Ya he contado en más de una ocasión que una de las estrategias que más he ayudado a implementar en las empresas que me contratan para afrontar la transformación digital de la compañía pasa por migrar parte de su operativa informática a la nube.

Es, como ya expliqué no pocas veces en la web, una carrera de fondo, que debe estar bien articulada, donde el mayor problema no es puramente informático, sino social.

Sin embargo, a medio/largo plazo, produce sus frutos, y la organización acaba siendo más competitiva.

Esto ocurría… hasta ahora, porque recientemente estamos empezando a ver cómo algunas organizaciones hacen el paso contrario: migrar operativa de la nube a sus propios servidores.

Es la llamada Repatriación a la Nube (Cloud Repatriation), y en este programa del podcast EnCLAVE DIGITAL vamos a hablar sobre sus porqués.

¡Empecemos!

cloud repatriation

El paso lógico: De servidor físico a la nube

Como te decía, llevamos ya más una década en la que el paso lógico era migrar servicios y operativas de un servidor dedicado, y generalmente físico en las propias oficinas de la empresa, a un entorno cloud.

Y digo lógico porque, con los datos en la mano, una infraestructura cloud:

  1. Sale más barata: Al no tener que suplir los costes de la compra y mantenimiento del hardware donde opera, y pudiendo escalar en recursos de forma totalmente orgánica (unos simples clicks en una interfaz y sin tener, por tanto, que comprar e instalar otro servidor en la oficina ya no solo para dar solución a la necesidad actual, sino también cubriendo potenciales necesidades de mayores recursos a futuro).
  2. Es más segura: Porque difícilmente una empresa, sea tamaño que sea, va a poder competir en cuanto a talento con un gigante cloud como puede ser Amazon, Google, IBM o Microsoft.
  3. Es más robusta: Ya que, de nuevo, la infraestructura cloud, con la georedundancia (básicamente, la capacidad de tener distribuidas copias de los mismos archivos en diferentes partes del mundo) y los tiempos de desconexión que se manejan actualmente (en la mayoría de nubes comerciales aseguran por contrato un mínimo de 99,99% del tiempo disponible), difícilmente compite en igualdad de oportunidades con un servidor local, que puede quemarse, estropearse, y depende de potenciales problemas de suministro eléctrico o de conectividad con el proveedor de red.
  4. Permite mayor grado de productividad: Al estar pensada, ya en la fase de diseño, en ser accesible desde cualquier lado y con cualquier dispositivo… frente a un entorno local, generalmente mucho más limitado en cuanto a alcance, experiencia de usuario, y disponibilidad.

Recalco que esto ocurre tanto en mediana/gran empresa, como también en PYMEs e incluso autónomos, siendo estos dos últimos casos los que, sin lugar a dudas, más se han beneficiado de la llegada de nubes comerciales.

A fin de cuentas, y por su propia ideosincrasia, una pequeña empresa o proyecto no tiene ni la logística, ni el conocimiento, ni los recursos para montarse un servidor propio, gestionarlo ellos mismos, y además mantenerlo actualizado y funcionando 24/7.

Sin embargo, pagar una suscripción de, pongamos, 100€ al año, por contar con toda la suite de herramientas de productividad de Google o de Microsoft, pues mira, tiene mucho más sentido.

El factor humano es clave en cualquier proceso de digitalización

A los consultores tecnológicos nos pirra la tecnología, pero no hay que olvidar (y a pesar de que pueda sonar como una obviedad) que una empresa no deja de ser un grupo de personas haciendo cosas para otro grupo de personas (los clientes).

Da igual si es B2B o B2C.

Somos personas haciendo cosas para otras personas.

Y por tanto, el foco debe estar en entender las necesidades reales del trabajador y del cliente, implantando una serie de tecnologías que supongan una mejora en su experiencia de uso.

Es más, como te contaba al comienzo del podcast, realmente el mayor handicap que me he encontrado en los procesos de transformación digital no es la propia definición de recursos, o la implementación informática.

Esto, se estructura con una y varias reuniones del equipo para entender cuáles son sus necesidades y operativas del día a día, y luego se ejecuta en base al conocimiento que tenemos en este tipo de ecosistemas informáticos.

El principal handicap que me he encontrado es la propia reticencia de algunos trabajadores a abrazar nuevos sistemas.

Aunque ello suponga, a medio plazo, que tendrán que dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y monótonas:

En uno de los últimos proyectos de transformación digital en los que he estado envuelto, teníamos que migrar el servidor de correo, el sistema de booking y calendarios de toda la organización (una empresa de servicios B2B) a un entorno cloud.

