Barrenderos espaciales

Netflix es lo que tiene.

Genera cada mes mucha basura, pero de entre todo ese cada vez menos asumible catálogo, de pronto surge un diamante en bruto que da sentido a la mensualidad que rigurosamente pagamos.

Esto justo es lo que ha pasado estos días con Barrenderos Espaciales.

Sinceramente ni siquiera la tenía en el radar, pero me salió, como era de esperar, recomendada en base a los algoritmos de afinidad de la plataforma, y presuponiendo que estaría ante una película palomitera asiática más, le di al play.

¿Me equivoqué? Pues no, es justo lo que parece.

¿Es esto un problema? Todo lo contrario. De hecho por este mismo motivo estoy ahora escribiendo esta crítica.

«Barrenderos Espaciales»: La primera superproducción espacial de Corea del Sur

Con este rimbombante título se presentó en su día Barrenderos Espaciales, una space opera para todos los públicos que ofrece justo lo que esperas que va a ofrecer: Dos horas largas de ciencia ficción ligera adobada con toques de humor, y algunos matices que la hacen brillar frente al resto de producciones a las que Hollywood nos tiene ya acostumbrados.

En ella, y sin pretender hacer spoilers de ningún tipo, asistimos al equipo de La Esperanza, una nave de «Barrenderos Espaciales» que se dedican precisamente a eso, a llevarse de la cada vez más preocupante basura espacial que gira alrededor de la Tierra aquellos dispositivos que puedan vender para seguir sobreviviendo.

Mientras tanto, la Tierra se va a la mierda, nuevamente por el paso de un ser humano tóxico que ha destrozado el medio ambiente. Y un iluminado (el Bezos o el Musk de turno) que ha creado un paraíso artificial para ricos en una Estación Espacial, con vistas a terraformar Marte y llevarse a aquella minoría capaz de pagar el proyecto, obviando a los millones que quedan en el planeta.

Como ves, el argumento parece sacado del clásico guión de ciencia ficción ligera que ya hemos consumido reiteradas veces en cine, televisión, videojuegos y por supuesto novela.

Sin embargo hay algunos matices, como comentaba anteriormente, que la hacen sobresalir:

  • El apartado fotográfico: Es como mínimo de notable alto. De verdad que poner esto al lado de otra supuesta superproducción hollywoodiense como fue la última de Wonder Woman demuestra lo perdidos que están algunos gigantes de la industria, y el buen quehacer que ha demostrado tener Jo Sung-hee (sí, he tenido que buscarlo: ya me cuesta recordar nombres de directores occidentales como para no perderme con los orientales). Para una película que ocurre casi por completo en unos escenarios ficcionales (combates de naves espaciales, grandes astilleros llenos de óxido, cyborgs y robots por todos los lados) no hay un solo momento en el que esos CGI te saquen de la trama, y ese 4K de 65″ que tenemos por televisor es una explosión de colores y fotogramas trepidante.
  • La humanización de Bubs: Uno de los protagonistas, al que conoceremos casi desde el minuto uno, es Bubs, un robot humanoide que, de nuevo, han caracterizado tan bien que perfectamente podría servir de ejemplo a futuras producciones del género. Ya no solo por su humor, sino porque nuevamente acompañado por ese apartado fotográfico, cada vez que hace acto de presencia, llena la escena, y en ningún momento echarás en falta que fuera un actor real, o peor aún, sientas que se está sobreactuado.
  • Algunos giros de nota: Termino aludiendo a la trama, porque si bien como decía la premisa es la misma que hemos vivido ya en múltiples ocasiones, está convenientemente bien adobada con una serie de puntos (lucha de clases, biotecnología, la historia de cada uno de los tripulantes de la nave, la evolución del antagonista, ese golpe de gracia final…) que le dan su aquel, y que en definitiva es lo que me ha hecho quedar pegado a la pantalla sin sentir que estaba perdiendo el tiempo. Algo que para una película de esta duración, y máxime viniendo de un país oriental con un lenguaje cinematográfico distinto, es decir mucho.

El liderazgo de Hollywood en tela de juicio

No quería terminar sin hacer una reflexión sobre lo que supone que, de pronto, Corea del Sur pueda sacar una superproducción de este nivel, y que tanto Rusia como China ya hayan demostrado que también son capaces.

Con una India reescribiendo la manera de contar historias de terror en televisión, y con cine anteriormente de género como era el Español demostrando en plataformas como HBO o Netflix no solo estar a la altura, sino incluso superarlo (Bajocero, 30 Monedas, La Casa de Papel…), me pregunto si los años veinte no serán sino el punto de inflexión de unas décadas en las que Hollywood era quien mandaba en la industria.

Es más, este último año, y como expliqué hace relativamente poco, China ha pasado a ser por primera vez en la historia el principal mercado mundial del cine.

Que sí, que esto se debe en buena parte al impacto del COVID. Pero no deja de ser un aviso a navegantes.

La streaminización del cine está abriendo nuevos frentes. Unos en los que la mochila histórica del actual regente (aka Hollywood) parece que pesa lo suficiente como para hacerle frente a nuevos vientos que vienen de oriente.

Y ojo cuidao, que esta vez no son solo «unas pocas películas de terror a lo El Grito», sino una muy nutrida amalgama de géneros y obras provenientes de diferentes puntos del globo.

Puedes ver «Barrenderos Espaciales» en Netflix (ES)

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