Vivimos un momento curioso de la historia económica.

Los bancos centrales tratan de mantener el equilibrio entre inflación, deuda y confianza, mientras que, en paralelo, el mundo cripto sigue avanzando con su propia velocidad.

Y en este contexto aparece un nuevo actor que quiere reescribir las reglas del juego financiero: DeFi, o finanzas descentralizadas.

Pero…:

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  • ¿Qué es exactamente DeFi y por qué dicen que puede cambiarlo todo?
  • ¿Cómo puede un inversor retail utilizarlo de forma práctica y segura?
  • ¿Y por qué detrás de todo este “boom” hay también una oleada creciente de fraudes que están estafando a miles de personas?

A lo largo de este nuevo episodio del podcast enCLAVE DIGITAL vamos a responder a estas tres preguntas.

Y lo haremos desde la doble perspectiva de quien lleva años asesorando a víctimas de estafas digitales… y también de quien invierte, analiza y vive el mercado tecnológico desde dentro.

¡Comencemos!

DEFI tutorial

Pero antes de continuar, como no todo en esta vida son los criptoactivos, déjame hablarte un momento de Indexa Capital (ES), el mayor roboadvisor independiente de España, con más de 4.500 millones de euros bajo gestión, y el patrocinador de este episodio.​​

De hecho, desde mi empresa invertimos ya desde hace unos años con ellos, siendo hoy en día la plataforma donde más dinero tenemos invertido.

Te cuento todo esto porque soy fiel defensor de la inversión lo más diversificada posible, evitando meter todos los huevos en la misma cesta, y bajo esta tesis, invertir en fondos indexados de máximo grado, muchos de ellos solo disponibles hasta hace apenas unos meses solo para inversores institucionales, con comisiones que rondan el 0,4% global anualizado, y regulados en España, con todas las garantías que esto supone, me parece interesantísimo.

Si esto que te estoy contando te resuena, te animo a crearte una cuenta y empezar a hacer mover tus ahorros en Indexa Capital.

Te puedo asegurar de primera mano que además de la tesis de inversión, lo que al menos a mi, personalmente, me acabó enganchando de su propuesta es la información, basada siempre en datos y muy digerible, incluso para perfiles sin conocimientos financieros, que dan a todos sus usuarios desde la aplicación, y desde los correos que periódicamente nos envían.

Y con el siguiente enlace, además, te ahorrarás los costes de gestión de la cartera de los primeros 15.000 euros que inviertas con ellos durante el primer año, lo cual, para empezar, pues no está nada mal.

Te dejo por aquí el código QR y el enlace en la descripción y el primer comentario fijado.

Y, ahora sí, continuemos.

Qué es DeFi y por qué (de verdad) cambia el juego

En 2021 publicaba un análisis que titulé: «Lo que supone realmente la web 3.0 y su protocolo criptoeconómico«, en el que profundizaba en el impacto que tenía el mundo cripto en la forma de entender las transacciones entre particulares.

Escucha:

Para que nos entendamos.

El hecho de que exista el BlockChain, es decir, una especie de agenda incorruptible que certifica transaccionalidad entre datos de forma totalmente descentralizada, abre la veda a que cualquier cosa con 1s y 0s acabe por pasar por la cadena, y por tanto, pueda ser consumida (es decir, procesada) desde cualquier parte sin depender de un único servidor.

Que bien es verdad que para el grueso de mortales esto pasa únicamente por los 1s y 0s que componen una cartera de crypto. Por esa especulación tan, a priori, dañina.

Pero es que esos 1s y 0s también pueden ser unos NFTs. O un contrato inteligente. Es decir, que podemos crear aplicaciones dentro de la cadena de bloques.

A estos elementos programables en la Web 3.0 se les llama DApps (la ‘D’ es por descentralizadas) y la idea principal es que los desarrolladores no creen aplicaciones que se ejecuten en un único servidor, ni almacenen toda su información en una sola base de datos: la llamada arquitectura cliente-servidor que llevamos décadas utilizando.

Análisis de Pablo F. Iglesias sobre la irrupción de la Web 3.0

Pues, por aquí van los tiros. Te explico:

Imagina un mundo donde puedes depositar dinero, pedir un préstamo o invertir en activos sin tener que pasar por un banco, sin firmar papeles ante un notario, sin esperar colas ni depender de que una entidad te diga qué puedes o no puedes hacer con tu propio dinero.

Pues eso, justo eso, es DeFi.

