problema tres cuerpos

Tenía para hoy otro artículo, pero he decidido posponerlo y darle prioridad a este tras haberme comido este fin de semana la primera temporada entera de «El Problema de los Tres Cuerpos», la nueva serie revelación de Netflix.

Es, de lejos, la serie que más ganas tenía de que llegase a la pantalla, habida cuenta de que un servidor disfrutó muchísimo hace unos años cuando me leí la trilogía de Liu Cixin (ES/de mis libros favoritos de todos los tiempos), el autor (y la obra homónima) en la que está basada la serie.

Y tras haberla visto, no puedo más que recomendarla.

Explicaré los motivos (sin spoilers) a continuación, pero si vas con prisa, quédate con esta idea.

Merece, y mucho, la pena dedicarle esas alrededor de 7 horas que dura esta primera temporada.

De verdad que si te gusta la ciencia ficción, lo vas a disfrutar.

Dicho esto, ¡vamos al lío!

Una buena adaptación

Empiezo por lo que, sinceramente, más miedo me daba de todo: el cómo Netflix conseguiría llevar a la pantalla la titánica obra de Liu Cixin.

Y no es para menos, hace poco acabé también, y casi a regañadientes, la segunda temporada de otra de esas obras cuyos libros han marcado un antes y un después en mi vida: La Fundación.

Con La Fundación, de Apple TV+, me ha pasado justo lo contrario.

La obra de Isaac Asimov es de mis preferidas de ciencia ficción, y la devoré en su día como si no hubiera un mañana.

Por eso, cuando Apple compró los derechos y anunció que trasladaría tamaña gesta a la pequeña pantalla, me moría de ganas de verla.

¿El resultado? Pues pese a que, en efecto, es buena serie (el apartado de fotografía es sencilla y llanamente increíble), vi la primera temporada casi por obligación. Por el hecho de esperar a sentir algo parecido a cuando leí el libro.

Y solo me he reconciliado con la serie a final de la segunda temporada, donde ya parece coger algo de movimiento.

Es por ello que con la obra de Netflix iba con muchísimas menos pretensiones.

Y también es cierto que, poniéndonos estrictos, la obra del autor chino se presta más (por su linealidad) a estar en formato audiovisual que esa enciclopedia de varios cientos de años y centenares de protagonistas que es la trilogía de La Fundación.

Así pues, y tras acabarla este fin de semana, tengo que decir que pese a que, como es de esperar, obvia muchísimas referencias y sub-tramas del primer libro de la trilogía El recuerdo del pasado de la Tierra (porque se llama así, aunque todo el mundo la conozcamos como El problema de los tres cuerpos, que es realmente el nombre del primer libro), la cuestión es que en pantalla la historia funciona.

Que la va a disfrutar tanto el que no conoce la obra de Cixin, como el que ya la ha leído.

Y eso, hoy en día, me parece todo un éxito.

Por cierto, que sepas que existe otra serie, esta vez china, sobre el libro.

Estoy actualmente viéndola (a poco que busques por Youtube seguro que la encuentras :D), y tiene sus pros y sus contras.

Dan más importancia, como en el libro, al papel del movimiento revolucionario (hablaré más adelante de esto, porque es importante), pero luego… pues eso, que las actuaciones son chinas, y ya sabes que por allí se lleva mucho la sobreactuación, lo que en Occidente casi nos hace salirnos por lo cómico de algunas escenas.

De qué El problema de los tres cuerpos (sin spoilers)

Entrando en materia, la trilogía El recuerdo del pasado de la Tierra va del primer contacto con una raza alienígena, y su impacto para la vida en la Tierra.

Obviamente Liu Cixin no es ni el primero ni el último en partir de esta premisa tan común. Pero sí destaca en cómo se acerca a ella desde la óptica de la llamada ciencia ficción dura. Es decir, argumentando el proceso social y tecnológico desde un punto de vista puramente científico.

Este punto es crítico para entender el buen uso que han hecho los showrunners de Juego de Tronos con la serie de Netflix.

Los libros de Cixin son «densos», perdiéndose habitualmente en explicaciones científicas (e incluso filosóficas) que por pragmatismo en la serie se obvian, o con suerte, se pincelan brevemente en alguna conversación aislada.