En este caso, a GSuite, la infraestructura en la nube de Google para empresas.

La migración se hizo en dos fases, dando dos meses de adecuación a las nuevas herramientas, y formando a los trabajadores en cómo usarlas para ahorrar tiempo.

Seis meses después, al hacer la evaluación final, descubrimos cómo el 20% de la plantilla incumplía sistemáticamente parte o la totalidad de procesos migrados a la nube, teniendo que duplicar el trabajo, y por tanto perdiendo más tiempo.

La principal razón que nos dieron es que «ellos ya estaban acostumbrados a usar el servidor antiguo».

Y, sin embargo, la digitalización funciona

Pese a ese 20%, lo cierto es que la empresa había mejorado significativamente los resultados frente al mismo semestre del año anterior. Y lo más importante de todo es que el resto de trabajadores sí había notado una mejora significativa en los procesos más pesados de su día a día.

Es más, gracias a que ahora todo se trabajaba desde la nube, estaban empezando a probar dos días a la semana de teletrabajo.

Algo que antes del cambio, directamente, era imposible (aunque al servidor se podía acceder mediante VPN corporativa, algunos de los procesos requerían acceso a documentos excel que, para evitar posibles conflictos de edición, solo estaban disponibles en unos ordenadores específicos de la oficina).

De hecho, con la migración del correo y del servidor de almacenamiento a nubes como la de Google, se evitan, de golpe, tres de los principales riesgos de seguridad en entornos corporativos:

  1. Google es capaz de identificar el 99% de campañas de phishing: El correo de fraude en la mayoría de los casos ni tan siquiera llega como tal al trabajador, sino que este solo recibe una alerta de que alguien desde esta dirección de correo le ha enviado un email que contenía un malware.
  2. Somos inmunes al ransomware: Puede que nuestro ordenador se corrompa y el malware cifre nuestros documentos, pero al tenerlos sincronizados con Google Drive, bastaría con volver a una versión anterior para recuperarlos. Y los que creemos directamente con su suite son inmunes, ya que en sí no son documentos físicos (no ocupan espacio en nuestras carpetas).
  3. Es posible parametrizar los permisos de acceso de cada trabajador: De manera que evitamos la pérdida de conocimiento cuando un trabajador se va, y además, minimizamos el perímetro de exposición frente a una potencial brecha de seguridad que afecte a uno de los trabajadores.

Esto, recalco, es lo que suele pasar cuando afrontas una migración a la nube en una organización: La mayoría de los trabajadores acaban interiorizando los nuevos procesos y aprovechándose de su ventaja estratégica, pero siempre aparece alguna oveja negra que se niega, por principios (lleva media vida haciendo algo de una manera, y vas a venir tú ahora a decirle que hay otra forma mejor de hacerlo…) o por simple proteccionismo (miedo a que el día de mañana, si esta serie de procesos se han documentado y estructurado correctamente, ya no sea tan necesario para la organización como ahora que solo él puede hacerlo).

Los gestores ya están avisados desde el principio (es más, a veces el problema viene dado precisamente por alguno de los jefes, y no tanto por los trabajadores), y aunque mi equipo puede ayudarles con la transición, ya depende de ellos el querer o no solucionarlo.

La llegada de la Repatriación a la Nube

Sea como fuere, esto ha sido así… al menos, hasta ahora.

Y es que desde hace un par de años han empezado a surgir estudios que señalan un cada vez mayor interés de las organizaciones por recuperar el control directo de la infraestructura.

Claro está, casi todos los estudios, como este de 451 Alliance, se centran en empresas de gran tamaño. Justo aquel perfil de compañías que te comentaba, donde los beneficios del cloud corporativo ya no son tan distintos a los que ellos mismos, con su propia infraestructura, pueden llegar a conseguir:

451 Research encontró que, en los últimos 12 meses, el 54% de los encuestados dijeron que sus organizaciones habían trasladado cargas de trabajo o datos fuera de la nube pública.

Informe de 451 Research (EN)

Entre los motivos, señalan los problemas asociados a la regulación debida a la localización de los datos, potenciales costes imprevistos, e incluso problemas asociados a no tener el control directo de la tecnología usada.

