Imagina que mañana abres YouTube y los diez vídeos más vistos del día no los ha grabado ningún humano.

Son obras creadas íntegramente por inteligencia artificial: guion, voz, gestos, planos de cámara, y una edición más limpia que la de la mayoría de profesionales.

  • ¿Qué pasa entonces con todos los que vivimos (o intentamos vivir) de crear contenido?
  • ¿Qué sentido tiene seguir subiendo vídeos, artículos o posts cuando el algoritmo fabrica versiones “mejores” y más optimizadas que las tuyas?
  • ¿Y cómo puede sobrevivir una marca personal en un mundo en el que el contenido se ha convertido en una mercancía infinita y gratuita?

A lo largo de este nuevo episodio del podcast enCLAVE DIGITAL vamos a responder a esas tres preguntas.

Y lo haremos desde la perspectiva que llevo años defendiendo: que la clave ya no está en crear más contenido, sino en construir autoridad de marca.

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No importa cuántos likes acumules, sino la confianza que inspires.

Y esa diferencia, créeme, marcará el abismo entre los que desaparezcan y los que encuentren su hueco en la nueva economía creativa.

¡Empecemos!

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Y dicho todo esto, ¡continuemos!

El final del influencer tal y como lo conocemos

Hace unos días, Jimmy Donaldson —más conocido como MrBeast—, el creador de contenido más grande del planeta, comentaba en una entrevista algo que llevo tiempo advirtiendo a mis clientes.

Escucha:

“Cuando los vídeos de IA sean tan buenos como los vídeos normales, me pregunto qué hará YouTube al respecto y cómo impactará a millones de creadores creando contenido para vivir.

Estamos entrando en tiempos aterradores para los creadores”

MrBeast en su cuenta de X (EN)

Y ojo, fíjate que su preocupación no es que la IA quite trabajo a los editores o guionistas. Un tema del cual ya hemos hablado largo y tendido por la web en todos estos últimos años, sino que directamente sustituya por completo a los propios influencers.

Que mañana un canal generado por IA produzca cien vídeos diarios, cada uno personalizado para distintos segmentos del público, con una calidad imposible de igualar para un ser humano, y eso haga que los algoritmos que rigen estas plataformas no tengan otra que recomendarlo en el feed de contenido a cada una de esas audiencias… por encima del contenido generado por ese influencer que lleva tantos años generando contenido en la plataforma.

El problema no es, por tanto, el talento. Es la escala.

Hasta ahora, la ventaja competía en creatividad.

Pero cuando la creatividad se automatiza, el motor del juego cambia.

Los algoritmos ya no premian la originalidad, sino la recurrencia y el volumen.

Y en eso, un humano parte en clara desventaja.

En este sentido, lo que ocurre en las redes sociales recuerda mucho a lo que vimos con Hollywood en la era del streaming. Al principio, plataformas como Netflix prometían libertad y diversidad creativa. Pero pocos años después, todo se homogeneizó: series diseñadas con “fórmulas” de engagement, guiones optimizados por datos, ritmos calculados para evitar que el espectador parpadee.

Con la IA, esa homogeneización se multiplica por mil.

Y sin embargo, en todo esto hay un matiz que muchos olvidan: el público no busca únicamente calidad técnica, sino conexión emocional.

Ahí es donde entra el juego de la reputación y la percepción de autoridad.

Volveremos a esto más tarde, pero quédate con esa idea.

La paradoja de las redes sociales sin publicaciones

A esto júntale otro hecho.

Las barreras de entrada a la producción de contenido nunca han sido tan bajas.

De hecho, ya expliqué en no uno, si no dos episodios del podcast recientes, cómo, con la IA, la creación de contenido se ha democratizado, y a la vez, cómo cualquiera de nosotros, sabiendo usarla correctamente, puede volverse un superhéroe (ser profundamente más operativo en su día a día), poniendo mi caso personal.

