Carta abierta a Fabrizio: Cuan equivocado estabas… [relato distópico]

amazon control

Carta abierta al artículo que Fabrizio publicaba desde el 2047 en su blog sobre lo que nos deparará el futuro próximo (ES):

 

Amigo Fabrizio, cuán equivocado estabas:

Y no por los razonamientos de tu artículo, que exponen hechos objetivos y demostrables, sino por sus causas.

En efecto, Donald Trump acabó siendo Presidente de EEUU, pero no por apoyo del pueblo, sino por la dimisión de su anterior Presidente, Lawrence Lessing, con el mandato más corto de la historia de América.

El objetivo de su proclamación, la de hackear un sistema marchito y sediento de dólares. Esos mismos sellados bajo la falacia del pagaré, no asociados ya a un tangible como el oro o la plata, y que alzaron en la última mitad del siglo XX la economía Americana y Asiática.

El primer Presidente Referendum, la única manera de sacar adelante un cambio radical en todo el negocio que hay detrás de las campañas políticas (EN).

Y tuvo sus resultados, pese a que a ojos de un neófito parezca justo lo contrario.

En efecto, como bien señalas, Donald Trump acabó ocupando el trono, y lo hizo tan bien y tan mal como cabría esperar. Y en efecto, Google acabó cayendo bajo los misiles (físicos, pero sobre todo ideológicos, lanzados en Mountain View y también en las mesas de Washington).

Era, de hecho, la “menos mala” de las posibles consecuencias.

Como también lo fue la guerra que el ego de Bezos abanderó en favor de la libertad del ciudadano. Secundado por ese apagón de 48 horas, pero sobre todo, por el esperpento capitalista que el Sistema llevaba forjando en cada una de sus diferentes pieles. Y sin duda gracias a la campaña mediática (y a la falta de visibilidad de las posibles alternativas), a que Amazon amamantaba prácticamente toda la prensa escrita y televisada.

Pero piensa un momento… ¿De verdad crees que todo esto ocurrió sin ayuda externa?

Jeff Bezos era sin lugar a dudas la opción “menos mala” que le podía ocurrir a EEUU. La mejor opción para el resto del mundo. Como lo fue El Mulo para el avance del antiguo imperio estelar en la obra de Asimov.

¿Te has parado a pensar qué hubiera ocurrido si Alphabet hubiera ocupado su posición? La Gran Corporación, el ojo que todo lo ve. Todo demasiado Orwelliano, demasiado previsible.

¿Y qué hubiera pasado si los tentáculos de Facebook hubieran podido desacoplarse del backend de Amazon a tiempo? Habida cuenta de los lazos gubernamentales del viejo Zuckerberg, nada habría cambiado. Absolutamente nada.

¿Deberíamos haber seguido apostando por un sistema basado únicamente en las aspiraciones humanas? La historia está ahí para demostrar que a la larga, cualquier sistema social termina por contraerse, por autoprotegerse del peligro que entraña un reparto igualitario de poder.

El sistema social de los últimos siglos solo había llevado a la humanidad a una lucha incesante por el control de recursos y territorios, tanto a nivel individual como agrupados en colectivos (ciudades, comunidades/estados, naciones, continentes). Las propias organizaciones corporativas son una respuesta lógica a esa necesidad de unificar grupos bajo un mismo estandarte, un mismo código de conducta que los haga distintos al resto, y por tanto, contrarios a diferentes ideologías, a diferentes aspiraciones.

Y sí, era crítico que Apple plantara cara al movimiento de Bezos, como también lo fue que él mismo sirviera de semilla inicial para dotar a Amazon del soporte mediático necesario. Como también lo fue, años atrás, la comoditización de la infraestructura (que supuso la caída de Europa como referente tecnológico) y de las telecos.

Sin Apple, Amazon no tendría un enemigo claro al que vencer, un objetivo unificador que disparara la codicia y aspiración de su CEO lo suficiente como para plantearse el cambio.

Había, a fin de cuentas, que allanar el camino. El ego de Bezos hizo el resto.

Porque precisamente ahí estaba el quid de la cuestión.

Rotas las barreras políticas del antiguo régimen, el nuevo, marcado por el auge de las grandes corporaciones, transformó el escenario, homogeneizándolo. Pasamos de un sistema social a un sistema tecnológico, más acotado y sencillo de manipular.

Amazon como tal dejó de existir en el momento en que implantó Plato3 como plataforma reguladora de la sociedad. Al igual que lo hizo Google al diluirse bajo una amalgama de compañías amamantadas por el esperpento que acabó siendo Alphabet. Al igual que ocurrió con Alibaba en China, o Badoo en Rusia.

Lo que hasta entonces dependía de los vaivenes políticos, pasó de facto a depender de variables cuantificables, objetivas; de algoritmos profundamente imperfectos y (lo mejor de todo), diseñados y desarrollados por los trabajadores.

Mientras que el ego de Bezos se inflaba, su imperio se desplomaba por sus cimientos.

El poder (que antaño había estado enjaulado en la cúspide de la pirámide) pasaba así de la clase superior minoritaria a los algoritmos (intermediadores), y de estos a sus creadores (el pueblo).

Y sí, el resultado es un escenario capitalista y profundamente controlado por un sistema educativo y mediático que depende de las decisiones lógicas de una inteligencia artificial. La misma formada por millones y millones de líneas de código tecleadas por gente como tú y como yo.

¿Somos ahora más libres que antes? Nada más lejos de la realidad. Seguimos anclados en las limitaciones sociales de la convivencia en colectivo, pero en la práctica, somos dueños de nuestro porvenir, cosa que antes, por cierto, estaba fuera de nuestro alcance.

Incluso la reciente sustitución de Bezos por su propio avatar nos hace cada día un poco menos dependientes. Tanto como para saber a ciencia cierta que hacerte llegar esta carta no pone en peligro mi vida, ni la de mis allegados. No hay riesgo cuando quien toma las decisiones bebe de la mano de todos y cada uno de nosotros.

No soy más que un elemento más de la cadena. Un ente sin vida ni identidad. Soy yo y tú, y todos los demás al mismo tiempo. Soy parte del Sistema, y a la vez la causa y el efecto de su existencia.

Anonymous

P.D.: ¿De qué deberías temer? Precisamente de aquellos países bárbaros que no han sido colonizados por las antiguas corporaciones, como el caso de la República Social Américo-Española. Países refugiados bajo gobiernos totalitaristas, gestionados por la élite política, y que se empeñan en esgrimir una centralidad que resulta hasta insultante. Resistiremos, la coalición parlamentaria formada por el hijo de Pablo Iglesias y Ana Pastor Julián es un ejemplo de las “bondades” que otorga la distribución desigualitaria del poder. El despotismo ilustrado del siglo XXI, con un discurso mucho más sofisticado y un control informativo no supeditado a la objetividad, sino a la pura subjetividad de la clase política de turno.

 

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Puede leer más de estas piezas distópicas bajo el tag Relatos.

Si le ha servido para pasar el rato, o incluso para pensar de manera divergente en el asunto, que sepa que puede invitarme a lo que vale un café (o incluso a lo que vale un café con churros) de tres maneras distintas :).

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