El Internet de los ricos (sobre la ruptura de la neutralidad de la red)

internet a dos velocidades

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Es un tema, por tanto, que he tratado largo y tendido por estos lares, habida cuenta de que me preocupa en exceso, y cuyas ramificaciones van más allá de las puramente activistas y de las propias de la industria telco.

Lo que sí está claro es que parece que dentro de los planes del gobierno de Trump, está el hecho de acabar con esa parte que hasta el momento ha dado sentido a Internet: su neutralidad a nivel de infraestructura.

Y era algo que, por cierto, ya preveíamos. No es casualidad que Ajit Pai, anterior abogado de Verizon (una de partes interesadas), fuera nombrado director de la Federal Communications Commission (FCC), después de que el anterior director se mostrar algo más escéptico de “lo que la industria querría” a romper con la neutralidad de la red.

Y quien piense que lo que pase en EEUU se queda en ese país, está muy equivocado. Porque lo que allí se decida, además de las implicaciones geopolíticas que tendría para Europa y el resto de zonas, afectaría a la mayoría de servicios que utilizamos, muchos de ellos americanos, y por ende, sujetos a su legislación.

Bajo el nombre de “Restoring Internet Freedom(EN/PDF/hay que tener guasa para ponerle este apelativo…), el gobierno sacará el próximo 14 de diciembre a votación la nueva ley, que básicamente dará a las operadoras la potestad de:

  • Ralentizar o agilizar el acceso a servicios: Y ya no solo bajo demanda excesiva, sino en la práctica bajo cualquier supuesto (económico incluido). Esto quiere decir que podrán crear una Internet a distintas velocidades, en la que según cuánto paguemos, podremos acceder a contenidos en mejor o peor calidad.
  • Crear redes prioritarias: Viene de la mano de lo anterior. Para agilizar el acceso a aquellos que paguen más las operadoras pueden destinar mayores recursos a unos clientes (los que más paguen) en detrimento de los demás (los que menos paguen).
  • Bloquear contenido: Las operadoras podrán decidir (sin mediación de un juez) si permiten que sus clientes accedan a X servicios. Y aquí está claro que hay un interés hegemónico en la industria por atacar a las páginas de enlaces, aunque por activa y por pasiva se haya demostrado que no por su existencia hay más piratería y menos ventas, y que de hecho estos portales pueden ser un canal de distribución de obras legítimas perfecto.

Un primer acercamiento lo tuvimos hace relativamente poco con las tarifas de zero-rating (ES), con Vodafone Pass a la cabeza, y del cual en su momento me pronuncié en la intranet de mecenas.

El que nos ofrezcan la posibilidad de utilizar redes de mensajería como WhatsApp o Telegram sin gasto del ancho de banda contratado puede parecer que es un win-win para todos, pero lo cierto es que al final quien sale perdiendo es el usuario:

Sí, que desde hace meses un servidor, por ser cliente de Vodafone, me sale “gratis” el ancho de banda consumido en WhatsApp, Line, Telegram y compañía. Pero, ¿y si un servidor es desarrollador de una nueva aplicación de mensajería? ¿Y si esto que ahora ofrece Vodafone el día de mañana lo ofrecen el resto de operadoras? ¿Cómo puedo yo, un pez pequeño, competir con gigantes tan bien posicionados como WhatsApp, y para colmo a sabiendas de que mi servicio estará considerado “de segunda” de cara al usuario final, habida cuenta que ninguno de estos planes me añaden dentro de su pack de zero-rating?

Y el problema es aún mayor cuando metemos en el saco el propio interés de las operadoras, muchas de ellas, como Telefónica, reconvertidas a empresas de servicios:

¿Quién me dice que Movistar no va a preferir hacer que Movistar Plus, su servicio de streaming, vaya más rápido para sus clientes que Netflix, Amazon Prime Video o HBO? A fin de cuentas, son competencia en el sector servicios, pero es que además ellos controlan la infraestructura, y si no hay neutralidad de la red, están en toda la potestad de hacerlo. 

Un debate de muchos grises

Por hacer de abogado del diablo, es cierto que hay un punto que quizás a muchos críticos se (nos) escapa, y es el hecho de que la inversión en infraestructura que deben hacer las cableras no es tan fácilmente monetizable ni escala al mismo nivel que la demanda de ancho de banda que exigen los usuarios y las Over the Top (el sector servicios).

Por supuesto todos queremos tener 5G ya entre nosotros, pero lo cierto es que para que eso se de, tenemos que asumir o bien que las congestiones de red se gestionen según el ancho de banda contratado (yo he pagado tanto, ergo quiero tanto ancho lo esté o no utilizando), o bien según la necesidad real del usuario (un servidor está consumiendo ahora un video en 4K y usted está chateando por WhatsApp, por ejemplo):

  • Si apostamos por el primer acercamiento, tenemos que asumir que puede haber momentos en que nuestra conexión, pese a que tenga contratado X megas por segundo, no es capaz de llegar a ellos y por tanto no podrá suministrarnos el contenido a la calidad esperable. Esto es sencilla y llanamente inasumible, ya que en la práctica las antenas dan para lo que dan, y habrá picos que en caso de no poder segmentar joderán a casi todos los usuarios por igual.
  • Si apostamos por el segundo acercamiento, estamos asumiendo que en efecto la operadora puede modificar la velocidad según la demanda de la antena y según el servicio/contenido que estemos demandando. Y eso, que YA SE HACE, hasta cierto punto es una ruptura de la neutralidad de la red. Una ruptura que se hace para ser más óptimos en el desempeño de la red, pero un pasito más necesario para salvaguardar el negocio de las operadoras frente al resto.

La conclusión con la que quiero que se vaya es que no hay blancos o negros en este debate. Quizás un gris que al menos, en la ideología de algunos, tiende más a oscuro que a claro.

Y no es la primera ni será la última vez que perdamos batallas en pos de una suerte de industrialización de ese ecosistema descentralizado (y hasta cierto punto anárquico) que ha supuesto Internet desde sus inicios. Pasó con las medidas de certificación de servidores de correo por motivos de seguridad, está pasando con el HTTPs por temas de privacidad, y ahora todo apunta a que acabará llegando con el fin de la neutralidad de la red por motivos económicos.

Por otro lado, también hace tiempo que perdimos la capacidad de luchar en igualdad de oportunidades como startup con los nuevos gigantes. O al menos, las barreras de acceso son ahora tan sumamente grandes (y los nuevos reyes tienen tanto cash disponible…) que es sumamente difícil que surja de la nada una nueva Google, un nuevo Facebook o un nuevo Amazon.

Salve decir que no soy partidario de esta situación, pero es que no veo cómo podríamos seguir planteándonos el entorno anterior, con el negocio, y sobre todo, con la ideosincrasia (cibercrimen, industria, seguridad, privacidad, economía) de nuestros días…

Si alguien de los aquí presentes tiene la receta, estaré encantado en escucharla.