movil plegable

Elena M. Chorén, de La Nueva España, me escribió hace unos días para pedir mi opinión al respecto de un reportaje que estaban preparando en el periódico sobre los dispositivos plegables. En particular, sobre los nuevos plegables de Samsung (Fold (ES) y Z Flip (ES)).

Un tema del que ya ahondé en profundidad, y que supone un soplo de aire fresco a una industria que lleva casi desde su concepción manteniendo la esencia de un mismo diseño.

Dejo por aquí mis respuestas y el enlace al artículo publicado en el medio (ES/bloqueado tras su paywall).

Un teléfono plegable, ¿merece la pena?, ¿Qué plus aporta al usuario?

En esta pregunta como me temo en algunas de las que me propones la respuesta más correcta sería un «depende».

En esencia un teléfono plegable sigue siendo un teléfono, y por tanto, con él vas a poder hacer todo lo que ya hacías con el que tienes actualmente en tu bolsillo.

¿Merece entonces la pena? Pues depende:

  • Depende de si ese diseño te permite sacar mayor partido a la diagonal.
  • Depende de si al poder plegarlo, esto te permite ir más cómodo con él en el bolsillo.
  • Depende de si gracias a ello puedes prescindir de otro dispositivo, como puede ser una tablet.

Depende de cada usuario. Al igual que para muchos usuarios un smartphone de 200 euros le ofrece las mismas prestaciones que uno de 1.500 y para otros sería un suplicio vivir con él. Depende del uso que le vayas a dar, de los gustos personales, y de la relevancia que le des tú y tu entorno al factor forma y a la innovación.

¿A qué público crees que están dirigidos?

Al menos estas primeras generaciones claramente están dirigidos a los early adopters. A los que nos gusta la tecnología per sé.

Tanto tú como yo podríamos ser potencialmente usuarios de estos dispositivos. Gente del sector, que le gusta probar chismes nuevos, y que además están acostumbrados a, hasta cierto punto, «pegarse» con la tecnología.

Son teléfonos caros, ¿lo valen?, ¿lo recomendarías  como inversión?

Otra de esas preguntas que tengo que responder con un «depende».

Hay mucha diferencia entre un producto caro y un producto costoso.

  • El primero define aquel producto que cuesta más de lo que realmente vale.
  • El segundo simplemente es aquel que cuesta mucho dinero.

En el caso de estos Fold 2 o Z Flip, por hablar del caso de Samsung, creo que estamos ante dos terminales que bien podría entrar en el segundo grupo. Tienen un sobrecoste sencilla y llanamente porque estás pagando ese I+D y esos procesos de fabricación que no son aún estándar en la industria, y que por tanto no se benefician tanto de la producción en escala como el resto de dispositivos.

Ahora bien, ¿lo recomendaría como una inversión? Pues sinceramente no. Me cuesta hablar de un smartphone, un dispositivo que en el mejor de los casos te va a durar un lustro, como una inversión a futuro.

¿Los recomendaría? Sí siempre y cuando tengamos claro dónde nos metemos. Son productos con un diseño y una experiencia de usuario diametralmente distinta, que lo mismo acaban marcando el camino a seguir o se quedan en meras anécdotas tecnológicas.

¿Que quieres formar parte de este cambio desde un principio? Perfecto. Eres de los míos. Pero de ahí a decirte que la compra es una buena inversión hay un largo trecho…

La aparición de estos dispositivos a medio camino entre un móvil y una tablet, ¿podrían llevar a la desaparición de las tablets?

Sobre este punto soy más reacio. Y te explico por qué.

Realmente creo que el next change no debería ser, per sé, el de ese móvil que expandido se transforma en una tablet, sino justo lo contrario: Esa tablet que expandida se transforma en un portátil. Es decir, un producto enfocado al mundo profesional, como aquel prototipo que presentó hace ya un tiempo Microsoft, y del que creo que no hemos vuelto a oír hablar.

Para muchos, entre los que me incluyo, la tablet es aquel dispositivo que utilizas para consumir contenido sin la carga de notificaciones que supone el smartphone. Y es más, un servidor lleva ya bastantes años utilizando como ordenador principal un portátil convertible, que tan pronto me permite trabajar como portátil, como darle la vuelta y usarlo a modo de tablet.

¿El problema? Pues que seguimos dependiendo de ese teclado físico y de una serie de sistemas de unión que permita o bien ocultarlo detrás de la pantalla, o bien desacoplarlo. Si todo fuera pantalla, probablemente podríamos experimentar un cambio en la manera de interactuar con estos dispositivos en el trabajo, amoldando la función al uso y no al revés.

En tiempos de covid y teletrabajo, ¿podrían tener su momento de éxito o crees que son una moda pasajera?

Creo que su éxito o fracaso va a depender poco de la pandemia actual, y menos aún del impacto actual del teletrabajo. Es más, estos últimos meses hemos visto cómo han aumentado las ventas de ordenadores de sobremesa. ¡De sobremesa! Algo que a principios de año parecía totalmente descabellado.

¿Donde está el quid de la cuestión? Pues en que demuestren ser, como decía, un factor forma que suma lo suficiente como para que alguien prefiera ese grosor generalmente superior a cambio de menos ancho o largo plegado.

Y a que el software acompañe más allá de, en efecto, poder ver un vídeo de Youtube más grande.

El mejor ejemplo de que estamos ante las puertas de algo aún muy poco maduro es la gran cantidad de diseños diametralmente distintos que han presentado las compañías. Los equipos de I+D están probando prototipos comerciales, y en base al feedback de los usuarios, se verá de aquí a unos años si esto ha sido una moda pasajera o ha llegado para quedarse.

¿Crees que el futuro de la telefonía pasa por doblar los teléfonos?, ¿Qué otras características deberían de implementarse en los móviles del futuro?

Jajajaja, hombre, quiero pensar que el futuro de la telefonía vaya algunos pasos más allá que simplemente el hecho de poder doblar pantallas... :).

A mi me sigue llamando mucho la atención el concepto de tecnología relajada, es decir, la creación de una serie de dispositivos que sean «invisibles» en el día a día. Que solucionen problemas sin interrumpirnos y por supuesto sin crearnos otros.

Y en parte estamos en ese camino con la democratización de los asistentes de voz y los wearables. Aunque lamentablemente eso entra en conflicto con el principal negocio actual: la retención de la atención y la explotación de datos asociada.

Enfocado puramente al mundo smartphone, y entendiendo este dispositivo como la mejor salida que hemos encontrado a esto de estar conectados desde cualquier lado, es fácil pensar que en algún momento encontraremos la manera de proyectar con buena calidad e iluminación la pantalla en cualquier superficie. Lo que de facto hará que esas diagonales cada vez mayores de los smartphones se reduzcan drásticamente, dejando quizás una pequeña pantalla a modo de teclado para esos momentos en los que no podemos o queremos dictar órdenes a viva voz.

Eso y quizás, con suerte, no depender del smartphone para la amplia mayoría de tareas diarias. Algo a lo que ya estamos bastante cerca de conseguir con el uso de dispositivos que se conectan inalámbricamente y wearables como los relojes inteligentes que ya admiten SIMs.

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