Esta primera temporada es casi un calco del primer libro, homónimo, de la trilogía, aunque como ya dije anteriormente, obvia muchas de sus partes, y también trae alguna que otra trama del segundo libro.

Por ello, me atrevería a decir que la serie, de ser como parece todo un éxito, y de conseguir mantener este interés entre la audiencia, acabará teniendo entre tres y cuatro temporadas, considerando que el tercer libro, el Fin de la muerte, es sensiblemente más largo y reflexivo, y que probablemente requiera dos temporadas para tratarlo con un mínimo de rigor.

Así pues, en esta primera temporada, asistimos a la presentación de El problema de los tres cuerpos, un problema de la astrofísica aún sin resolver que viene decir algo así como que es imposible llegar a predecir los acontecimientos catastróficos que experimentará un planeta sometido a las interferencias gravitatorias de tres astros.

A partir de este concepto, Cixin explora el impacto que tendría para una civilización el vivir en un planeta así, y cómo todo podría cambiar por un simple mensaje enviado desde otro planeta distante.

Es, sin lugar a dudas, el libro más digerible de los tres, habida cuenta de que, como ya dije por estos lares hace unos años, el segundo me pareció por momentos demasiado pesado (muchísimo politiqueo), y el tercero, que me sigue pareciendo brillante, es cierto que se vuelve, sobre todo en fases finales, un auténtico tratado filosófico sobre diferentes dimensiones… que me va a gustar muy mucho ver cómo lo trasladan a la pequeña pantalla.

Comprendiendo la propaganda cultural de China… y los tropos habituales del cine contemporáneo

Hay, sin embargo, un parte trascendente de toda la obra de Liu Cixin que Netflix parece haber preferido obviar, y esa no es otra que el aceptar el Estado del Arte en el que se escribió.

Algo que, por cierto, recientemente lo analizaban con bastante profundidad por Xataka (ES).

Básicamente, no podemos entender la obra de autores como Liu Cixin o Chen Qiufan, sin comprender la importancia que ha tenido, y sigue teniendo, para el Partido Comunista Chino, la ciencia ficción.

Desde 1902 el Estado supo entender el poder de este género literario permitiendo la publicación de novelas como «El futuro de la Nueva China», de Liang Qichao, que auguraba un futuro en el que China, en apenas 60 años, pasaría a ser la primera potencia mundial.

Antes de Mao, en China la ciencia ficción se inspiraba en el realismo soviético y hablaba del progreso científico siempre desde la perspectiva propagandística.

Con la Revolución Cultural la literatura no propagandística fue prácticamente prohibida (un tema que, por cierto, apenas se trata en la serie, pese a que en el libro tiene una importancia vital), y no sería hasta 1978 cuando Deng Xiaoping estableció las llamadas Cuatro Modernizaciones.

Y entre sus medidas, el hecho de dejar de prohibir la literatura… y dotar a la ciencia ficción de género protegido y promovido por el propio Estado.

De esa época, y hasta nuestros días, China ha centrado esfuerzos en seguir el halo de Estados Unidos y Rusia con eso de la propaganda cultural, sea literaria, como es el caso, sea cinematográfica. Un tema del cual ya hablé largo y tendido en su día con obras producciones como la de Tierra Errante, también de Netflix, donde todo el mundo se une también para resolver un problema para la supervivencia de la humanidad, y casualmente todos los altos cargos son chinos.

Recalco: nada que no lleve Hollywood haciendo décadas en el imaginario cultural de Occidente (qué suerte tenemos que todas las catástrofes, y todos los alunizajes de alienígenas, ocurren en California, donde al parecer hasta el más humilde de los ciudadanos es un héroe…), y que, aunque por aquí nos llegue menos, se hace con las producciones rusas (por aquí tienes otro ejemplo del que en su día hablamos).

Así pues, Liu Cixin es hijo de ese bagaje cultural y propagandístico.

Ingeniero de profesión, supo rápido reconvertirse a escritor, amparado por el interés del gobierno en tener obras de ciencia ficción que posicionaran al régimen como héroes y trascendieran fronteras.

