El primer falso negativo [Relato distópico]

primer negativo

NEGATIVO

Se armó un alboroto en la sala, únicamente silenciado por el golpe seco de la maza de la jueza en la madera.

-Por favor, vuelva a repetir la prueba -el hilillo de voz apenas se dejó oír entre el murmullo apagado que reinaba en la habitación.

-Como guste, su señoría -el abogado se colocó nuevamente la corbata, como para darle tiempo a la máquina a decidir su respuesta-. ¿Era el señor Ernesto Rodríguez un potencial asesino la semana pasada?

NEGATIVO

-¿Lo es ahora?

ASÍ ES

La contestación del asistente volvió a caer como un jarro de agua fría sobre la sala, y muchos de los allí presentes sintieron la necesidad de compartir ese momento en su muro.

Era la primera vez desde que el sistema de precrimen de Reminder parecía llevarse la contraria. Ni un maldito caso igual en los casi cinco años de uso, con una implantación ya cercana al 80% de la población mundial.

La defensa venía preparada, y tardó apenas un par de horas en exponer ante el jurado y ante la opinión pública la investigación llevada a cabo por los ingenieros de la compañía, que básicamente confirmaba el buen funcionamiento de la herramienta, aludiendo a que el vídeo que aquella cámara de seguridad había grabado con el señor Rodríguez arrastrando lo que a todas luces parecía el cuerpo de una mujer había sido manipulado.

No era, de hecho, la primera vez que ocurría algo así. Pululaban, y cada vez con más habitualidad, vídeos subidos de tono, cuando no directamente denigrantes, en los que participan personajes famosos, o prácticamente cualquiera del que haya un registro visual lo suficientemente amplio.

Hacía tiempo que cualquier prueba grabada había dejado de tener valor. Y en eso, hasta cierto punto, todos podíamos estar de acuerdo.

Pero, ¿y qué hay de los residuos biométricos del acusado encontrados en el cuerpo de la víctima? Qué casualidad que todos los registros de la cuenta de usuario sitúen al señor Rodríguez en el mismo instante y lugar donde ocurrió la tragedia…

Pero claro, ante tales cuestiones, nuevas respuestas. Reminder no se había equivocado. Simplemente estaba analizando unos datos tergiversados brillantemente por alguien con el poder o conocimientos suficientes como para hacerlo. Y, de paso, con el interés necesario para comprometer el buen nombre de la compañía.

Alguien había sin lugar a dudas dejado ese rastro biométrico, borrando sus pasos y creando luego una serie de registros digitales (vídeo incluido) para inculpar al señor Rodríguez, con un índice 8,926K, cuyo nombre dentro de la política era incuestionable.

-Tenemos que reconocer nuestro error –aseguró uno de los ingenieros al cargo de la funcionalidad-. Hemos creado un sistema que peca de ser demasiado exacto con sus predicciones. Tanto como para, ante muy eventuales situaciones, como la que tenemos delante, con una manipulación absoluta de los datos a los que la herramienta es capaz de acceder por fuentes abiertas, Reminder prefiere desmentir y afirmar el estado del usuario. Somos una compañía basada en los datos, y Reminder es la culminación de muchos años de análisis objetivo de los mismos. Está claro que el estado del sujeto no ha podido cambiar, por lo que nuestro error, en todo caso, es el haber dado demasiado valor a los inputs que el sistema puede recopilar, a sabiendas que muchos de ellos están sujetos a mecánicas de tergiversación humana.

Un leve retoque a su algoritmia, y misterio resuelto. El señor Roberto Martínez también había estado en ese mismo lugar, tenía llave, como trabajador temporal que era, del cuarto donde se encontraría horas más tarde a la víctima, y lo más importante, tenía un índice K de 1,87 (recordemos que el límite permitido está en 1,5) y, por tanto, acceso a peores abogados.

¿Había más pruebas contra él? Claro que no, pero Reminder nunca se equivocaba. Y las pruebas, como se había demostrado a lo largo de todo el juicio, eran elementos cuestionables. Así que caso cerrado.

Sofía dio varios golpecitos con el dedo a la carpeta del informe, y se recostó levemente sobre la silla del despacho. El juicio del señor Rodríguez de hace un par de años era justo lo que estaba buscando.

Quizás el primer caso no “editorializado” del que había registro de un presumible error en el sistema precrimen de Reminder. Un tema que llevaba meses atormentándola.

¿Y si el señor Rodríguez era, en efecto, el asesino? ¿Y si el señor Martínez no era más que un pobre cabeza de turco para encubrir las fechorías del político, y ya de paso, proteger la credibilidad del sistema?

Había demasiados intereses en juego como para permitir que un caso aislado echara por la borda los lucrativos acuerdos estatales con la compañía. Dinero, pero también interés social en que esto siguiera funcionando, habida cuenta del grandísimo éxito que había demostrado tener.

Porque lo que estaba en juego aquí no era únicamente el considerar que quizás el sistema hubiera cometido un error al analizar acertadamente las miles de variables a las que todos estábamos sujetos en el mundo civilizado, sino más bien en conocer qué porcentaje de error estaba asumiendo.

El caso del señor Rodríguez fue muy sonado debido al carácter público del mismo, pero Sofía se preguntaba ahora en cuantas otras situaciones se podrían haber producido, potencialmente, errores semejantes. Falsos positivos que incriminaban a víctimas inocentes, condenándolas al destierro por crímenes que jamás irían a cometer, y falsos negativos que el sistema, garante a día de hoy de toda información accesible por el usuario, habría ocultado en primera instancia a los gobiernos, y en segunda al resto de la sociedad.

Lo que también supone cuestionar que en efecto el sistema haya sido tan exitoso a la hora de erradicar prácticamente por completo la violencia en donde se ha implementado. Si aquellos casos de violencia son resueltos como accidentes, si el usuario vive con la incertidumbre de si su próximo movimiento le va a llevar ser considerado un potencial peligro, si los que cometen o son víctimas de uno de estos ataques son cubiertos o callados, en la práctica tenemos un sistema que es 100% infalible, habida cuenta de que es él mismo el que que controla el acceso a la información, vehículo crítico para conocer la verdad.

 

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Inspirada en los esfuerzos del gobierno chino por crear un sistema global de precrimen, así como dar un giro desde otra óptica al relato “El derecho al olvido en la vida real“.

Si le ha servido para pasar el rato, o incluso para pensar de manera divergente en el asunto, que sepa que puede invitarme a lo que vale un café (o incluso a lo que vale un café con churros) de tres maneras distintas :).

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