Sobre lo primero, poco más que añadir: Es cierto que con los continuos cambios regulatorios en diferentes países, la decisión de apostar por una nube corporativa u otra puede acabar forzando a las empresas a realizar auténticos malabares para seguir cumpliendo la regulación, y a la vez, no tener que echar para atrás parte de su infraestructura.

Recordemos, por ejemplo, que en Europa muchos usamos nubes creadas por empresas estadounidenses… que pueden operar con datos de europeos gracias a acuerdos bilaterales que duran unos pocos años. Cada cierto tiempo, y de hecho, estamos actualmente en uno de esos procesos de transición con la DMA y la DSA europea (disclaimer: ya he dedicado dos podcast en exclusiva a cada una de estas normativas, así que si te interesa, échale un ojo a los programas anteriores), toca ver cómo estas nubes deben cambiar el modo de uso de sus plataformas para cumplirlas… o no, lo que puede dejar vendidos a sus clientes.

Respecto a los costes imprevistos, muchas empresas de gran tamaño aseguran que las compañías de cloud computing les aplican tarifas ocultas, gastos extra no contemplados a priori cuando, por ejemplo, deben migrar a otra nube, o cambios en las tarifas que impactan significativamente en los márgenes de negocio.

Y por último, el tercer punto, que versa sobre la idoneidad o no del control directo de la tecnología, es el que más interesante me parece, y es que, pese a que, a priori, el no tener que gestionar directamente la infraestructura libera a las compañías de todas las problemáticas que ello entraña (lo que, de nuevo, debería repercutir en menores costes eventuales y periódicos), hay algunos elementos a considerar:

  • Para empezar, es cierto que la concentración tecnológica supone, de facto, mayores riesgos de seguridad: Cuando cada compañía gestionaba su propia infraestructura, esta tiende a ser, por la propia escalabilidad tecnológica, menos segura ante ataques de ámbito local. Sin embargo, al delegar la responsabilidad de la seguridad en una plataforma gestionada por terceros, se concentran los riesgos, que pasan a ser globales, lo que se traduce en que quizás tu infraestructura acabe afectada por un ciberataque no dirigido hacia tu organización, sino hacia la de otro que está usando la misma nube que tú.
  • Y por otro lado, esto supone aceptar que el control de los cambios tecnológicos no depende de nosotros, sino de la compañía gestora de la nube. Algo que, sobre todo en entornos complejos de mediana/gran empresa, puede suponer un coste extra de adecuación de sistemas propios a tecnologías o versiones de estas tecnologías más modernas. No porque sean mejores per sé, sino porque estamos forzados a aceptarlas ya que la nube que hemos elegido ha decidido migrar hacia ello.

La IA y los sistemas de procesamiento en local

No quería terminar sin hablar de un tema que bebe directamente, a mi forma de entender, sobre esta tendencia tecnológica.

Y ese no es otro que el edge computing, o lo que es lo mismo, la tendencia a ofrecer sistemas de procesamiento de datos en local, cada vez más cerca del usuario final (o de la fuente de los datos), para reducir latencias y/o asegurar la privacidad de los datos.

A una multinacional tecnológica quizás no le haga mucha gracia saber que sus sistemas de inteligencia artificial están usando una infraestructura de una compañía que potencialmente puede ser competencia directa suya. O peor aún, que gracias a esos datos, está consiguiendo que esa potencial competencia desarrolle unos sistemas de inteligencia artificial cada vez más potentes.

Pese a que por contrato se asegure, por activa y por pasiva, que no van a explotar comercialmente o con fines de I+D+i, los datos vertidos por sus clientes de pago.

Bajo este prisma, la idea de pasar a usar infraestructuras mixtas, donde se mantiene parte de la operativa «simple» en entornos cloud, y se vuelve a infraestructura propia para la gestión del procesamiento algorítmico, cobra cada vez mayor interés.

Quizás, por tanto, el futuro de la nube sea justo ese: El de servir con una serie de garantías a las organizaciones que así lo deseen, pero manteniendo un nivel mínimo de control en local para aquellos procesos o tecnologías que son core de negocio.

La eterna dupla, vaya, entre apostar por un servicio de tercero, o montárselo a lo Juan Palomo (desarrollo a medida), solo que aplicado a la infraestructura tecnológica.

Echas las presentaciones, ahora turno para ti:

  • ¿Utilizáis u os habéis planteado usar servicios en la nube en tu empresa?
  • Y si es que sí, ¿os habéis planteado volver a arquitecturas híbridas, o directamente en local?

Te leo en comentarios.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor de presencia digital y reputación online.

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