La palabra viene de “Decentralized Finance”, y es básicamente un sistema financiero alternativo construido sobre la tecnología blockchain, que elimina intermediarios tradicionales (bancos, brokers, plataformas de trading, notarios…) y los reemplaza por contratos inteligentes —que son, para que nos entendamos, programas que ejecutan automáticamente las condiciones que ambas partes han aceptado—.

Si en el mundo tradicional tú prestas dinero, y esperas que el banco te pague intereses, en DeFi puedes prestar directamente a otros usuarios sin pasar por ese banco.

Te cargas al intermediario, vaya.

Y al revés igual: si necesitas liquidez, puedes pedir un préstamo dejando otro activo en garantía, sin que nadie evalúe tu solvencia personal… o corporativa.

Lo fascinante de esto es que todo sucede en código, transparente y verificable públicamente en la blockchain.

Y lo inquietante, es que también todo sucede en código, sin espacio para la comprensión humana o el margen de error.

Lo que diga el contrato inteligente va a misa. Si alguien se ha equivocado en una coma, o «se ha equivocado» queriendo, el acuerdo se finalizará igualmente como se diseñó de base, para bien y para mal.

Tal como explica Andreas Antonopoulos, autor de Mastering Ethereum:

“Los contratos inteligentes no entienden de moral ni contexto. Cumplen las reglas que se les programaron, incluso si eso significa liquidar el colateral de alguien por una caída súbita del mercado.”

Andreas Antonopoulos, hoster del podcast Let’s Talk Bitcoin

Cómo funciona DeFi para el inversor que presta dinero

Vamos con un ejemplo práctico para entenderlo.

Imagina que tienes 10.000 € en stablecoins (ya sabes, criptomonedas como USDTs, que están ligadas al valor de otros activos monetarios tradicionales, como puede ser el euro o el dólar) y decides depositarlas en un protocolo DeFi como puede ser Aave o Compound.

Esas plataformas permiten que otros usuarios pidan préstamos usando esas stablecoins.

Y a cambio, tú recibes intereses automáticos que se ajustan según la oferta y la demanda del mercado.

¿Cómo los recibes? Pues depende de la plataforma, pero es muy habitual que la plataforma te «pague» los intereses en tiempo real mediante un token propio, que puedes intercambiar por criptomonedas como Ethereum o la que corresponda en cada caso.

Y al término del contrato, o si este termina porque el colateral que puso el que pidió el dinero ha llegado al límite, recibes, nuevamente en dicho token, todo lo que cediste más los intereses que correspondan.

Por poner datos reales, las rentabilidades medias históricas de este tipo de plataformas oscilan entre el 2% y el 6% anual.

No son cifras espectaculares, por supuesto, pero sí comparables —y a menudo superiores— a lo que hoy en día puedes obtener invirtiendo en otros activos de riesgo bajo, como puede ser la renta fija tradicional, con el extra de que, a diferencia de estos, DeFi te ofrece liquidez instantánea.

Vamos, que puedes entrar y salir cuando quieras, recibiendo lo que se haya producido hasta el momento, sin tener que esperar, por ejemplo, meses o incluso años, a recibir esos intereses.

Y hay otra gran diferencia (la más importante y radical, si me apuras) frente al sistema financiero tradicional, y es el cómo se gestiona el riesgo.

Para que nos entendamos:

  • En DeFi nadie “confía” en nadie. Todos los préstamos están sobregarantizados.

Es decir, que si alguien pide, por ejemplo, 1.000 € prestados, debe dejar un colateral en criptoactivos equivalente a 1.500 € o más.

De esta manera, si el valor del colateral cae y deja de cubrir la deuda, el sistema liquida automáticamente la posición y devuelve el dinero al prestamista.

De esta forma, el riesgo deja de residir en la persona y pasa al activo. No prestas “a un desconocido”, sino contra una garantía bloqueada en la red.

  • Y, además, por supuesto, nos ahorramos los costes asociados, tanto en tiempo como en dinero, del papeleo necesario para firmar contratos en el «mundo real».
  • Unos acuerdos que en muchas ocasiones se pueden realizar incluso sin comisiones (o con comisiones significativamente más bajas a las clásicas bancarias).
  • Y sin la lentitud tradicional de la burocracia, ya que todo se firma y se ejecuta en tiempo real.

Todo, recalco, porque por debajo hay un protocolo criptoeconómico que vela porque, en efecto, el sistema esté blindado a potenciales usos maliciosos por parte de terceros, y también cuente con unas garantías suficientes como para que no haya que confiar en el resto de usuarios.

El propio sistema de automatización de la confianza ya lo hace por nosotros.