Algo que consiguió, habida cuenta de que acabó siendo el primer autor chino en ganar el Premio Hugo (2015) de toda la historia.

Por cierto, unos premios, los Premios Hugos, que como conté recientemente en la newsletter semanal, han sido motivo de controversia este último año al celebrarse en China, y «aparentemente» haber sufrido «numerosas interferencias» del gobierno Chino, prohibiendo a varios nominados por considerar sus escritos peligrosos para el régimen.

Vaya, que China ama la ciencia ficción… siempre y cuando no se meta demasiado con temas conflictivos para el régimen.

Exactamente lo mismo que nos está pasando en Occidente con esa aparente necesidad de diversificar perfiles en pantalla.

Como decía, El problema de los tres cuerpos es un libro escrito por un chino, dentro de un género como es la ciencia ficción, y encuadrado dentro del interés del Partido Comunista por dar a conocer obras faraónicas futuras donde China lidera.

La producción de Netflix parte de este punto (ya sería de cachondeo que no lo hiciese), pero ve necesario, como parece ocurrir con el resto de publicaciones, meter razas y géneros de todo tipo, forzando hasta el extremo esa diversidad inclusiva que es seña de identidad, al parecer, de nuestra época.

Que si el hombre de color, que si el asiático, que si un buen reparto entre hombres y mujeres, que si algún que otro homosexual…

Y, por cierto, que en la serie casi nadie fuma. Ahora vuelve al libro, donde alguno de los personajes parece tener acciones en Malboro…

Es cierto que en la obra hay diferentes razas y géneros. A fin de cuentas, hay muchísimos personajes.

Y es cierto que tampoco es que desentone demasiado. A fin de cuentas, aunque todo comienza en China, es la ONU, reconvertida a Gobierno Mundial, quien toma la batuta de lo que ocurre en sus episodios.

Pero está ahí, y puede que alguno más sibarita con las adaptaciones le haga fruncir el ceño.

Y, pese a todo, funciona

Y funciona incluso mejor que la novela en algunos aspectos, como el hecho de poder visualizar los números que «esos» imprimen en las retinas de algunos de los protagonistas, o el cómo funciona el juego de realidad virtual de la novela.

Netflix ha estado lista a la hora de dejar de lado la parte dura de la ciencia ficción de Liu Cixin y apoyarse en tecnologías que son en la actualidad muy conocidas por los consumidores, como es la ya citada realidad virtual, o la inteligencia artificial.

A lo largo de sus capítulos entremezclan la base tecnológica de la novela con cuestiones de pura actualidad, que ayudan a suavizar el contexto de la obra y acercarlo, más aún, a nuestro día a día.

Eso, unido a que los efectos especiales están, como cabría esperar en una superproducción de este tipo, muy bien cuidados, y a una buena elección de las tramas, picando de aquí y de allá según les venía bien para mantener el interés, y saltando de una manera más lógica entre diferentes épocas (en el libro, estos saltos temporales se haces bastante más complicados de seguir) hace que, como decía, la serie funcione por sí sola.

  • La disfrutará alguien que no haya leído el libro.
  • Y mejor aún, la va a disfrutar alguien que lo haya leído, al encontrarse de vez en cuando con algún pequeño guiño (como el de esa hormiguita reptando por una lápida mientras los dos personajes hablan, que en su día me pareció una de las maneras más elegantes y sutiles de comenzar un capítulo, por su simbolismo dentro de la obra).

Es, por tanto, una gran opción para disfrutar estos días.

Una de las mejores series que nos ha dado, por ahora, 2024.

RE-CO-MEN-DA-DI-SI-MA.

Ahora solo queda esperar al año que viene, y rezar para que sepan traducir en lenguaje audiovisual ese segundo libro, que bajo mi humilde opinión es el más denso y pesado de leer, quitándole toda la paja que tiene, y quedándose con la potente idea de «El Faro de la Galaxia y el Bosque Oscuro», un concepto que en su día me impactó tantísimo que tuve que hablar de él por aquí.

Si quieres ir abriendo boca (va sin spoilers también, que aquí Liu Cixin tampoco crea nada, esta teoría ya existe y es conocida en el mundo de la astrofísica), por aquí te lo dejo.

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