anon privacidad

Con esta frase nos sorprendía el detective Frieland (Clive Owen) en esta película del 2018 que llegaba no hace mucho a Amazon Prime.

Anon es, ante todo, un thriller psicológico al más puro estilo novela negra, pero que ocurre en un mundo «de ciencia ficción».

Uno de esos exponentes de la ciencia ficción ligera tan de moda en nuestros días.

Ese supuesto futuro distópico bien podría estar ocurriendo en el pasado, en un mundo en el que la tecnología ha abandonado las interfaces táctiles y las pantallas y ha abrazado por completo las premisas de la tecnología invisible o relajada.

En este mundo, todas las personas se les inserta al nacer algo que llaman «consciencia ocular», y que viene a ser una capa de realidad aumentada conectada permanentemente con el resto de personas.

¿Qué impacto tiene?

Pues que la gente vive una realidad enriquecida con una suerte de tarjetas interactivas que controlan con la mente, de manera que al ir caminando por la calle puedes ver perfectamente el nombre, la edad y a qué se dedica ese desconocido. Que si quieres comprarte algo, simplemente elijes el producto en el escaparate, te lo pruebas virtualmente, y si te convence lo adquieres sin sacar la billetera.

En este mundo en el que en vez de Internet tiene una suerte de red conectada a sus retinas, como te podrás imaginar, el paradigma de privacidad no existe (un paso más allá de la propuesta que en su día hizo The Circle), y como ocurre en el buen género de la ciencia ficción creado para hacernos pensar, la sola idea de un escenario en el que cualquiera no pudiera saber en todo momento con quién se ha cruzado por la calle ni siquiera entra en la cabeza de los protagonistas.

El little brother llevado a la enésima potencia. Un lifelogging que nos permite en cualquier momento repasar qué vimos tal día a tal hora, como profundicé hace unos años en aquel relato distópico llamado «Hipertimesia Inducida«.

La obra parte de esta premisa para tejer una historia en la que, como cabría esperar, entra en juego el dilema central:

¿Y si de pronto alguien es capaz de no existir en esa red?

O peor aún, ¿y si esta persona es capaz de intervenir (hackear) la consciencia ocular de sus víctimas para no dejar rastro alguno de sus asesinatos?

En un mundo en el que todo, absolutamente todo, deja rastro, el cuerpo de policía del que Clive Owen es inspector le va a tocar enfrentarse a un asesino que moldea la realidad a su gusto.

¿Te llama la idea? Pues ya te digo que el desarrollo es más que decente, con giro final incluido. Una película más que recomendable.

Hablemos sobre la privacidad

Estaba viendo la película y por la cabeza revoloteaban varias ideas que creo que su director Andrew Niccol, quiso dejar plasmada en la obra aunque fuera de soslayo.

La primera y más obvia es la dicotomía entre seguridad y privacidad, que el bueno de Niccol presenta de forma simplona: En este mundo ya no hay apenas asesinatos, más que nada porque la gente sabe que cualquier cosa que haga va a dejar rastro. El trabajo por tanto de la policía es más bien de hacer de puros recaderos, yendo a la zona del crimen para encontrarse habitualmente a la persona que lo ha cometido con el arma en el suelo, esperando a ser detenida.

Y digo que el director peca de ingenuo al pensar que la falta de privacidad supone, de facto, más seguridad, ya que no hay más que ver a lo largo de la historia como esto no se ha cumplido.

Que un mundo en el que el ciudadano tenga derecho a la privacidad, es, de facto, más justo que otro en el que no la tiene. Más que nada porque en el momento en el que no existe la privacidad, ésta se puede y se utilizará como arma tanto por unos como por otros.

Ahí tenemos historias tan dramáticas como la de los judíos Holandeses y el nazismo. El 90% de ellos, el más alto de lejos de todas las naciones, murieron en el Holocausto simple y llanamente porque un par de años antes el gobierno holandés, con toda la buena voluntad del mundo, incluyó la preferencia religiosa como un dato más en el censo.

El objetivo de este gobierno era precisamente mejorar la vida de las personas repartiendo más equitativamente los ingresos destinados a la religión entre las diferentes religiones que poblaban el país. Pero claro, cuando llegó Hitler, el trabajo ya estaba hecho.

Y es que aunque pensemos que a mayor control, mayor seguridad, de nuevo la historia nos demuestra que no funciona así. Que mayor control supone, pues eso, mayor control para la ciudadanía, ya que los malos, el enemigo, ese que tiene la necesidad de saltarse los controles, es justo el que buscará la manera de hacerlo.

Lo estamos viviendo día tras día con la lucha contra el terrorismo o las cruzadas conspiranoicas que azotan los países democráticos últimamente. Si prohibimos las fake news en redes sociales generalistas, o los discursos de odio en foros públicos, simplemente los que quieren seguir causando daño lo harán cada vez más en derroteros menos públicos y más diseminados.

No se reduce entonces el impacto nocivo de sus acciones, solo se licúa y estratifica, complicando aún más el trabajo de las fuerzas del orden.

Piensa en todo esto la próxima vez que escuches que el gobierno piensa controlar las noticias falsas, o que la mejor opción que hay es prohibir reuniones de más de X personas.

Es muy, pero que muy difícil, planificar acciones que en efecto reduzcan los efectos perniciosos sin impactar nocivamente en todos los usos correctos de la información y nuestros derechos como ciudadanos.

Lamentablemente, no hay una manera sencilla más allá de la que debería ser la principal, y que lamentablemente es muy lenta: concienciación y conocimiento.

Volviendo a la premisa de la privacidad:

  • ¿Es Twitter, una plataforma que permite perfiles que no se identifiquen con su nombre y apellidos, una red social más dañina que Facebook, donde es obligatorio usar tu nombre y apellidos? Ya hemos visto que no.
  • ¿Es la centralización informativa el mejor camino para proteger los intereses del grupo? Gobiernos como el Chino o el norteamericano de Donald Trump demuestran que claramente no es así.
  • ¿Es Anon una película que debas ver si te gusta el cine negro y quieres experimentar cómo sería una sociedad así? Pues sí.

Por aquí te dejo el tráiler de Anon y el enlace para verla en Amazon Prime Video:

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