Ya no hace falta, por tanto, confiar en la palabra de un tercero, confías en el código.

Lo que me lleva al segundo punto del que quería hablarte.

El apalancamiento.

Cómo funciona DeFi si quieres apalancarte

Ahora, pongámonos en el otro lado.

Supón que quieres invertir en algún activo (por ejemplo, quieres dar la entrada para comprar un inmueble), pero no tienes suficiente liquidez como para ello.

Sin embargo, tienes, digamos, 50.000 € en Ethereum.

Por supuesto, puedes intercambiar parte de ese dinero a FIAT (a euros, vaya), pagar los impuestos asociados al beneficio que hubieras obtenido con esa inversión, y darlo como entrada… pero, y aquí viene lo importante, en ese proceso habrás desinvertido, habrás pagado los impuestos (ergo, pierdes el potencial del interés compuesto), y además imagínate que crees que su precio va a subir a medio plazo, por lo que ya no solo estás desinvirtiendo: estarás, para colmo, perdiendo el beneficio de ese interés compuesto futuro.

En fin, que necesitas el dinero, pero no querrías venderlo para conseguir liquidez.

Pues, en el mundo DeFi, puedes usar ese Ethereum como garantía (como colateral), pedir prestadas unas stablecoins (pongamos, por ejemplo, que te dan a cambio unos 25.000 €) y usar ese dinero para la entrada.

Obviamente, tu colateral (esos 50.000€ en Ethereum) se mantiene bloqueado mientras el préstamo esté abierto.

¿Cómo se devuelve, entonces, lo prestado?

Pues al final del contrato, o cuando el valor del colateral baja demasiado (porque baja lo suficiente en el mercado ETH).

En ese momento, el contrato se encarga de cobrarte el principal prestado (en este caso, los 25.000 € en ETH) más los intereses acumulados hasta ese momento.

Es decir, en esencia, estás creando tu propio sistema de crédito sin pasar por bancos ni regulaciones.

Porque sí, en efecto el funcionamiento es parecido a una pignoración bancaria… pero con varias diferencias clave.

A saber:

  • Para empezar, no tienes que pagar periódicamente los intereses del préstamo. Como ya expliqué anteriormente, el prestamista sí recibe periódicamente su interés, pero éste se saca del margen de seguridad de tu colateral.
  • Además, recuerda que no tienes que negociar con nadie: Es el propio contrato el que se autoejecuta.
  • Las comisiones de la plataforma son ridículas en comparación con las que sí que te va a cobrar el banco.
  • Y, por último, y sobre todo cuando hablamos de patrimonios en cripto, es muy normal que hoy en día los bancos tradicionales no acepten criptomonedas como colaterales.

Eso sí: hay que dejar claro que esto no es para principiantes.

Estás apalancándote, y por tanto, asumiendo los riesgos que conlleva cualquier apalancamiento.

Y voy a ser muy claro con esto:

Si no controlas bien el riesgo, o el mercado se mueve en tu contra, puedes perderlo todo en cuestión de minutos.

Recuerda, si no, lo que ocurrió a finales de 2025 con el día negro de Bitcoin:

El 15 de diciembre de 2025, Bitcoin perdió $9,600 de valoración, lo que equivaldría aproximadamente a un 10,7%.

La caída se debió a varios factores socioeconómicos, pero se agravó precisamente por la liquidación de contratos apalancados.

En apenas unas horas, cientos de miles de inversores que estaban apalancados en Bitcoin a múltiplos de 5x o incluso más, vieron cómo perdían toda su inversión, generando un efecto dominó que afectó al resto de inversores apalancados, y con ellos, a todo el mercado.

Esta es la razón por la que un servidor, al menos, no ve nada bien apalancarse, sobre todo para comprar más activos digitales.

Obviamente, cuando compramos un inmueble, como fue mi caso el año pasado, me he apalancado. Más que nada porque raro será el caso de alguien que tenga el suficiente dinero como para pagar todo lo que cuesta una casa a tocateja, sin recurrir a una hipoteca.

Pero de ahí, a apalancarme para invertir en activos digitales, hay un largo trecho.

Y es que, ya he hablado en otras ocasiones de cómo algunos influencers financieros promocionan estrategias de apalancamiento DeFi vendiéndolas como las fórmulas del “dinero fácil”.

Por supuesto, si todo sale a la perfección (todos los astros se alinean), así es…

Pero puede no ocurrir así.

Y cuando no ocurre, que por cierto, en mercados tan irregulares como es el de los cripoactivos, es extraño que ocurra a la perfección, nada más lejos de la realidad.

