internet extremos

Llevo, como muchos sabéis, publicando a diario por estos lares desde hace más de diez años.

Y en todo este tiempo, Internet ha cambiado.

El Internet de los muchos

Ha cambiado también para bien, por supuesto.

Ahora resulta mucho más sencillo producir contenido en la red. Tener tu propio canal desde el que exponer tus inquietudes, o simplemente compartir esa parte de tu día a día que quieres exponer.

La Red de Redes ha ido virando de aquel escenario informativo, a uno comunicativo.

Uno en el que las redes sociales (que como ya expliqué en su día, de sociales ya tienen poco) han democratizado el acceso y la distribución de contenido como nunca antes habíamos visto.

Unas redes cada vez más aisladas, con protocolos propios incompatibles entre sí, en esa ansiada y paulatina «bunkerización» de la experiencia.

Algo que, recalco, parece que la sociedad hemos aceptado sin rechistar.

Aunque algunos creamos que ha sido un error.

Un lobo con piel de cordero.

Porque en esas concesiones, aceptamos no solo que el negocio de las multinacionales cobrara cada vez mayor protagonismo (esto no es estrictamente malo, ojo), sino que también perdiéramos el control del canal.

Y esto último sí debería habernos preocupado.

El Internet de unos pocos

Así, en un escenario donde las barreras de entrada son cada vez más leves, nos encontramos con que, paradójicamente, hay cada vez menos perfiles capaces de captar realmente la atención.

Todos ellos han llegado hasta donde están por haber hecho las cosas bien, entendiendo por bien no solo lo obvio (ofrecer algo que la comunidad quiera consumir), sino también por saber adaptar su contenido al contexto de cada red social.

Un contexto que viene dado por los vaivenes del algoritmo de turno. Por el SEO, vaya. Por saber posicionar lo que produces según lo que en ese mismo momento esté funcionando.

Es aquí donde quería llegar, porque si bien es algo que hasta cierto punto se entiende como esperable en cualquier plataforma, sea digital o analógica, entraña, per sé, una serie de retos que entran en conflicto con los ideales que en su día, los viejos, teníamos sobre lo que debería ser el contenido en Internet.

Y a riesgo de caer nuevamente en el yoyalodije típico de un abuelo cebolleta, me temo que por el camino hemos sacrificado la calidad y la verosimilitud del contenido.

¿Que a qué me refiero?

Cómo ser viral en el Internet actual

Básicamente, lo que hoy en día funciona es:

  1. Generar títulos y descripciones impactantes, que resuelvan una intención clara de búsqueda, aunque luego sea mentira: No hay más que darse una vuelta por Youtube o por los reels de TikTok, Instagram/Facebook, para darse cuenta de que lo que dice el texto, y luego lo que ofrece el contenido, no tiene nada que ver. A lo sumo se saca de contexto (y mucho) una ínfima parte de todo el contenido, que es lo que da nombre y atrae a consumirlo. Pese a que luego, una vez visto, te quedas con la idea de que te han mentiro.
  2. Hacer contenido basado en el algoritmo y no en las personas: Queda muy bonito decir lo segundo, pero lo cierto es que cualquier blog o canal actual que tenga éxito, entendiendo por éxito una gran comunidad que consume sistemáticamente su contenido, lo hace generando contenido basado en datos, y no con el objetivo de aportar. De nuevo, podríamos entrar en la disyuntiva de que el algoritmo solo refleja los intereses reales del usuario, pero esto solo refleja una parte de la realidad. ¿La otra? La menos bonita de contar, y que pasa por posicionar aquello que a la empresa que está detrás le interesa que esté posicionado. Un tipo de contenido transaccional interesado (que ofrezca beneficios directos a la empresa), como el que ya se ha demostrado que plataformas como Google o Amazon artificialmente posicionaban frente a otras búsquedas, o aquel otro que plataformas como Meta sacan mayor rédito económico, al estar más demandado a nivel publicitario. De todo esto he hablado recientemente en uno de los episodios del podcast, que comparto por aquí abajo.
  3. La opinión oculta bajo un halo de información y fuertemente alienada: Es paradójico pensar cómo el Internet actual se parece cada vez más a la sociedad de la información de los mass media. Se produce contenido con una línea editorial clara (la que dicta el algoritmo), se saca de contexto todo para generar el interés inicial, y se lleva al extremo el análisis. Así, ahora parece que todo es lo más… o lo menos. No hay puntos medios. Es la peor ola de calor de la historia, esta tecnología es el mayor invento jamás creado, estamos a punto de sufrir la mayor crisis económica… Si no se exagera, eres intrascendente.

El internet de los extremos

Todo esto nos lleva al Internet de nuestros días.

Uno en el que para comunicar, tienes que posicionarte en un extremo y vivir todo como si fuera lo más (o lo menos).

Si tienes un canal y quieres comunicar algo más allá de tus círculos cercanos de influencia, no queda otra que volverte hostil, mentiroso y agresivo.

Dar las recetas de la abuela, argumentos de autoridad: Si aplicas estas cuatro cosas, tu negocio despegará.

Obviando, de paso, la complejidad del mundo que nos rodea.

Esto último es lo que de verdad me preocupa, porque un servidor se siente «sucio» dando argumentos de autoridad, y diciéndole a los demás qué tienen que hacer… como si solo existiera una única verdad incuestionable.

La experiencia en cada una de las disciplinas que tocamos te dan herramientas, por supuesto, pero esa misma experiencia me ha hecho darme cuenta de que no siempre A+B es igual a C. Que aunque haya atajos, hay que saber pivotar y entender que todo aquello que queda más allá de nuestras burbujas de filtros, está ahí por algún motivo.

Esto es así, le guste o no al algoritmo de turno. Nos guste o no a las personas, que por puras limitaciones biológicas, estamos diseñados para abrazar la simplificación como una máxima.

Y por ese motivo llevo tiempo que siento que el Internet actual no es para mi.

Que me hago viejo, y que no estoy dispuesto a pasar por el aro de aceptar limitaciones intelectuales (que afortunadamente no tengo) para llegar a mayor audiencia.

Lo cual, como hablábamos recientemente en el grupo de Telegram del Club Negocios Seguros, entraña de por sí un gran problema al futuro de la Red, y por tanto de la Sociedad.

Una suerte de censura basada en lo no tan monetizable, en lo no tan viral, que nos dirige a un mundo cada vez más alienado y simplista.

Una sociedad de extremos. Una sociedad mediocre.

Fíjate tú, de lo mismo que escapábamos cuando la información estaba en manos de los grandes grupos mediáticos tradicionales…

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