Y oye, qué mejor que el Pablo de hace unos meses te lo cuente en persona:

Desde fuera, como te decía, puede parecer que trabajo de sol a sol.

Y es que:

  • Publico entre cuatro y cinco artículos semanales de más de mil palabras en diferentes blogs (PabloYglesias, CyberBrainers, EdicionesPY y EliminamosContenido).
  • Lanzo tres newsletters semanales… como mínimo (una pública y gratuita llamada «Las 7 de la Semana«, que se envía todos los lunes a primera hora y que si no estás suscrito, deberías ya que es la forma más sencilla de estar al tanto de todo lo que ocurre en el sector, y dos privadas, la del martes con un informe temático sobre negocios digitales, tecnología o seguridad que analizo en profundidad, y la del jueves con el resumen de todas las brechas de seguridad y filtraciones que se han conocido los últimos días, ambas exclusivas para miembros del Club Negocios Seguros).
  • Grabo un videopodcast semanal (como este que estás viendo, escuchando, o leyendo ahora mismo), que se publica con su respectivo artículo cada miércoles.
  • Y por si esto fuera poco, además, acompaño todo ese contenido con vídeos cortos que publico en TODAS las redes sociales. Que si revisas mis redes, parece que estoy siempre conectado generando contenido, con una presencia muy activa en todas ellas, compartiendo contenido tanto mío como de terceros, y respondiendo a mi comunidad.

Todo mientras, recordemos, tengo mis negocios, y por tanto, me toca atender a mis clientes y viajar regularmente para dar formaciones y charlas.

Es normal que para el grueso de la audiencia les parezca que tiene que haber trampa.

O tengo varios minios que me hacen el trabajo, o no soy humano.

Esto último es cierto que yo, a veces, también lo dudo :D.

Pero, ¿la realidad?

¿Y si te digo que todo este contenido lo genero y programo dedicando «solo» dos mañanas a la semana?

Que me roba, por tanto, unas diez horas semanales.

Exactamente lo mismo que me lleva robando la creación de contenido desde que empecé con esto de compartir contenido en Internet hace ya más de una década.

13 años justos, para ser exacto, en el momento en el que veas este episodio.

Que se dice pronto…

Pese a que ahora, como puedes ver, publico mucho más, y encima con mucho contenido audiovisual, que requiere, en principio, muchísimo más tiempo y dedicación.

¿ Que cuál es el secreto?

Pues un uso inteligente de herramientas asistidas por inteligencia artificial.

Pues bien, frente a esto, lo cierto es que cada vez menos usuarios generan contenido en redes sociales.

Suena contradictorio, ¿verdad?

Pero es la pura realidad.

Si en 2018 la BBC calculaba (EN) que cerca del 40% de la población mundial usaba redes sociales, dedicando unas dos horas diarias a compartir, hoy los usuarios siguen conectados, pero cada vez menos dispuestos a mostrar su vida.

Directamente, cada vez hay más usuarios que no publican nada.

Las cuentas “silenciosas” crecen año a año, especialmente entre las generaciones que más tiempo pasan en redes.

Concretamente, y según un informe de Morning Consult (EN), un 28% de los estadounidenses publica menos que hace un año, frente a un 21% que lo hace más. Entre la Generación Z, apenas un 18% admite postear a diario.

Y si nos vamos a España, la tendencia sigue el mismo patrón.

Hace poco, IAB Spain presentaba la 16ª edición del Estudio de Redes Sociales 2025 (ES), y el estudio confirma un desgaste similar: el 33% de los internautas ha abandonado alguna plataforma en el último año, sobre todo X (un 28%) y Facebook (un 15%), pero también Pinterest (otro 15%) o LinkedIn (un 12%).

Nunca ha sido tan fácil crear, y sin embargo, nunca ha sido tan habitual no hacerlo.

