Gestión externa de la conversación: pan para hoy, hambre para mañana

Debatíamos hace un par de semanas sobre el cambio de rumbo de Disqus, una de las herramientas más habituales para gestión de comentarios en páginas, incluyendo publicidad en un formato que bajo mi punto de vista era muy invasivo.

Redes sociales

En él, le contaba mi reflexión cuando el año pasado quise darle un giro a la gestión de comentarios. WordPress no ofrece precisamente lo mejor de lo mejor en este apartado, y para colmo, se juntaba con la explosión que están teniendo las redes sociales y el surgimiento de servicios como Disqus cuyas features sin duda dejan a la altura del betún la gestión nativa.

Ahora bien, el miedo que tenía era precisamente que perdiera el control del debate, algo que estamos viendo recientemente en este tipo de intermediarios, y que tarde o temprano (sino podemos considerar que ya está ocurriendo) pasará con las redes sociales.

Por ello, me ha llamado la atención ver como si bien en los blogs este apartado es quizás uno de los más trascendentes (al menos para mi lo es), en los grandes medios están tirando hacia la externalización pura y dura, pese a que ello acarrea la pérdida de control sobre qué se dice y cómo del mismo.

Y no hablo del caso de España. Ni siquiera del ámbito hispanohablante, que queda patente que parece costarnos escribir comentarios en la propia página, sino de grandes webs como Re/code (EN/enlace roto) o Reuters (EN).

Hablamos de entregar en bandeja tu comunidad. De que el lector de Re/code o el de Reuters (pongo estos dos ejemplos porque son de estos días, pero la lista sigue) tenga que entrar en su perfil de Facebook, de Google+ o de Twitter para escribir un comentario. De que esos hilos no aparecerán en la página, y por tanto, no habrá un discurso central autogestionado, sino infinidad de ellos a pequeña escala.

Entre las ventajas de esta filosofía está claramente el hecho de que gestionar los comentarios es un trabajo extenuante. Lo es en menor medida para un servidor, que recibirá entre dos y cinco comentarios “nativos” (en esta página) al día, y lo es prácticamente inabarcable en un gran medio, donde pueden tener la friolera de quinientos o mil diarios.

Eso descontando que desde tiempos inmemoriales ese pequeño formulario de envío de comentarios se ha usado maquiavélicamente con fines de trolleo, de SEO (BlackSEO seguramente) e incluso como SPAM. Hay acercamientos interesantes, tanto con vista a luchar contra la figura del troll como del spammer, pero quitando esos posibles filtros iniciales, es un trabajo que debe ser hecho por humanos. Que sí, que hay formas de controlar estos últimos, pero no deja de ser una variable más a considerar (el AntiSpam debe estar al día con las tácticas utilizadas en el mercado) y un agujero negro para los recursos del servidor.

El resultado final es una necesidad menor de personal (prescindes de un equipo exclusivamente encargado de moderar comentarios), de especificaciones técnicas, de dinero (porque a fin de cuentas se paga en tanto en cuanto consumo realices) y sobre todo de foco, pudiendo centrarse en lo verdaderamente importante (generar contenido de valor) obviando el resto del discurso.

Pero con él, se silencia al lector, transformando un canal bidireccional en uno unidireccional. El medio se transforma en un periódico, en el que el usuario entra, lee el contenido, y “se va al bar de enfrente” a debatirlo.

Las redes sociales hacen de aglutinadores de la opinión del lector, externalizando el proceso, en una espiral en la que estas empresas obtienen más beneficio económico (más tiempo dentro de su ecosistema, más tiempo para conocernos mejor, más tiempo para mostrarnos publicidad) y los medios pierden el control de otra de las patas de la mesa: la primera fue el posicionamiento (los buscadores como esa ventana de internet que “trafica” con los listados de enlaces sugeridos a cada usuario). La segunda el valor de la evolución del contenido gracias al debate.

Volvemos a la época del 1.0, pero digital. La editorial escupe contenido, y el visitante puede comentarlo, pero fuera, donde sólo los amigos le oigan. El discurso válido es el único del autor, sin posibles represalias. Ya no hay sitio para el SPAM (bien), ni tampoco para opiniones contrarias (mal), aunque sea de esas que aportan valor al contenido.

¿Censura social encubierta? Pan para hoy, hambre para mañana.