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central energetica descentralizada

Estos días Tesla, junto con la Pacific Gas & Electric Company, ha puesto en marcha lo que bien podría ser uno de los primeros acercamientos a un sistema energético descentralizado en California (EN).

Bajo el nombre de Emergency Load Reduction Program pilot, o ELRP, pagarán dos dólares fijos por kWh inyectado a la red a cada uno de los usuarios, que pasan de este modo de ser meros receptores (clientes) del abastecimiento energético centralizado tradicional, a exportadores de ese excedente que produzcan sus paneles solares.

Desde la propia app, que puedes ver sobre estas palabras, se les alertará de picos en la red de suministro, y cada usuario puede decidir si inyectar o no el excedente que tenga en sus baterías, cobrando por ello.

Decía que era el primer acercamiento serio en California, pero ni mucho menos es el único.

En Australia hace tiempo lanzaron un proyecto semejante (EN), en Brasil tienen uno que además compensa a los productores de energía con créditos para futuras facturas (EN), y en Texas hay otro, aunque en este caso, y por ahora, sin compensación económica (EN).

Pero lo importante del tema no es solo esto, sino el paso de un sistema centralizado a uno descentralizado.

Quien escribe estas palabras está, de hecho, planteándose con Èlia cambiar de casa, y precisamente uno de los puntos que creemos vamos a valorar si al final lo hacemos es la eficiencia energética, con vistas a, en un futuro, intentar conseguir la autosuficiencia (aunque sea parcial/temporal).

La experiencia que hemos tenido en estos tres o cuatro años en el pueblo de Madrid es que al depender de una única centralita eléctrica, tenemos cortes de suministro de vez en cuando. Que es cierto que apenas duran un segundo (han sido contadas las veces que nos hemos quedado media hora o incluso una tarde sin red), pero es suficiente para que además se quede sin luz la centralita de red que suministra conectividad, tanto móvil como de fibra, en la zona, transformando ese minuto en alrededor de media hora en la que estamos completamente incomunicados, y además sin continuar con las labores de trabajo.

Cuando esto te ocurre de Pascuas a Ramos, pues oye, no importa. Pero cuando ocurre a diario, como ha pasado durante algunas épocas, pues jode.

En California, actualmente, están experimentando una situación parecida, pero mucho más dramática. Tras la fuerte sequía de estos últimos meses, las centrales hidroeléctricas, que son el principal productor energético de la zona, son incapaces de suministrar la suficiente energía de forma constante por culpa de unos embalses cada vez más vacíos, lo que está llevando a lo que los gringos llaman los brownouts, es decir, esas caídas sistemáticas que te pueden dejar desde unos segundos a varias horas sin acceso a red eléctrica en tu zona.

De pronto, cuando un hogar decide implementar un sistema fotovoltaico en su tejado, y colocar unas baterías en el sótano, presuponiendo, por supuesto, una climatología favorable, pasa a ser muy consciente del consumo que realiza en el día a día.

Es más, en zonas con tanto sol prácticamente durante todo el año, como es el caso de Madrid, montar una instalación fotovoltaica de un tamaño mínimo te asegura como poco cubrir toda la dependencia de la red eléctrica en verano, y probablemente cubrir una parte más que significativa del gasto en la factura de la luz el resto del año.

Ahora bien, es cierto que si lo miramos desde el plano puramente económico, esa inversión inicial tiene un retorno más que dilatado en el tiempo, que se agrava con una legislación como la nuestra, donde las eléctricas impusieron en su día hasta un impuesto al hecho de consumir energía del Sol (y no hacerlo de sus instalaciones), y que por ahora, limitan enormemente para evitar tener que pagar a los productores (el coste del Kwh que compras, y el que vendes, están a años luz el uno del otro).

Se junta también el hecho de que frente a otros estados como el de California, la mayoría de españoles viven en pisos, por lo que la instalación de un sistema de estas características se complica. Y se complica aún más pasar de ser una Comunidad con una producción interna, a una Comunidad que además exporte electricidad. No por temas técnicos, ojo, sino por barreras administrativas creadas únicamente con el objetivo de proteger el negocio de las eléctricas.

De nuevo, es algo que las eléctricas patrias no están interesadas en que salga adelante, por razones obvias.

Justo hace un par de semanas hablaba de esto con un familiar en Girona que tiene un hotel, y me contaba cómo en su día ellos apostaron por instalar junto con otros negocios cercanos un sistema de biomasa.

La principal ventaja de estas instalaciones colectivistas radica en el primer punto que mencionaba en esta entrada: El hecho de que pasemos de ser nosotros los productores de la energía, a la propia Comunidad, nos libera de la necesidad de gestionar, de estar al tanto, del consumo y de la producción.

Y este seguramente sea el primer paso hacia un futuro en el que lo habitual sea que aprovechemos esa energía barata, no contaminante e ilimitada en cada casa, en cada comunidad.

En ese momento, como está ocurriendo ya con empresas de la talla de esa Pacific Gas & Electric Company californiana, las eléctricas pasarían entonces de ser únicamente productoras, a gestoras de la red. Un intermediario que cobra por ofrecer un sistema de garantía (saber que si por lo que sea la instalación descentralizada local no produce lo suficiente, el abastecimiento de luz lo tienes asegurado).

Un escenario radicalmente distinto, y sobre todo, mucho menos estresante para la red.

Recalco: Que quizás quienes ahora nos planteamos montar algo por el estilo estemos persiguiendo ese sueño dorado de la autosuficiencia, la búsqueda de una huella de carbono inferior, o simplemente un interés tecnológico por ser nosotros gestores del propio sistema.

Pero el objetivo a largo plazo es que el usuario sea un mero consumidor de una energía que a veces se produce encima de sus cabeza, otras encima de las cabezas de los vecinos del vecindario, y otras en la central térmica/hidroeléctrica de turno. Sin estar pendiente de nada, justo como ahora mismo pasa… pero con la tranquilidad de que el sistema es muchísimo más robusto frente a potenciales acontecimientos traumáticos (ataque a infraestructuras críticas, climatología severa, subidas drásticas de los precios…), sean o no voluntarios.

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