Una mirada a ese mundo donde las corporaciones campan a sus anchas

TISA TTIP

Precisamente la semana pasada debatíamos al respecto: ¿Se deben establecer medidas que restrinjan la libertad digital en la red?

Una reflexión en la que he intentado ser lo más objetivo posible, aceptando diferentes puntos de vista en un tema tan complejo como necesario. ¿Quién debe velar por los intereses de los usuarios? ¿Gobiernos, corporaciones…, o los propios usuarios?

Sobre TISA, TTIP y TPP

Y mientras por esta humilde morada reflexionamos al respecto, en un tono civilizado y democrático, una alianza a puertas cerradas de varias potencias occidentales, con EEUU y Europa al frente (y excluidos forzosamente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), ha estado reuniéndose durante estos últimos meses para fijar la futura competencia del Trade In Services Agreement (TISA (EN)), pata tecnológica que a su vez pertenece al Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP (EN)), que es a su vez complemento del Trans-Pacific Partnership (TPP (EN)).


Ver un vídeo sobre las consecuencias del TTIP (ES/sub)
 

Quizás alguno de estos últimos le suene, puesto que parece que poco a poco empieza a llegar información (a cuentagotas, no obstante, y gracias a filtraciones consideradas “ilegales”) a los medios generalistas. Por la televisión parece que se han hecho eco de lo que significará una legislación como esta para la salud pública y para los derechos del trabajador, que son algunos de los puntos candentes que más parecen afectar al ciudadano, y que podríamos resumir en cuatro pilares:

  1. Mayor dependencia del petróleo y permiso para realizar “fracking” si se consuma la restricción a la utilización de los carburantes menos contaminantes.
  2. Ningún derecho a la hora de elegir comité de empresas o a la presencia de sindicatos en las huelgas.
  3. No etiquetaje de productos modificados transgénicamente (en EEUU no es obligatorio).
  4. Eliminación de las evaluaciones independientes de los medicamentos.

Leía además hace un par de semanas el relato de Ernest Urtasún (ES), eurodiputado español, que había pedido acceder a los informes de estas reuniones, y que definía así la experiencia:

“Me han quitado el bolígrafo, me han quitado cualquier papel sobre el que podría escribir y me han quitado el móvil. Luego firmas un documento de confidencialidad de 14 páginas y un funcionario te saca los documentos que el eurodiputado pide con antelación. El tiempo máximo es de dos horas y durante ese lapso el funcionario te controla permanentemente. […] Hablamos de un texto con un fuerte carácter técnico. Yo no soy experto en telecomunicaciones y necesito a algún asistente docto en esa área para interpretar los documentos. También necesito más de dos horas… […] Todas las condiciones que nos obligan a seguir para entrar en la sala son contrarias al parlamentarismo y a la democracia. […] Somos parlamentarios elegidos para representar e informar a los ciudadanos. Y para algo tan esencial como un tratado internacional, nos tratan como delincuentes o espías”.

En líneas generales, hablamos de estandarizar la legislación estadounidense, dominada por las corporaciones, al resto de países firmantes del tratado, con la eliminación de las reglas sobre los mercados financieros, alimenticios y de salud, que han sido históricamente más estrictas en Europa que en EE.UU.

Esto desde el punto de vista de la empresa es una bendición, ya que como bien sabe, Europa tiene una política que antepone habitualmente los intereses del ciudadano frente a los de las empresas, y que de esta forma, quedaría obsoleta. Los gobiernos pierden poder (bien) frente a las grandes corporaciones (mal), que ven aumentadas sus derechos.

Y es que es aquí donde quería llegar. No me voy a meter en temas de transgénicos, derechos del trabajador o ciclos de evaluación de productos médicos porque sinceramente, no soy una autoridad competente en ello.

Pero sí me parece interesante analizar los últimos informes divulgados por Wikileaks (EN) respecto al papel de TISA en cuanto a la privacidad del usuario y el tráfico de datos.

¿Qué representa TISA para el futuro tecnológico?

Comienzo con las palabras de un órgano tan trascendente como es la Electronic Frontier Foundation:

“TISA promulgará reglas globales que afectan a Internet sin pasar por los mecanismos de transparencia y control de los parlamentos nacionales. […] Incluye la prohibición a las leyes que obligan a que los proveedores de servicio almacenen los datos LOCALMENTE, lo que algunos países han utilizado como mecanismo de protección de información personal sensible, como los datos sanitarios, de forma que no puedan ser espiados en suelo extranjero. Aunque hay argumentos a favor y en contra de tales leyes, es inapropiado que un acuerdo internacional secreto como TISA elimine estos debates tan importantes“.

Y esto es lo que más miedo me da. Si una compañía puede denunciar a un país u organismo porque este ha demostrado que ha abusado de su posición dominante (véase el caso Google) aludiendo pérdidas económicas, se incentiva precisamente la picaresca (si me denuncian, obtengo un beneficio inmediato y de paso paralizo los trámites de esa denuncia).

Si mis datos pueden estar en servidores americanos, propicia a que el gobierno de este país pueda exigir acceso a los mismos alegando cualquier excusa de seguridad nacional.

Si la empresa no está obligada a rendir cuentas ante la justicia de un país previa petición judicial, para acceder al código o hardware en un proceso de regulación nacional, adquiere de facto una inusitada inmunidad a denuncias colectivas llevadas a cabo por sus clientes (y que ya ha llevado ante los tribunales a empresas como Microsoft).

Anteponer una legislación internacional por encima de una nacional debería ser motivo de escrutinio social, no de un acuerdo entre países y corporaciones que se hace a puerta cerrada.

La historia de la red es la historia de una guerra constante por el poder

El 8 de febrero de 1996 se firmó la Declaración de independencia del ciberespacio (ES), un manifiesto que dejaba claro que los gobiernos no tendrían la capacidad de imponer sus normas en el mundo digital. Un mundo que surgió, paradógicamente, de instituciones públicas (Defensa estadoundense), y que ha ido paulatinamente cambiando de dueño.

A día de hoy, Internet es pasto de las grandes corporaciones. Hasta el punto que el propio negocio que hizo que esa internet controlada por el departamento de defensa de EEUU pasase a ser de dominio público empieza a dar brotes de asfixia.

Cómo competir con un gigante como Google, o como Amazon, o como Facebook o como Twitter, más cuando éstos están cada vez más conquistando más frentes. ¿Qué sitio queda para los pequeños, y qué posibilidades reales hay de que un nuevo jugador gane suficiente presencia antes de ser engullido o asfixiado por un gigante?

De ahí que batallas como la de la neutralidad de la red, la neutralidad del enlace, o el movimiento anti-TTIP sean tan críticos. Nos jugamos pasar de un escenario dominado por gobiernos a un escenario dominado por corporaciones. Tanto pinta, pinta tanto.

A un escenario que podría estar perfectamente auto-controlado por todos y cada uno de los que estamos dentro de su maquinaria.

Un entorno donde mi voz valga lo mismo que la de usted, la de Rusia o la de Google. Un escenario en el que el poder de los grandes solo tenga límite en tanto en cuanto proteja el surgimiento de una competencia sana que juegue en las mismas condiciones.

No que el gobierno de turno sea amo y señor de su feudo, ni tampoco que la corporación reine bajo unas leyes escritas por su puño y letra. Hablamos de un entorno donde haya libertad para que toda la cadena pueda vivir en igualdad de oportunidades, derechos y obligaciones, sin importar su peso y su tamaño.

Y eso precisamente es lo que busca evitar una ley como TISA-TTIP, haciéndolo, de paso, a puertas cerrada.

Cada vez entiendo menos qué significa estar en una democracia…