El apalancamiento —sea en bolsa o en blockchain— multiplica tus ganancias si todo sale bien, pero también multiplica tus pérdidas si las cosas se tuercen.

Volviendo al ejemplo anterior, piensa que ese fatídico 15 de diciembre todos nos levantamos con un 10% menos de valoración de nuestra inversión en Bitcoin.

Que un 10%, te puedo asegurar, que duele, sobre todo cuando, como un servidor, ya hablamos de bastante dinero, no de unos pocos miles de euros.

Pero es que quien estaba apalancado, digamos, a un 5x, se levantó sin nada.

Vamos, que en apenas unas horas, toda su inversión… se esfumó.

¿Cómo es esto posible?

Pues porque ya que antes de llegar a esa pérdida patrimonial de más del 50% (un 5x significa que estás apostando a cinco veces lo que ocurra en el mercado), le habría saltado la alerta, y al no responderla a tiempo (en muchos casos la respuesta tendría que haber llegado, como muy tarde, apenas unos segundos después de recibirla) y meter más colateral, el contrato habría vendido el 100% del restante para cubrir al o a los prestamistas.

DeFi como ecosistema paralelo

Echas ya las presentaciones, para entender la magnitud del fenómeno basta con mirar casos como el de Polymarket (EN), un mercado de predicciones donde los usuarios pueden apostar sobre eventos reales (desde elecciones hasta el resultado de la Superbowl).

Y sí, es una idea parecida a nuestro querido INYESTA, un POC que diseñamos unos amigos en el máster de ingeniería en Informática hace unos años, pero bien desarrollada y con un modelo de negocio de varios miles de millones de dólares…

Volviendo a Polymarket, cada transacción está soportada por contratos inteligentes sobre blockchain, y todo se ejecuta sin entidad intermediaria.

Pues bien, Polymarket es solo un ejemplo del tipo de producto financiero que permite DeFi: mercados algorítmicos, derivados tokenizados, seguros descentralizados o exchanges automáticos como Uniswap, del cuál hablamos, por cierto, no hace mucho, como una de las principales plataformas para anonimizar transferencias cripto.

Y te decía que Polymarket era como nuestro POC, pero bien ejecutado y con un modelo de negocio muy rentable.

De hecho, es que el mundo DeFi ya mueve absolutas burradas.

Mira:

DeFi inversion

Como puedes observar en esta gráfica, el valor total bloqueado en protocolos DeFi, con datos sacados de Statista entre 2018 y 2025 (EN), superó los 140.000 millones de dólares en 2025, multiplicando por diez la cifra de solo cuatro años atrás.

Una adopción así de vertiginosa es prueba del potencial, sí, pero también de la falta de filtros que a menudo detectamos en este tipo de industrias tan poco maduras.

Cada ola de innovación tecnológica trae consigo una ola paralela de oportunistas.

Y DeFi, con su aura técnica y su lenguaje complejo, se ha convertido en el nuevo dorado de los estafadores online.

Hasta ahora te he hablado de todo lo bueno de DeFi.

Ahora vamos a ver su lado oscuro.

Los fraudes en DeFi: promesas imposibles y estafas programadas

Esto quiero dejarlo muy claro, porque desde CyberBrainers recibimos cada semana casos de personas que han perdido miles, decenas y centenares de miles de euros por “inversiones” en supuestos proyectos DeFi.

De hecho, es que es ya uno de los ganchos más habituales en todas esas estafas cripto que nos están llegando día tras día a las oficinas.

El patrón suele repetirse:

  • Un contacto (a veces un bot, otras una persona en redes sociales) te invita a invertir en una plataforma “DeFi con inteligencia artificial”, NFTs o cualquier otra tecnología que parece sacada del futuro.
  • Hacen gala de gráficas, rentabilidades del 20% o más, y una jerga técnica que abrumaría a cualquier experto.
  • El dinero se deposita… y nunca más se vuelve a ver.

Y claro: aquí conviene entender una diferencia clave:

Invertir en DeFi no es lo mismo que invertir a través de una web que dice usar DeFi.

Los auténticos protocolos DeFi son públicos, auditables y ejecutan todo en blockchain.

Las estafas, en cambio, simulan interfaces DeFi pero esconden detrás una base de datos centralizada que controla el estafador.

Lo he repetido muchas veces:

Cuando no entiendes de dónde está el negocio, probablemente el negocio seas tú.

Los cuatro riesgos principales de DeFi

DeFi, por si no ha quedado claro a estas alturas, tiene un potencial enorme, pero también conlleva asumir una serie de amenazas concretas que conviene conocer.

