decir que no

No es la primera vez que me pasa, pero curiosamente tirando de hemeroteca veo que no había hablado de ello por aquí.

El caso es que hasta la semana pasada estábamos pre-seleccionados como consultora de transformación digital para una empresa pequeña pero con un músculo financiero más que considerable (inversión de varios millones de euros).

En cosa de un mes habremos hablado ya dos o tres veces por teléfono/videollamada, más el tiempo invertido en empaparnos de la documentación que nos pasaron (hablamos de una startup de inversión inmobiliaria) y preparar una propuesta atractiva, a sabiendas de que como es normal competíamos con otras compañías del sector interesadas.

Y hay que dejar claro que afortunadamente tanto con PabloYglesias como con CyberBrainers tenemos la suerte de que los clientes llegan a nosotros y no al revés. De hecho no hemos hecho trabajo comercial (aunque es algo que seguramente deberíamos hacer) nunca, y todo lo que entra y tenemos es gracias a la imagen de marca, la inversión publicitaria y el marketing orgánico que hacemos.

Así que en la última llamada, cuando me dijo que «éramos los favoritos», pero que para tomar la decisión final «teníamos que presentarles un plan de marketing para el 2021», le tuve que cortar.

Lo lamento Pepito (no se llamaba Pepito, pero ya me entiendes…), pero no participamos en concursos.

El hombre, extrañado, me dijo que entonces perderíamos el contrato directamente, a lo que muy educadamente le respondí.

Si lo entiendo, pero tenemos la suerte de que no nos falta trabajo, y por tanto podemos permitirnos el lujo de no regalar nuestras horas.

Os hemos pasado una propuesta con varias acciones divididas en fases, y tenemos detrás una muy nutrida base de clientes que atestiguan nuestro trabajo.

De hecho hace precisamente dos semanas le presentamos a otro cliente (con nombre por si quería referencias) un plan de marketing. Y ese cliente ha pagado cinco cifras por el plan.

Continuó diciendo que era una pena, pero es que sus socios necesitaban «poner a prueba» a la empresa que les llevaría todo el proyecto. Que él en particular quería que fuésemos nosotros. Y cordialmente ambos nos despedimos.

El tema es que este tipo de acciones son muy habituales el sector, y me recuerdan a cuando en una entrevista de trabajo el empleador camufla trabajo como pruebas de selección.

Cuando la empresa quiere trabajo gratis y no el mejor perfil

Recientemente, como compartía por la newsletter pública, por Xataka (ES) se hacían eco de lo que le había pasado a un programador hacía unos meses:

“Me llamaron de Recursos Humanos de una compañía y me dijeron que tenía que hacer la típica prueba de código. A mí me gustan, la verdad, porque me sirven para ver cómo respira la empresa, así que le dediqué un fin de semana: la trabajé, me planteé el reto, preparé la documentación… Pero menos de una hora después de haberla enviado me despacharon diciéndome que no era lo que buscaban, que no había usado cierto patrón que ellos querían. Muy bien, vale, pero… ¿De todo lo demás no había nada de lo que hablar? Aún estoy esperando que me contesten”.

En mi caso recuerdo que me pasó algo parecido cuando entré en el programa Talentum. Chema Alonso, que era el que por aquel entonces elegía a los afortunados, me pidió que en un fin de semana programara un PoC de lo que sería mi primera startup, SecTrip.

Pero claro, hablamos de un proyecto que a fin de cuentas era para mi (bien). No me dieron un programa para que se lo hiciese a ellos (mal).

Ahí está el quid de la cuestión, y por qué me he animado a escribir este artículo.

Soy consciente de que la dificultad principal a la hora de seleccionar al stakeholder correcto pasa, precisamente, por seleccionar correctamente.

Maldita sea, me ha pasado a mi también el seleccionar a alguien para un trabajo y que luego de más problemas de los que realmente solventa.

A fin de cuentas esa empresa que te contaba al principio sabía de mi compañía por lo que tenemos en la web. Contenido en un blog, unas páginas y unos perfiles en redes sociales.

Hablamos de un trabajo de presencia digital que, por su propia idiosincrasia, podría ser mentira.

¿Qué es lo que valida lo que decimos? Pues la reputación que tengamos. El ver que la persona al frente da charlas habitualmente en eventos del sector (no eventitos montados por la propia empresa o creados entre un grupo de amigos entrepeneurs), o las entrevistas que nos hacen en periódicos y medios de comunicación.

Eso y que además, en casos tan visuales como es el desarrollo web o el marketing, fácilmente podemos mostrar los trabajos que tenemos hechos.

La cosa se complica más con los trabajos reputacionales, que por razones obvias suelen ser privados, y de los que como bien sabes hablamos de vez en cuando, y controlando muy bien lo que podemos y no podemos decir.

Pues esto mismo aplicado a la búsqueda de empleo.

Un empleador ve de un potencial empleado su presencia digital y su reputación online.

Y aquí empiezan los problemas, ya que la mayor parte no tienen presencia digital más allá de su cuenta de Facebook o Instagram (es decir, perfiles de tinte personal), y de haber contenido reputacional, tiende a ser negativo (multas de tráfico, problemas de morosidad por errores en facturas de empresas de telecomunicaciones…) o neutro.

Así que solo queda basarse en un CV que, de nuevo, puede ser pura fachada.

Es ahí donde surge la idea de poner a prueba al tercero, y esto se puede hacer bien o se puede hacer mal:

  • Poner a prueba bien: Que te demuestre que sabe de lo que habla… hablando con él, o proponiéndole una casuística que deba solucionar. ¿Serías capaz de resolver este problema? ¿Qué harías si estuvieras en nuestra situación?
  • Poner a prueba mal: Querer que te haga parte del trabajo gratis para «ver como trabaja». El ya comentado «hazme un plan de marketing para este año» o el «prográmame esta página que necesitamos para sacarla a producción».

Más que nada porque los que tenemos la suerte de que las cosas nos vaya bien, también solemos ser los que más experiencia tenemos y por tanto podemos aportar más. Y esto hace que podamos permitirnos el lujo de decir que no a proyectos o trabajos.

¿Y sabes con quién se quedarán? Pues en efecto. Con aquellos que por la razón que sea no pueden decir que no.

La empresa ahorra entonces unas cuantas monedas con la jugada, pero se lleva a cambio una empresa o trabajador más necesitado y menos profesional, que probablemente haga peor trabajo. Justo los que no pueden decir que no a esa «oportunidad única».

Te invito a pensar en ello.

Lo mismo hasta sirve para sanear un poco la industria :).

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