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Negocios Seguros

libertad expresion

Ríos de tinta podríamos escribir sobre este tema.

¿Dónde termina la libertad de expresión y empiezan los derechos humanos, o ya puestos, la censura?

¿Difícil dar una respuesta única, verdad?

Esto ocurre así por el simple motivo de que para cada persona, en cada situación, los límites estarán en uno u otro lado.

Y puesto que vivimos en una sociedad de acceso y gestión de la información globalizada, dependiente por tanto de esa redefinición sistemática de conceptos tan subjetivos como son las libertades, y con una necesidad absolutista de encontrar una única lectura a todo, este problema crece en envergadura día tras día, dando titulares como los siguientes:

  • Por un lado, tenemos a Elon Musk queriendo comprar Twitter, en principio ya que según él, la red social de microblogging adolece de una libertad de expresión que le permita, por ejemplo, jugar con los mercados bursátiles como ya ha hecho en el pasado para su propio beneficio.
  • Por otro lado, tenemos a Kanye West, que después de ser expulsado de Twitter «simplemente por lanzar comentarios antisemitas», ha decidido comprar la red social Parler (EN/por ahora es solo una propuesta en la mesa a falta de cerrarla con un contrato plenamente oficial), que ya fue en su día bloqueada de los markets de la App Store y Google Play por ser un nido de mensajes de violencia.
  • Y por otro tenemos al bueno de Donald Trump, que ya en su día jugueteó con la idea de hacerse con Parser, pero que al final ha acabado sacando su propia plataforma, Truth Social, donde la libertad de expresión parece solo estar asegurada para opiniones relacionadas con la extrema derecha.

En los tres casos, y aunque en efecto creo que no podemos tachar a estos tres multimillonarios de estar cortados por el mismo patrón, tenemos una serie de similitudes en tanto en cuanto a que:

  • Los tres creen tener una definición única e individualista de lo que debe ser la libertad de expresión en Internet.
  • Tienen el dinero (o capacidad de atraer dinero) suficiente como para plantearse crear su propio feudo digital.

Algo que, recalco, es puramente humano:

Recuerdo lo mucho que me cabreó cuando en Instagram me borraron varias fotos que subí en las navidades del Procés desde Girona, donde simplemente se veía esa costumbre tan catalana que hay de pegarle a un tronco hasta que suelta los regalos.Eso o que durante años mi cuenta de Twitter tuviera un bloqueo soft que hacía que mis tweets no aparecieran en las búsquedas por hashtags. Llegué hasta aprovechar un viaje a Silicon Valley para intentar que uno de los trabajadores mirase mi caso y me dieran las razones de tal baneo.

Claro está, yo, como seguramente tú, somos unos Don Nadie a los que lo único que les queda es aceptarlo y jodernos.

Pero cuando tienes un patrimonio como el de estos multimillonarios, pues lo mismo te planteas que lo justo sería tener una plataforma donde la libertad de expresión estuviera asegurada.

La libertad de expresión que a ti te interesa, claro. La que te viene bien a tus intereses e ideología.

Estos días Alex Jones, fundador, entre otros portales, de InfoWars, ha sido condenado por difamación y condenado a pagar algo más de 1.000 millones de dólares (EN) a los familiares y un agente del FBI por sus declaraciones sobre el tiroteo de la escuela elemental de Sandy Hook, en el que se posicionó a favor del asesino, y que durante meses se encargó de instigar a su enorme audiencia a que atacaran sistemáticamente a todas aquellas víctimas que pretendían «vulnerar su libertad de expresión».

En estos últimos años, el «bueno» Alex Jones ha conseguido montar un negocio esperpéntico alrededor de generar controversia con las más variopintas ideas de la conspiración y comentarios totalmente sacados de contexto. Tanto que se calcula que sus webs llegaron a facturar alrededor de 800.000 dólares diarios en publicidad.

Y es que con este juicio, parece que en EEUU el alcance de la Primera Enmienda de la Constitución queda a partir de ahora limitado a lo que muchos entendemos que debería ser de puro sentido común: Tu libertad de expresión llega hasta donde llegan los derechos de imagen y honor del resto de personas.

Si tu contenido tiene un objetivo difamatorio o delictivo, pierdes el derecho a definirlo como libertad de expresión, sencilla y llanamente porque con él estás haciendo daño a aunque sea una parte de la ciudadanía.

¿Podemos poner a Jones al nivel de estos otros tres magnates? Pues hombre, en cuanto a impacto tendría mis dudas, pero lo que está claro es que si pudieran, tanto Musk como West como Trump hubieran deseado montar sus respectivos InfoWars, más o menos belicistas, más o menos populistas.

Cada uno con sus propios ideales.

Pero todos, casualmente, definiendo el mismo concepto de libertad de expresión.

Aunque sus plataformas fueran totalmente incompatibles entre sí.

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