Las vías de peaje de la llamada “cuarta plataforma”

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Hace ya algo más de tres años publicaba dos artículos bajo el título Dibujando el futuro de la web social: gestión de datos personales en los que profundizaba en una idea que me rondaba desde hace tiempo la cabeza.

El tema pasaba por definir un sistema (en mi caso, gestionado a nivel de navegador) en el que el usuario pudiera crear diferentes grupos de datos personales, de tal manera que una vez llegase a un servicio, pudiera utilizar uno u otro perfil a golpe de click.

¿Qué interés tiene esto? El de que el usuario volviera a ser dueño de sus datos, centralizándolos como en su día hizo Diaspora a nivel de redes sociales, y así, si en un futuro tenemos que modificar un dato específico, podríamos llegar a hacerlo en nuestro perfil, y ésto se trasladaría al resto de servicios que se habían gestionado a partir de él.

Este proyecto llegué a presentarlo a varias compañías, entre ellas Telefónica (al que por entonces era el director de la rama de ciberseguridad, antes del cambio de batuta de Eleven Paths), encontrando la esperable oposición: hablamos de cambiar para siempre la manera en la que funciona el negocio de la red, y obligaría a buena parte de las OTTs a delegar el control de su información a un agente externo gestionado por el usuario. 

Es decir, a perder parte del control de su negocio a favor del cliente, y presuntamente, también a otro miembro de la cadena, que en este caso era el propio navegador.

Han pasado los años, y casualmente hace unas horas me enteraba que Telefónica está preparando lo que llaman “La cuarta plataforma (ES), un sistema mediante el cual el usuario “supuestamente” recupera el control de los datos que cede al resto de Over The Tops.

La ambigüedad de La Cuarta Plataforma

Por lo poco que aún sabemos al respecto, parece que el sistema se basaría en una serie de proxies y firewalls a nivel de infraestructura (donde Telefónica, como cualquier otra telco, tiene mano) que ofuscarían diferentes grupos de datos que a día de hoy son cedidos de manera involuntaria a estos servicios: cookies, información del dispositivo y del entorno (hora, lugar,…), así como los datos del propio usuario, estarían hasta cierto punto protegidos bajo un sistema de filtros para todos aquellos clientes de Movistar que tuvieran activo el servicio, de manera que una vez éste usuario entrase en una página o aplicación que requiriera esta información, tendría la capacidad de decidir si permite su acceso o no.

La idea, como puede ver, se parece bastante a esa propuesta que en su día hice, aunque con algunas matizaciones que son, a fin de cuentas, las que me hacen chasquear los dientes:

  • El control pasa al usuario… y a la operadora: Frente al sistema que había diseñado un servidor, basado en la neutralidad de un elemento abierto como el navegador, la cuarta plataforma apuesta por centralizar ese control a nivel de infraestructura, lo que quiere decir que pasa a ser dependiente de un miembro de la cadena de suministro digital. Un miembro que casualmente lleva años intentando romper la neutralidad de la red amparándose en esa aparente (y compleja) necesidad de que por un lado todos los elementos tengan que cumplir la misma regulación (las OTTs gozan a día de hoy de menor control que las cableras) y por otro que éstas últimas tengan que pagar una especie de peaje por utilizar sus cables, a sabiendas que esto ya lo está haciendo el usuario mensualmente con su factura.
  • El negocio digital NO es negociable: La mayoría de estas OTTs han basado su modelo de negocio en ofrecer servicios a cambio de publicidad. El usuario paga entonces con sus datos personales, a diferencia de a una telco donde está pagando TAMBIÉN con dinero. La propuesta de Telefónica plantea un escenario un tanto maquiavélico, en el que ésta parece estar del lado del usuario contándole verdades a medias (las OTTs están usando nuestros datos personales como moneda de cambio), pero obviando la parte que no les interesa (gracias a ello utilizamos de manera “gratuita” estos servicios). ¿Estamos dispuestos a pagar con dinero por utilizar los servicios de Google, los de Facebook (WhatsApp e Instagram incluídos), los de Twitter, los de Amazon, los de Microsoft,…)? ¿Aceptaríamos un pago periódico a cambio de que éstas no hicieran negocio con nuestros datos? ¿Qué valor tendrían entonces? Sinceramente, lo veo muy complicado.

