra la capacidad del pueblo a oponerse significativamente a ese poder” -decía Edward Snowden en aquella habitación.

Y es justo con lo que me gustaría que se quedase. La privacidad dota al pueblo de la capacidad de oponerse a las injusticias. Sin ella nos bloquean, nos mantienen controlados.

 

Edit a día 7 de Marzo del 2015: Como era de esperar, ya me han borrado el vídeo.