A saber:

  1. El riesgo tecnológico.
    Y es que el código puede tener fallos. Si un protocolo sufre un hackeo, se pierde el dinero bloqueado. Y no hay seguros ni atención al cliente: las pérdidas son irreversibles.
  2. El riesgo de mercado.
    Si el precio del colateral se desploma, como te he explicado con anterioridad, el sistema liquida TODAS tus posiciones automáticamente. Y a veces, en mercados volátiles, como es el mundo de las cripto, eso pasa en segundos.
  3. El riesgo regulatorio.
    DeFi vive en un limbo legal. Las leyes europeas —como el reglamento MiCA, que entró en vigor recientemente— van avanzando, pero aún hay muchas lagunas. Si algo sale mal, no puedes acudir a un banco ni denunciar ante la CNMV.
  4. Y el riesgo humano.
    El mayor de todos. Por desconocimiento o exceso de confianza, muchos usuarios cometen errores básicos: envían fondos a contratos falsos, pierden sus claves, o se dejan seducir por promesas de rentabilidades imposibles.

De verdad que en CyberBrainers lo vemos a diario: el fraude DeFi es el “nuevo timo del tocomocho” del siglo XXI.

La tecnología cambia, pero el modus operandi es el mismo de siempre: la avaricia, el desconocimiento y la confianza mal puesta.

Desde CyberBrainers ofrecemos un servicio de asesoramiento a víctimas de cualquier tipo de fraude cibernético.

Gracias a él, revisamos cada caso por separado, te explicamos qué opciones tienes, y te ofrecemos soporte en aquello que necesites (ayuda legal, asesoramiento técnico para evitar problemas futuros…).

Además, si hay posibilidad de recuperar el dinero robado, te ayudamos con la recuperación.

Si has sido víctima de alguno de estos timos, ponte en contacto con nosotros y revisaremos el caso.

Hacia dónde va DeFi

Pese a lo que pueda parecer por todo esto último, no soy para nada pesimista.

Sigo creyendo que DeFi tiene un futuro brillante… si se combina con educación financiera, regulación inteligente y auditores de código fiables.

Y es que, DeFi podría democratizar el acceso a productos financieros complejos que hoy están reservados a la banca de inversión.

Podría hacer que los pagos internacionales sean instantáneos, que las comisiones desaparezcan, y que cada persona ejerza el control total sobre su propio patrimonio.

En esencia, es toda una revolución financiera.

Al nivel de lo que supuso Internet, o con anterioridad, la imprenta.

Eso sí, solo si el usuario entiende lo que está haciendo.

Llevo más de una década escribiendo sobre cómo la tecnología cambia la relación entre las personas, las empresas y la confianza.

Y DeFi es, probablemente, el mejor espejo de esa frase:

“En el futuro, la confianza no será un sentimiento; será una capa de código.”

DeFi no es, por tanto, una moda pasajera, ni una burbuja más dentro del mundo cripto.

Es una alternativa real al sistema financiero tradicional, con una promesa enorme y una dosis igual de grande de incertidumbre.

Si te estás planteando entrar, hazlo como lo harías con cualquier otro proyecto financiero:

  • Infórmate,
  • verifica,
  • y nunca inviertas lo que no puedas permitirte perder.

Y sobre todo, mantente alerta frente a quienes usan la palabra “DeFi” como excusa para tapar fraudes.

Detrás del brillo tecnológico, muchas veces se esconde el mismo truco de siempre: vender humo con nombre nuevo.

Te dejo, para terminar, tres preguntas que me gustaría que respondieras en comentarios:

  1. ¿Habías oído hablar de DeFi antes o este episodio te ha servido para descubrirlo?
  2. ¿Crees que algún día los bancos tradicionales tendrán que integrar sistemas DeFi para sobrevivir?
  3. ¿Qué tipo de regulación te parecería justa para equilibrar innovación y seguridad en este ecosistema?

Y tienes por aquí un enlace a mi servicio de consultoría sobre inversión donde podrás descargar dos ebooks totalmente gratuitos para dar tus primeros pasos en este apasionante mundo, y si tienes cualquier duda, ya sabes por dónde encontrarme.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor especializado en ayudar a referentes a blindar su reputación, diversificar y escalar su autoridad como marca.

Me puedes leer y escuchar en www.pabloyglesias.com (recuerda que la primera Y de «Yglesias» es «Y griega», que si no me confundís con otro), y me puedes escribir a contacto(at)pabloyglesias.com.

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