Y si unimos estas dos piezas tenemos una panorámica un tanto más clara de lo propuesto.

Un sistema para gobernarlos a todos

La cuarta plataforma se escuda en el interés del usuario por mantener el control de los datos que cede al resto de servicios para continuar la misma guerra que han tenido históricamente las telcos con las OTTs, con la diferencia que ahora el arma no es la infraestructura, sino los propios usuarios.

Siendo conscientes de que Europa ha dicho que no (más o menos) a la ruptura de la neutralidad de la red, a ese internet a dos velocidades que Telefónica, como el resto de telcos, exigía para seguir siendo rentables en el mercado, la alternativa pasa por atraer a los usuarios con una herramienta que mal usada dañaría de forma considerable el negocio de las OTTs, y que quizás acabara por empujar a estas a pasar por caja.

No ya por el consumo de ancho de banda que las telcos les exigen, sino para poder acceder a los datos de aquellos clientes que hayan decidido bloquear el acceso a los mismos.

Algo que hemos vivido recientemente con la irrupción de los bloqueadores de publicidad, y con la tergiversación de algunos de ellos, en ese afán por monetizar el servicio, que hacía que éstos bloqueasen la publicidad de los medios que visitaban y pusieran otra publicidad propia en su espacio.

Y tiene además un corolario de difícil solución, habida cuenta de que muchos de estos servicios no están preparados para enfrentarse a un escenario informativo pobre. Es decir, que para funcionar la mayoría necesitan encontrarse con toda esa información. Y al no hacerlo, previsiblemente el servicio no funcionaría, o habría partes del mismo que dejarían de hacerlo.

De nuevo, algo que podemos experimentar cuando a una aplicación de Android como WhatsApp o Facebook le negamos acceso a una serie de permisos (contactos, acceso a la red,…), pero extrapolado no solo al entorno móvil, sino a cualquier otro entorno digital.

En todo caso, y siendo conscientes de que lo presentado ayer tiene aún muchísimas incertidumbres, siendo consciente de que el interés de Telefónica no es proteger al usuario sino protegerse a sí misma ofreciéndose como garante de la información de sus clientes, creo que puede ser interesante que algo así se plantee en el MundoRealTM.

Tanta razón tienen las telcos cuando dicen que no es justo que ellas estén sujetas a una mayor regulación como las OTTs cuando se niegan a pagar peajes por ofrecer un servicio por una infraestructura sujeta a un precio inflado a nivel de lobby que los clientes tienen que pagar.

El negocio tradicional de las telcos lleva tiempo siendo una commodity que se ha mantenido únicamente a base de presión política. Si las cableras esperan seguir siendo rentables en un mercado como el actual, tendrán que encontrar su espacio ofreciendo una serie de servicios extra (streaming, control de privacidad y seguridad, almacenamiento en la nube,…) por los que quizás si tenga sentido cobrar.

Y entre ellos estaría ese punto medio que salvaguardara el negocio de la red y el interés del usuario por no ser una mera moneda de cambio en la industria.

Algo que no creo que la cuarta plataforma vaya a ofrecer. Pero que podría servir para generar el debate necesario que empujara a otros agentes a plantearse un escenario donde el usuario de verdad tuviera el control de los datos que cede a terceros, sin intereses económicos y lobbistas de por medio.

Con unas OTTs preparadas a afrontar un entorno que quizás esté más controlado a nivel de datos suministrados por el cliente (encontrando maneras de incentivar a que éstos cedan voluntariamente sus datos). Con unas telco cobrando no por ofrecer conectividad, sino por añadir inteligencia, control, seguridad y servicios a dicha red. Con unos usuarios capaces de decidir cuánto vale su información, y quién van a permitir que acceda a ella.

 

Edit al día siguiente: Chema, actual CDO de la compañía, se ha pronunciado al respecto en su blog (ES).