Ecosistemas digitales limitados artificialmente “por seguridad”

edge extensiones

La última entrada en el blog de Windows (EN) ha desatado una oleada de memes en las últimas horas. No es para menos, habida cuenta de que el tema bien se presta a fruncir el ceño.

La cuestión es que parece que la irrupción de las extensiones en Microsoft Edge a un año vista va más lenta de lo que a muchos les gustaría. A día de hoy solo existen 70 extensiones para el navegador, cuando en Chrome o Firefox tenemos miles.

¿Cuál es la respuesta de la compañía?

Anteponen la creación de un ecosistema seguro y fiable antes de engordar absurdamente el catálogo.

Construyendo un ecosistema digital curado

Y es precisamente eso lo que me anima a escribir esta pieza.

Es cierto que, para un desarrollador de extensiones, Microsoft Edge presumiblemente no estará el top 1 de la lista. Antes, en todo caso, quizás prefieras prepararla para Chrome (como un servidor hizo), que lidera el mercado, y si te quieres meter en el jaleo que ello conlleva, apuntar hacia Firefox, que es la segunda en discordia.

Lo que de facto deja a Microsoft en tercer o cuarto lugar. Ergo, menos volumen de proyectos, ergo, menos posibilidad de competir con el resto.

Bajo este prisma, las declaraciones de los chicos de Redmond bien podrían tomarse como un canto al cielo. Una mera excusa para defenderse por lo que a todas luces sigue siendo un catálogo muy reducido de complementos.

Y sin embargo…

¿Sería mala idea que uno de los competidores antepusiera criterios como la seguridad, la estabilidad y eficiencia a la hora de ofrecer extensiones en su producto?

Es decir, estamos siempre quejándonos de que Chrome y Firefox cada vez son más pesados, que cada vez consumen más RAM, y que tire la última piedra aquel que nunca se le ha quedado bloqueado alguno de estos en los últimos meses. Para un servidor, cuyo trabajo se realiza casi por completo en Chrome, es uno de los principales motivos que me llevan periódicamente a reiniciar el ordenador.

De pronto, sale al mercado un navegador que, bien sea porque acaba de llegar (lo mismo pasó en su día con Firefox y Chrome, ojo), bien sea porque en efecto es la estrategia a seguir, se posiciona como la alternativa para todos aquellos que buscan un navegador que “simplemente funcione”. Lo más ligero posible, con un ecosistema desarrollado por terceros que cuente con las garantías suficientes como para confiar ciegamente en sus desarrollos.

Todo esto en un ecosistema que precisamente adolece de garantías.

¿Cuantas extensiones recientes han sido revendidas últimamente a terceros para transformarse en mero malware (ES)? ¿Cuántos plugins han pasado de la noche a la mañana a volverse un spyware o un vector de difusión propagandística tras un hackeo sufrido al desarrollador de turno? 

Ya le digo yo que muchos. Muchísimos.

El principal problema de los ecosistemas digitales es, precisamente, ese: Que ante todo lo que interesa es que haya un volumen considerable. Algo que pasa en el mundo de las extensiones, pero también en el de las aplicaciones móviles o complementos de otras tipologías de software.

Y es un tema totalmente entendible, habida cuenta de que lo primero que un usuario medio se plantea cuando va a utilizar un navegador diferente (el usuario básico NO cambia el navegador en su vida) es, precisamente, que pueda hacer ahí todo lo que ya hacía en el otro lado, y a poder ser de la misma manera.

Cuando pasas de algo como Chrome o Firefox a Microsoft Edge la cosa se complica, ya que aunque es cierto que en esas 70 extensiones que a día de hoy tenemos están prácticamente todas las que un usuario medio podría necesitar, lo mismo te has acostumbrado a otra que no existe en el catálogo. Y quizás sí haya alguna que hace lo mismo, pero hablamos de cambiar de extensión, lo que implica una ligera molestia.

El resultado final, pese a que realmente como decía tengamos en Edge un navegador más que competente con prácticamente todas las funcionalidades que tendría la competencia y con un rendimiento bastante superior, es el de estar ante una mera alternativa. Un producto secundario.

Pero cambiemos el chip e imaginémonos que lo mismo somos usuarios profesionales, con un perfil técnico, y nuestro trabajo depende precisamente de la fiabilidad que podamos depositar en nuestra herramienta de trabajo, que en este caso es el navegador.

¿No sería buena idea contar en el mercado con un producto que antepusiera estas características a los números? Siendo conscientes que la amplia mayoría de extensiones de navegador no sirven para nada, ¿tan malo es que haya una compañía que prefiera ser de verdad estricta con qué desarrollos de terceros acepta y cuáles no? Un navegador en el que sabes que las cosas van a funcionar al nivel de exigencia que Microsoft se haya marcado, siendo conscientes de que eso les va a hacer competir en inferioridad frente al resto de alternativas en el mercado generalista.

Es algo que muchos llevamos demandando años. El que en ese paso que en su día hicimos abriendo los ecosistemas digitales a desarrollos de terceros, existan las garantías suficientes como para que esa aplicación que me he descargado no pueda ser utilizada en el presente o en el futuro para hacerme daño o vulnerar mi privacidad. Y sobre todo, que todo cambio me sea avisado antes de entrar en vigor.

No es pedir una utopía. Google, Mozilla, y en este caso Microsoft, bien podrían establecer una serie de políticas por las cuales cualquier actualización de una extensión deba pasar una serie de controles para en efecto entrar en vigor. Y que uno de ellos sea algo tan sencillo como una alerta que le mostrará al usuario con los cambios que van a implementarse en la próxima actualización, teniendo que aceptarlos para que ésta se descargue.

Cambios de desarrollador, nuevos permisos declarados, uso de permisos que hasta ahora no estaba realizando (aunque los hubiera declarado), modelos alternativos y dudosos de monetización,… 

Es un pequeño cambio, pero generaría un entorno de confianza mucho más halagüeño para el usuario final, y reduciría drásticamente las mala praxis que a día de hoy es santo y seña del mundo de los desarrollos de terceros.

Así que, aunque probablemente Microsoft esté intentando matar dos pájaros de un tiro (ya que me llegan pocas extensiones, me puedo permitir ser más estricto con lo que acepto en el market habida cuenta de que soy consciente que no puedo competir en igualdad de oportunidades con la competencia), el corolario final no me parece nada equivocado.

A Edge le falta mejorar en muchos aspectos, pero justo en este no debería. Ya que va a ser la alternativa a los dos grandes, que al menos apueste por hacer las cosas de forma distinta, ¿verdad?