doblepensar autonomo
En esta foto tienes a un trabajador por cuenta ajena haciendo como si fuera un trabajador por cuenta propia

Estoy estos días disfrutando, a mi modo, de un (creo) que bien merecido descanso por eso de haber sido padre, y me estoy encontrando con el problema de que no soy capaz de disfrutarlo.

Me explico.

Obviamente, ser padre es lo mejor del mundo y todo eso que dicen-decimos los padres. Pero aún así, me encuentro como apático, como con desgana.

Hablándolo con Èlia, que por cierto es una pedazo de madraza, creo que hay una parte de sentimiento de impotencia (ella, por razones obvias, es la que se tiene que «comer» más los marrones con la pobre Ona), pese a que desde el principio hemos consensuado muy mucho las obligaciones de ambos, y si bien en efecto dar el pecho solo lo puede hacer ella, yo intento encargarme más otros temas, como puede ser la casa y el papeleo.

Pero a todo esto júntale también una especie de sensación de estar «perdiendo el tiempo» a nivel profesional. De sentir que podría hacer más, y que no lo estoy haciendo.

Estaba pensando en esto cuando caí en que es la primera vez en literalmente años que estoy bajando conscientemente el ritmo. Y que aunque es algo totalmente premeditado, y para colmo he tenido casi un año para mentalizarme de ello, sigo en esa espiral del autónomo que tanto daño hace.

Las mentiras de ser autónomo, emprendedor, empresario o freelancer

Hay en este mundo una cosa que me duele por encima de la mayoría, y es cuando asumimos llamar a algo por lo que no es.

Y la palabra autónomo, o freelancer como les gusta llamarlo a los gringos, es un buen ejemplo de ello.

En esencia, define al parecer a una figura laboral que ejerce su profesión por cuenta propia y no trabaja para otra persona o empresa.

De ahí que se hable de esa autonomía. De esa libertad (free).

La realidad, sin embargo, es justo la contraria.

Y lo voy a decir alto y claro:

No hay una figura legal menos autónoma, menos libre, que la de un autónomo o freelancer.

Que cualquiera que haya, como un servidor, trabajado por cuenta ajena y por cuenta propia, puede constatarlo.

Por varios motivos, de hecho:

Un autónomo no enferma ni se pone de baja

Por si no lo sabes, cuando te haces autónomo tus defensas aumentan volviéndote inmune a cualquier virus o enfermedad.

¿Que un día te levantas con varias décimas de fiebre? Pues si trabajas por cuenta ajena, tienes el día libre para recuperarte.

Si trabajas por cuenta propia, esas décimas de fiebre no son fiebre, así que puedes trabajar sin problema.

Y si no puedes levantarte, TE LEVANTAS.

Por supuesto, eso sí, el gobierno de turno no duda en subir el coste mensual de ser autónomo cada pocos meses, asegurando que así ahora los empresarios tendremos mayores garantías sociales.

En la práctica, esas garantías no existen, ya que si un autónomo deja de ofrecer servicio a sus clientes, no cobra y además pierde al cliente.

A diferencia de si un trabajador disfruta de sus garantías y derechos, ya que es entonces cuando el empresario que lo tiene contratado, o bien hace su trabajo, o contrata mientras tanto a otra persona, con el gasto que ello supone, y que por supuesto lo tiene que abonar él mismo.

Un autónomo tiene vacaciones y días libres cuando quiera

Otra falacia que queda muy bonita de decir, sobre todo para los que tenemos la suerte (o desgracia) de trabajar en temas digitales.

En esencia, podemos irnos de vacaciones o no trabajar cuando queramos, sí.

Pero de nuevo, el ser a la vez trabajador y empresa supone que, de hacerlo, no solo no cobramos, sino que encima cobraremos menos en los siguientes meses, al perder clientes.

El pez que se muerde la cola, vaya…

Un autónomo trabajar las horas que quiere

Unido al anterior punto, tenemos el ya manido mantra de que podemos trabajar las horas que sea.

Un servidor, de hecho, hay días que trabaja menos horas que otros. Por ejemplo, fíjate tú, intento que así sea los domingos, ya que el trabajo de un emprendedor/empresario es de 24/7/365.