Las razones son múltiples: cansancio, miedo al juicio, saturación de estímulos… Pero el trasfondo es el mismo: la conversación pública se ha concentrado en pocas manos.

Las redes se llenan de espectadores, no de participantes.

Si antes la barrera era técnica (necesitabas un equipo, tiempo, conocimientos), ahora es psicológica.

La competencia es tan brutal que muchos prefieren no exponerse.

La National Public Radio (NPR) lo ha bautizado (EN) recientemente como Grid Zero, el fenómeno de Instagram en el que cada vez más jóvenes, sobre todo de la Gen Z, borran todas sus publicaciones y dejan sus perfiles como un “lienzo en blanco”.

Adam Mosseri, cabeza visible de Instagram, confirmaba recientemente estos datos:

“Los adolescentes pasan más tiempo en mensajes privados que en Stories, y más en Stories que en el feed”.

Adam Mosseri a colación de los últimos cambios en la experiencia de uso de Instagram

Fíjate que hace nada menos que 6 años un servidor ya hablaba de esto en la página.

Escucha:

Si algo hay que agradecerle a Snapchat, es que en 2013 sentó las bases de lo que realmente debería ser la sociabilidad digital: dosis de comunicación empaquetadas en un formato efímero.

Unas bases que incluso se han llevado, privacidad en mano, a otros sectores de la compartición de información en derroteros digitales, mundo corporativo incluido.

Pero estamos en 2020, e Instagram y TikTok son las herramientas (sociales) hegemónicas del momento, manteniendo un interés absurdo por el contenido perenne. Justo al contrario de lo que dicta la comunicación personal, y ya de paso, el sentido común.

Eso sí, desde que Snapchat llegarse al mercado y Facebook, tras intentar comprarla hasta en tres ocasiones, decidiese como otras tantas veces fagocitarla en base a copiar lo que la hacía única en todos sus servicios, hemos vivido una nueva oleada de tendencia hacia abrazar el formato efímero en las comunicaciones digitales. Principalmente empujada, y por anecdótico que parezca, por las nuevas generaciones.

Artículo de Pablo F. Iglesias en su web

Y claro, todo esto tiene consecuencias directas para cualquier estrategia digital.

Si la mayoría solo consume, y el resto compite por captar su atención en milésimas de segundo, el valor de cada impacto se diluye.

Y ahí, justo ahí, es donde la autoridad de marca vuelve a ser el faro que separa la oscuridad del ruido.

Porque, cuando te conviertes en una voz de referencia, la gente no sigue solo lo que haces, sino quién eres y lo que representas.

Te explico.

Autoridad: el nuevo SEO del siglo XXI

Hace apenas un mes publicaba un episodio del podcast titulado “¿Está muerto el SEO en la era de los asistentes virtuales e IA?”.

En aquel episodio, defendía algo que puede parecerte una herejía si, como un servidor, ya tienes más de una treintena de años: que Google ya no es el centro de la búsqueda, que las respuestas vendrían de los asistentes inteligentes, y que eso obligaría a todos nosotros —marcas y creadores— a construir presencia más allá de las palabras clave.

Es más, uno de los primeros episodios de este podcast se centró precisamente en explicar cómo, incluso antes del auge de la IA, el negocio de los buscadores estaba cada vez compitiendo con unas nuevas generaciones que solían buscar más en TikTok, en Youtube, y en definitiva, en los jardines vallados de las redes sociales.

Y hoy este hecho ya no es una predicción.

Es la realidad.

Servicios como ChatGPT, Gemini o Perplexity se han convertido en el punto de entrada para millones de usuarios. Y en este nuevo mapa, no ganan quienes mejor posicionan, sino quienes tienen credibilidad suficiente para ser citados como fuente.

Por eso digo que la autoridad es el nuevo SEO.

Yo mismo no tengo millones de seguidores ni un canal de YouTube con cifras mareantes.

Pero, fíjate: me gano la vida mejor que la mayoría de estos influencers.

