El reinado de las apps se difumina

progresive web app

Publicaba el viernes en el blog de SocialBrains un pequeño análisis al informe liberado horas antes por Nomura sobre el paulatino dominio de Facebook en el entorno móvil (ES).

En él, aunque fuera de refilón (el artículo estaba centrado en esto y no en lo otro), señalaba algunos datos interesantes que apuntan al panorama que quería comentar hoy. A saber:

  • El 68% de los usuarios no descargan ninguna aplicación al mes. El número de descargas totales en mayo a nivel mundial ha bajado un 3% respecto a ese mismo mes en el año pasado. Un 21% solo en EEUU.
  • Y ya de paso, el 94% de los ingresos de la App Store se quedan en el 1% de las apps.

Es decir, de ese más de millón y medio de aplicaciones en Android y de ese millón y medio de iOS, alrededor de 15.000 aplicaciones son las únicas que están, de una u otra manera, dando sentido al mercado. El 99% restante o no produce beneficios, o directamente pasa sin más pena que gloria por el market. Bien podríamos cambiarlas por piedras que nadie se daría cuenta.

Esto, como comentaba, viene de la mano de aquella maduración (ES) de las tendencias de consumo en dispositivos móviles de la que en su día (hace ya unos cuantos meses) escribía. Estamos cada vez más hartitos de probar aplicaciones y salir escaldados, así que conforme pasa el tiempo, tendemos a mantener las cuatro que de verdad nos han engatusado, y olvidar las otras, cuando no desinstalarlas.

Unimos estos dos puntos y tenemos un mercado que pese a resultar muy atractivo para empresas y desarrolladores (me acuerdo cuando intentaron hacernos creer que si no tenías aplicación no existías en una desafortunada comparación con el mundo web), ni es rentable, ni ni siquiera está creciendo. Más bien todo lo contrario.

Y pese a todo, cada vez más consumimos desde dispositivos móviles. ¿Qué está pasando entonces?

La paradoja móvil

Que cuatro de las cinco aplicaciones más utilizadas por los usuarios sean de dominio de Facebook debería darnos un indicio.

Utilizamos cada vez más los móviles en comparación con los dispositivos de escritorio, pero los utilizamos para comunicarnos y compartir.

Es decir, que principalmente la interacción en dispositivos móviles se produce en aplicaciones de mensajería y redes sociales.

Lo que a su vez quiere decir que consumimos información en una muy reducida serie de plataformas de terceros. Jardines amurallados que cada vez cubren más necesidades, y a los que el resto de la industria les ha cedido (sea consciente o inconscientemente) la distribución.

Fuera de eso encontramos muy pocos afortunados. Quitando algún que otro juego, cuyo ciclo de vida, como suele ocurrir en esta industria, suele ser relativamente bajo, y servicios muy específicos (que a fin de cuentas han hecho de su negocio la distribución de bienes y servicios) como Uber, Netflix o Airbnb, hay muy muy poco espacio para propuestas nuevas.

Según el mercado, lo mismo se cuela alguna app de noticias. En EEUU parece que la NBC anda por el top (a años luz de las otras, claro). En España quizás pase lo mismo con Marca. Pero de nuevo, casos muy puntuales y prácticamente despreciables si sacamos una panorámica global.

Así llegamos a la paradoja del móvil:

Que pese a que utilizamos cada vez más los móviles, cada vez utilizamos menos aplicaciones. Somos, a fin de cuentas, cada vez más dependientes de unas escasas plataformas a las que la industria, y nosotros los usuarios, hemos cedido el control de la distribución del contenido.

Justo donde está el negocio hoy en día.

¿Qué alternativas nos quedan?

Haberlas haylas, pero son complejas de afrontar.

En una entrevista reciente a Tim Berners Lee, el bueno de Tim lanzaba un ultimátum: La red no debe tener dueño (EN).

Dejando de lado esa mirada revolucionaria (y hasta cierto punto utópica) que un servidor también le gustaría compartir, lo cierto es que el discurso, en su justa medida, me parece más que acertado.

El problema con la web en dispositivos móviles es ya por todos conocido: No hemos sabido evolucionar el concepto (a nivel de arquitectura, a nivel de desarrollo, a nivel de diseño) más allá de prácticamente reducir las dimensiones y encajar lo que antes se mostraba en una pantalla grande en otra pequeña.

Actualmente hay un nuevo despunte innovador en eso de hacer que la web vuelva a cobrar sentido en el móvil, y existe no gracias a cubrir las necesidades que llevamos años arrastrando, sino por el abuso reiterativo y forzado de otra industria: la publicitaria.

Proyectos como AMP, que un servidor ya tiene habilitado en esta página, no hacen más que apuntar a ese mercado que hasta ahora supuestamente está bien cubierto por las aplicaciones.

Las Progressive Web Apps (EN), también bajo el cobijo de Google, es otra propuesta a medio camino entre lo que sería una web y una aplicación, que tiene sus puntos fuertes y sus débiles.

La idea es precisamente que al navegar por una web que tenga PWA habilitado, ésta cargue como se espera en el mundo app, y para ello hace uso de services workers (EN), notificaciones Push (EN), sincronización en background (EN) y el resto de nuevas implementaciones molonas de HTML5.

The Whashington Post anunciaba recientemente una versión PWA en beta de su web, y la verdad es que si tiene un instante, la animo a echarle un ojo (EN/desde el móvil, recuerde). Por Rocks (EN) tienen unos cuantos ejemplos más.

Nunca va a llover a gusto de todos, y en Arc (EN) publicaban este fin de semana un artículo bastante crítico, aludiendo a cómo esas PWA están (para mal) más cercanas al mundo app que al mundo web.

No seré yo quien les lleve la contraria, aunque con matices.

Bien es verdad que las PWA ocultan las URLs (se muestran en un navegador capado, sin barra de direcciones), y que por ello se pierde parte de esa esencia (y control, añadiría) que ofrece la web frente a los jardines vallados de las aplicaciones.

Pero por otro lado, es esa descentralización de la web la que la ha hecho perder la batalla en el móvil. Al igual que en escritorio generalmente tenemos una conexión y unas tecnologías estables, en el móvil esto viene y va. Todo tiene que mostrarse instantáneamente, siendo capaz de cargar offline mientras más elementos posibles para evitar demoras (o fallos). Para asemejarse a la experiencia a la que nos han habituado en el mundo app.

Hay otro discurso de por medio que sí me parece más interesante, y es que las PWA hacen uso de tecnologías aún no estandarizadas que generalmente funcionan solo en Chrome. Y ahí encontramos un problema (el mismo de siempre con la web, por cierto), que desalienta a los grandes a apostar por algo que no saben si el día de mañana seguirá vigente.

Pero la alternativa ya la conocemos: Un universo de aplicaciones zombies, y una industria de unas 15.000 que son las que manejan realmente el cotarro. Entre ellas, dos o tres imperios (Facebook, Google y ya si eso Apple) que con sus plataformas están gestionando la información que consumimos todos los usuarios. Que con sus plataformas, centralizan el control del negocio del resto de la industria.

Y eso, amigo mío, es un peor escenario que el que podría ofrecer una web progresiva, por muchas URLs ocultas que contenga, por mucha falta de estandarizaciones que podríamos criticarles.