ciberacoso menores

Hace apenas unos días, Jan Téllez Asensio, periodista de la Agencia EFE, me contactaba para una entrevista sobre un tema tan delicado como urgente: el ciberacoso a menores, y más concretamente, el acoso sexual que muchos de ellos sufren en entornos digitales.

Desde hace años, en CyberBrainers hemos ayudado a familias que han vivido este infierno digital. Y aunque cada caso es único, hay patrones que se repiten, tecnologías que agravan el problema y errores que podríamos evitar si tuviéramos la información y las herramientas adecuadas.

Este artículo es un resumen ampliado de esa entrevista, que se ha ido publicando en diferentes medios como La Vanguardia (ES). Lo publico porque creo que merece la pena que esta información llegue a más personas: padres, educadores, profesionales del mundo digital… y también a quienes tienen el poder de legislar o de tomar decisiones en las grandes plataformas tecnológicas.

Qué es el ciberacoso sexual a menores y cómo se da

El llamado grooming es uno de los delitos más oscuros que nacen de nuestro uso digital. Y lamentablemente, es más común de lo que nos gustaría creer.

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Un menor con acceso a internet tiene hoy más probabilidades de ser contactado por un adulto con intenciones sexuales que de sufrir una agresión física en la calle.

Así de claro.

Este tipo de acoso puede empezar con algo tan aparentemente inocente como un mensaje en una red social, un comentario en un vídeo o incluso una partida en un videojuego online. El adulto se hace pasar por alguien de su edad, inicia conversación, gana su confianza y poco a poco va subiendo el tono hasta que el menor se siente atrapado emocionalmente.

He visto cómo se repite este patrón con una frialdad escalofriante. Y no hablamos solo de casos extremos, sino de situaciones cotidianas en las que un niño o una niña accede a plataformas sin supervisión, con un perfil público, y sin formación sobre los riesgos.

El papel de la inteligencia artificial: ¿parte del problema o de la solución?

La inteligencia artificial ha irrumpido en todos los sectores, y el del ciberacoso no es una excepción. Pero su papel es ambivalente.

  • Por un lado, los ciberdelincuentes ya están usando IA generativa para crear deepfakes de menores. Basta con que un niño tenga fotos públicas en redes sociales para que un atacante las use y las transforme en imágenes pornográficas falsas que luego pueden distribuir, vender o utilizar como chantaje. Es una distorsión perversa de una tecnología que, mal empleada, se convierte en arma.
  • Por otro, también es cierto que algunas plataformas están empezando a utilizar IA para detectar patrones sospechosos en los mensajes, cambios de comportamiento en los chats o incluso lenguaje manipulador. Esto puede ayudar a actuar antes de que se produzca el daño, pero sigue siendo un campo en construcción.

Y lo más preocupante: no hay estándares comunes, ni protocolos obligatorios, ni transparencia sobre cómo se aplican estos sistemas.

Al final, todo depende de la voluntad (o del miedo a la multa) de cada empresa.

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Cómo se puede combatir el ciberacoso sexual a menores

No hay una solución mágica, pero sí varias líneas de defensa que deben combinarse:

  1. Educación desde pequeños. Padres, madres, profesorado y referentes adultos deben hablar abiertamente con los menores sobre lo que puede ocurrir online. Igual que enseñamos a no cruzar la calle sin mirar, tenemos que enseñar a desconfiar de quien les pide fotos íntimas, a no compartir información privada, y a pedir ayuda si algo les incomoda.
  2. Herramientas tecnológicas. No hablo de espiar a los menores, sino de establecer controles parentales adecuados a cada edad, y revisar juntos las configuraciones de privacidad. Las plataformas deben ofrecer soluciones realistas, y no esconder las opciones detrás de menús infinitos.
  3. Protocolos claros en las plataformas. Es hora de exigir a redes sociales, apps de mensajería y videojuegos online que tengan vías efectivas de denuncia, moderación proactiva y colaboración con las autoridades.
  4. Denuncia y acompañamiento. Si el acoso ya se ha producido, es vital actuar rápido. Denunciar ante la policía, bloquear al acosador, conservar pruebas y, sobre todo, acompañar emocionalmente al menor. El daño psicológico puede ser enorme, y muchas veces invisible al principio. Y en todo este proceso te puede ayudar contar con la experiencia de abogados penalistas (ES) especializados, al igual que en otras situaciones que involucran redes cibercriminales.

¿Es fácil perseguir a los autores de estos delitos?

La respuesta rápida: depende.

Si el acoso ocurre en una red social que colabora con las autoridades, y se actúa pronto, sí es posible identificar y procesar al culpable.

El problema viene cuando los atacantes usan identidades falsas, conexiones cifradas, VPNs o plataformas que no están en Europa ni cumplen con normativas como la DSA o el RGPD. En esos casos, el rastreo puede durar meses… si es que se consigue.

Y mientras tanto, el menor y su familia están en una especie de limbo, gestionando la angustia, el miedo y en muchos casos, el estigma.

¿Qué perfil tienen los acosadores?

Hay muchos mitos en torno a esta figura. No siempre son personas marginadas ni fácilmente reconocibles. Muchos tienen trabajo, pareja, incluso hijos. Pero tienen también una doble vida digital, en la que se mueven con habilidad y manipulan emocionalmente a menores como si fuera un juego macabro.

Suelen ser personas pacientes, con conocimientos básicos o medios de tecnología, que saben cómo ganarse la confianza de un menor.

Y lo más peligroso: lo hacen con una sensación de impunidad.

Más allá del acoso sexual: otros tipos de ciberacoso a menores

Durante la entrevista también hablamos de otros tipos de acoso que sufren los menores online, más allá del sexual.

El más habitual es el ciberbullying, que traslada el acoso escolar al entorno digital. Suele venir del entorno cercano del menor —compañeros de clase, del barrio, del equipo de fútbol— y se da en redes sociales, grupos de WhatsApp, comentarios o vídeos.

Otros tipos cada vez más comunes son:

  • La difusión de contenido íntimo sin consentimiento (sexting no consentido)
  • El doxing (publicar datos privados del menor)
  • La exclusión social online (aislar a alguien de grupos digitales)
  • La suplantación de identidad (crear perfiles falsos para humillar o acosar)

Y lo peor es que muchas veces se combinan, generando una espiral de violencia digital muy difícil de frenar si no se detecta a tiempo.

Por qué debemos hablar más de esto (y no solo cuando hay un caso mediático)

Lo que está claro es que este no es un tema que se solucione con una app ni con una campaña de concienciación cada vez que un caso salta a los medios. Requiere un cambio cultural, una implicación real por parte de todos los agentes: familias, docentes, empresas tecnológicas, medios y administraciones.

Y sobre todo, implica dejar de mirar hacia otro lado.

Por eso agradezco tanto a Jan y a EFE que pusieran este tema sobre la mesa. Porque hablarlo ya es parte de la solución.

¿Eres padre, madre, educador o profesional y quieres saber cómo proteger a tus hijos o alumnos en entornos digitales? ¿Has vivido una situación de acoso online y no sabes por dónde empezar?

Escríbeme. Desde CyberBrainers ayudamos a prevenir y gestionar este tipo de situaciones con discreción y eficacia.