¿El por qué?

Pues porque mi negocio no depende de visualizaciones, sino de la confianza que mi marca proyecta.

Cuando un emprendedor, una marca personal, o una empresa necesita blindar su reputación o diseñar una estrategia de presencia digital, no busca al más viral: busca al más fiable.

En el futuro —probablemente, mucho más cercano de lo que creemos—, las inteligencias artificiales generarán contenido tan bueno que el usuario promedio ni siquiera distinguirá si detrás hay o no una persona. Lo que marcará la diferencia no será la obra, por tanto, sino la firma.

Y ahí, justo ahí, es donde como creadores de contenido podemos destacar.

El contenido sintético y el valor real

Aquí es donde entramos en terreno pragmático.

Si el contenido generado por IA va a inundarlo todo, ¿qué hacemos los que vivimos de crear?

Pues la respuesta es menos técnica de lo que parece: apostar por el valor tangible.

Las marcas personales que sobrevivan serán aquellas que sepan transformar su conocimiento en herramientas, metodologías, productos o servicios aplicables.

No basta con enseñar: hay que construir algo que el público pueda usar.

Y sobre todo, QUIERA PAGAR POR ELLO.

En mi caso, por ejemplo, mi modelo de negocio no depende únicamente del tráfico del blog o de los seguidores.

Depende de proyectos de consultoría, de sesiones formativas, de estrategias de reputación digital, de conferencias y del desarrollo de sistemas.

Es decir, de servicios que aportan valor directo y medible a mis clientes.

Los creadores que basen su actividad, por tanto, solo en la visibilidad, corren el riesgo de quedar desplazados.

Pero quienes sepan usar su comunidad como base para ofrecer productos reales… tendrán una ventaja difícil de replicar por una IA.

Y es que, como reza la home de mi página web… los algoritmos cambian cada semana; la reputación, en cambio, se construye con constancia y coherencia.

De la audiencia al ecosistema hipersegmentado

Otro segundo cambio crucial será mental.

Durante años, todos hemos hablado de “crear audiencia”. Pero ese enfoque está quedando obsoleto.

Tener millones de seguidores ya no garantiza nada si no hay una relación de valor mutuo.

Y es que, te puedo asegurar que conozco a creadores con centenares de miles de seguidores que no ven un mísero euro, por el simple hecho de que su contenido es muy viral, pero está dirigido a un público objetivo que no pagaría nada por lo que pudiera ofrecer dicho creador.

Y de la publicidad de plataformas como Youtube, que es, por cierto, de la que mejor paga, tampoco se puede vivir.

Como mucho te sacas una paguita extra.

Al menos, en el mercado hispanohablante, y es que, ¿cuánto dirías que es la media de lo que paga Youtube a los creadores por cada 1000 visualizaciones?

¿10 euros? ¿5 euros?

Nada más lejos de la realidad.

Entre 0,25 y 4 euros está la media actual.

Pues bien… ¿sabes cuánto me paga a mi Youtube por cada 1.000 visualizaciones en mi canal?

Pues alrededor de 12 euros.

¿La razón?

Mi contenido está enfocado a un público objetivo profesional. Tengo por tanto muchas menos visualizaciones, pero pese a ello, puedo monetizar, incluso directamente, mucho más que otros que multiplican por mucho el alcance de sus contenidos.

En el nuevo paradigma digital, por tanto, no se trata de acumular seguidores, sino de construir ecosistemas. Comunidades en las que exista una interacción real, una economía simbiótica entre creador y seguidor.

Por último, el tercer fenómeno que se va a acelerar con esta revolución es la hiperpersonalización.

Las IAs permitirán adaptar mensajes, productos y experiencias a niveles nunca vistos.

¿Qué significa esto para nosotros?

Pues que podremos crear propuestas de valor mucho más precisas, siempre que mantengamos el control de la narrativa.