De nuevo, ya no solo eres trabajador, sino que además tienes que gestionar a los trabajadores a tu cargo, y hacer de hombre orquesta peleándote con la Administración Pública, con los temas fiscales y con cualquier otra mierda.

Así que sí, hay días que directamente los autónomos o freelancers no trabajamos… de lo nuestro. Porque probablemente estemos haciendo facturación, o peleándonos con alguna absurda petición de la Agencia Tributaria, o simplemente sirviendo de saco de boxeo para los problemas que pueda tener uno de nuestros trabajadores.

Por descansar no descansamos ni hasta cuando descansamos, ya que es difícil desconectar, como te decía al principio de este texto, cuando no solo el cobrar a fin de mes, sino que también el negocio depende de ti.

Un autónomo no tiene jefe

Esta me encanta :).

En efecto, los autónomos no tenemos un jefe. Tenemos muchos jefes.

Tantos como clientes tengamos.

¿Que AuronPlay no tiene jefes? ¿Que es un alma llevada por el viento?

AuronPlay tiene de jefes, como mínimo, a Amazon (Twitch), a Google (Youtube), y a su audiencia. Y luego el resto de patrocinadores… como mínimo.

Así que si ya tener un (mal) jefe es una putada terrible, imagínate cuando tienes muchos (malos) jefes.

Hay días que no dan ni ganas de levantarse, oye. Pero como eres autónomo, TE LEVANTAS O TE LEVANTAS.

Un autónomo siempre está quejándose pese a que paga una mierda de impuestos

Aquel que haya trabajado siempre por cuenta ajena pensará que la diferencia entre el salario bruto y lo que le llega a la cuenta son los impuestos que él paga al Estado, obviando que el empresario es el que está pagando la mayor parte de impuestos a su nombre.

Con los autónomos, muchas de las criticas de aquellos que no tienen ni idea de lo que es tener una empresa han ido históricamente a señalar que si un autónomo gana (después de descontar el IVA), por ejemplo, 2.000 euros limpios, cómo es posible que pagase unos 370 míseros euros al mes para tener todas esas garantías de la seguridad social (garantías que ya ves que en la práctica podemos disfrutar sin ningún problema…).

Pero se obvia que esos 2.000 limpios no son para él. Son para el autónomo, y para la empresa.

El autónomo o freelancer tributa como persona y como empresa, lo que supone asumir mucho más riesgo.

Por lo que no, ganar 2.000 € limpios como trabajador por cuenta ajena NI DE LEJOS se parece a ganar 2.000 € limpios como autónomo.

Sea como fuere, desde principios de este año nos toca sí o sí pagar impuestos NO según la tributación real que tengamos, sino la que CREAMOS QUE VAMOS a ganar en el año.

Vamos, que tenemos que hallar la cuadratura del círculo, y además ser adivinos, para no estar adelantándole dinero al Estado. Que cuando hay al revés o pagas ya o te cae una multa. Pero como te deban ellos… ya si eso te pagan cuando les venga mejor.

Todo sea por llenar un poco el saco deficitario de las pensiones. Esas que probablemente tanto tú, trabajador por cuenta ajena, como yo, trabajador por cuenta propia, no lleguemos a ver.

Y pese a todo, seguimos llamándolo autónomo o freelancer

Por todo esto decía que no hay una futura laboral menos autónoma o libre que el autónomo o freelancer.

Es un doblepensar de guión.

Llamamos a algo con un apelativo que defina justo lo contrario, y lo dotamos de una definición diferente para que entre todos asumamos que es otra cosa.

Al menos, cuando en su día se inventó la palabra negocio, sí se quiso definir correctamente la terminología:

NEGOCIO = NEGación del OCIO.

¿Pero autónomo? ¿Freelancer?

Haríamos mejor en llamarnos algo así como «cautivomo» o «subordinomo». O ya puestos, «priosionancer», que suena como a me multiclase de un juego de rol.

Vocablos mucho más consecuentes con la realidad de esta figura laboral tan en auge :).

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