Por ejemplo, un creador con autoridad podrá usar IA para automatizar parte de su contenido, sin perder coherencia ni autenticidad. Convertir un artículo en una serie de microvídeos, o un guion en un curso interactivo, no será el problema.

El reto estará en conservar la coherencia de la voz y los principios que lo respaldan.

Porque eso, la IA sola no puede inventarlo.

El futuro del contenido no será, por tanto, un enfrentamiento entre humanos y máquinas, sino entre quienes entienden el poder de delegar y los que no.

Cuando una IA crea contenido, genera consumo, no comunidad.

Y ahí es donde los humanos seguimos teniendo la ventaja: entendemos el contexto emocional, el propósito y el ritual que hay detrás de la interacción.

Quienes trabajamos la reputación online, lo sabemos bien.

No se trata solo de que hablen de ti, sino de cómo y por qué lo hacen.

En un entorno dominado por contenido sintético, la autenticidad se convierte en un activo escaso, y por tanto, valioso.

Cómo prepararte como creador de contenido

Como hago siempre en mis contenidos, no quería terminar sin dar una serie de tips para que puedas tomar acción y adelantarte a lo que viene.

Si eres creador o gestionas una marca personal, hay tres pasos que deberías considerar desde ya:

  1. Define tu autoridad: ¿en qué quieres ser referencia? No intentes abarcarlo todo. Un nicho sólido vale más que una audiencia dispersa. Por ejemplo, en mi caso, ya ves que hablo de reputación, de negocios digitales y de tecnología, tres temas que atacan a una misma necesidad que todos los humanos tenemos: el dinero.
  2. Construye activos propios: newsletter, curso, libro, consultoría, comunidad privada. Algo que te pertenezca y que no dependa de plataformas de terceros. Porque ante un cambio de algoritmo, estás perdido.
  3. Integra la IA como aliada: automatiza, experimenta, pero no delegues tu criterio. La IA puede ayudarte a crear más rápido, pero solo tú puedes decidir hacia dónde.

De nuevo, te animo a que escuches o veas el episodio en el que hablo de cómo uso yo la IA para crear contenido. Seguro que puedes sacar de ahí varios puntos extra para aplicar ya en tu proceso creativo.

La clave no es competir con las máquinas, sino usarlas como extensión de tu propuesta.

Quedarse en el campo de batalla del “contenido por contenido” es una derrota segura.

La victoria está en el terreno del valor.

En fin, que podemos ver todos estos cambios que se nos vienen como una amenaza o como una limpieza necesaria.

Durante años, el ecosistema digital ha estado saturado de contenido vacío, de ruido disfrazado de visibilidad.

Y bajo este prisma, la llegada del contenido sintético supondrá el colapso de esos modelos, pero también abrirá un nuevo espacio para lo verdaderamente significativo.

En esa nueva era, la autoridad será el nuevo oro.

Porque cuando el contenido se vuelva infinito, la confianza será finita.

Así que la pregunta no es si la IA va a cambiar la forma de crear. Eso ya está pasando.

Las preguntas que realmente nos interesa hacer, y con las que quiero cerrar este episodio, son:

  • ¿Cómo vas a posicionarte tú en ese mundo donde todos pueden hablar, pero solo unos pocos logran ser escuchados?
  • ¿Estás construyendo una comunidad fiel o solo acumulando seguidores?
  • ¿Tu marca personal se basa en el contenido o en la confianza que generas?
  • ¿Y estás preparado para integrar la IA en tu modelo sin perder tu autenticidad?

Te leo en comentarios, y abramos debate.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor especializado en ayudar a referentes a blindar su reputación, diversificar y escalar su autoridad como marca.

Me puedes leer y escuchar en www.pabloyglesias.com (recuerda que la primera Y de «Yglesias» es «Y griega», que si no me confundís con otro), y me puedes escribir a contacto(at)pabloyglesias.com.

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