consultoria vendehumos

Hace ya unos días desde que publiqué esa pieza titulada «El año pasado dupliqué facturación, y este año estaré cerca: Te cuento cómo lo he conseguido«.

En ella, seguía a pie juntillas la típica estrategia que siguen todos estos supuestos gurús de los negocios digitales.

  1. Crea un titular atractivo.
  2. Escribe un artículo en el que muestres muchos datos y citas de personajes exitosos, pero en el que no expliques nada.
  3. Viralízalo en redes sociales para captar ingénuos.
  4. Redirige todo ese tráfico a una futura masterclass, en la que volverás a repetir el mismo sermón sin dar soluciones… pero donde invitarás a todos los asistentes a suscribirse a tu newsletter o tu curso donde, ahí sí, seguramente que aprenderán a ser tan exitoso como tú.

Por supuesto, no destapaba la trampa hasta el final del artículo, por lo que la mayoría que me escribieron durante esos días fue para o bien criticarme, o bien aplaudir mi éxito.

La gente, como bien sabes, se queda con el titular, y a lo sumo lee en diagonal.

La cuestión es que al hilo de la pieza sí hubo unos cuantos, entre ellos varios mecenas, con los que mantuve diferentes conversaciones, algunas públicas y otras privadas, sobre lo absurdo, y a la vez eficaz, que supone aplicar este tipo de tácticas, a mi modo de ver deshonestas, para sacar tajada.

Que aunque es cierto que a la mayoría no les funciona (con suerte sacan una paguita mínima en base a engañar a gente necesitada mientras siguen viviendo en casa de sus padres, aunque alardeen de conducir Ferraris y haberse hecho ricos con el trafficker/crypto/closer de ventas/palabro de moda), hay algunos que les va realmente bien vendiendo la moto.

No porque sean, en efecto, emprendedores o empresarios de éxito. Sino porque en base de engañar a muchos, su negocio, que es el de ser un vendehumos, funciona.

Ya he contado en más de una ocasión que son los menos.

Que además suelen ser los que al principio, y por eso de captar una comunidad, te aseguran que el resto son vendehumos, y se jactan de esas estrategias que, oh mira qué casualidad, acaban luego ellos mismos implementando.

Pero claro, lo que te van a ofrecer ellos sí te va a cambiar la vida.

Lo del resto de vendehumos, no.

Pones la patita, y por detrás, la zanahoria.

Estrategia de guión.

Quería hablarte en esta pieza del papel que sí puede jugar un vendehumos en una persona.

No porque lo que te vaya a enseñar sea realmente interesante, o que para alguien con dos dedos de frente, que ya está emprendiendo, no sea obvio. Sino por otros dos factores que juntos dan valor per sé a su propuesta.

Y lo voy a hacer con un ejemplo de un profesional de la industria que conozco.

¡Vamos al lío!

El caso

Para empezar, Pepito (nombre inventado, ya sabes, por eso de no poner en entredicho la profesionalidad de alguien) es un conocido mío del mundillo emprendedor-startuperil que hace ya un tiempo me llamó para pedirme su opinión sobre uno de estos vendehumos.

Èl, que tiene un negocio de consultoría como puede ser el mío, quería hacerlo escalar, y así había llegado al mantra filosófico de uno de estos gurús que aseguraba duplicar la facturación aplicando su método. El único método infalible, ya sabes, que al parecer había contrastado con decenas, centeneras y hasta miles de negocios durante estos últimos quinientos años, y que casualmente nadie más que él conocía.

Que digo yo… si tienes un método infalible… porque no te dedicas a sacar negocios como churros y vivir de los pasivos en vez de intentar enseñar a los demás cómo aplicar ese método.

Pero oye, seré yo que no entiendo de esto de los $$$.

El caso es que me pasó su cuenta de Instagram (ya te puedes imaginar que el gurú vivía en la «abundancia»), con miles de seguidores y apenas decenas de likes en cada post. Que vamos, había comprado seguidores por un tubo.

Pero oye, cuela.

Y de ahí salté a su página. Una landing muy mona, con tropocientos testimonios (seguramente comprados, o hasta suplicados a incautos familiares/conocidos/locos que habían caído previamente en sus redes) que atestiguaban el éxito del susodicho.

Todo perfecto.

¿Qué podía salir mal?

La pregunta que me hacía mi compañero era que el qué me parecía. Y yo le dije la verdad, que tenía toda la pinta de ser un vendehumos de guión.

Pero que, oye, eso no quitaba que a lo mejor hacer esa consultoría con él, que por cierto estaba al parecer valorada en unos 6.000 euros, pero que casualmente se la dejaba a él por ser quien era en «sólo» 2.500€, le servía para algo.

Y le dije esto porque hay dos puntos qué sí pueden servir incluso aunque el contenido que te vaya a enseñar ese gurú sea una mierda.

1.- Pagas para obligarte a tomar acción

Esto es la base de un negocio tan arcaico y analógico como puede ser un gimnasio.

Los dueños de los gimnasios son conscientes de que la gente quiere estar sana y buenísima. Pero para ello hay que dejar de comer donuts/cerveza, y hacer deporte. Y oye, esas dos cosas joden.

Así que el negocio se basa en que pagues… pero que no vayas.

De esta manera, puedes ofrecer más slots que los que realmente tendrías.

Igual que un banco, que como mañana todos nos dé por ir a la oficina a sacar nuestro dinero, descubriremos que, por ejemplo, en Europa los bancos solo están obligados a tener en caja entre un 1 y un 3% del dinero digital que supuestamente tienen.

Pero vuelvo al tema, que me voy por las ramas.

La cuestión es que cuando pagas por un producto o servicio, como puede ser en este caso una consultoría de cuatro horas con el gurú empresarial de turno, hay algo en tu cabeza que te dice que tienes que tomar acción ya.

No porque vayas a aprender una barbaridad con el vendehumos, sino por el simple hecho de que le has pagado 2.500€. Que has «invertido» 2.500€.

Así que, ya de por sí, vas convencido de que lo que te diga va a aportar.

Y esa predisposición hace que, en efecto, por mucha tontería vacua que te diga, acabes sacándole valor.

Es esta la razón de por qué en muchos timos de estos hay gente que realmente, y de corazón, te pueden asegurar que a ellos les ha cambiado la vida.

Si pones a un loco un micrófono delante y fuerzas a varios miles de ciudadanos a escucharle, seguro que habrá alguno que saldrá de ese sermón convencido de que las locuras que dijo son su nueva religión.

Que tenía más razón que un santo.

Que una cosa, no quita la otra.

2.- El método de estos gurús es siempre el mismo, y está basado en la estupidez humana

Pueden llamarlo de una u otra manera, pero siempre, siempre, se basa en los mismos pasos.

  1. Genera contenido gratuito que invite a participar en un evento (online a poder ser, que sale gratis montarlo).
  2. Viralízalo.
  3. En el evento, da a conocer una oferta increíble para tu curso/negocio.

Algunos utilizan para ello landing pages, otros redes sociales o servicios de mensajería. Pero la base es la misma.

Y lo es porque funciona.

¿Que por qué funciona?

Pues porque ataca, como decía en el subtítulo, a la estupidez humana. Es pura ingeniería social.

  • Primero de todo, porque en esa criba inicial, te quitas de en medio a la gente que no está necesitada y/o tiene dos dedos de frente. Los que saben de qué pie cojeas, vaya.
  • Y segundo, porque en el punto tres ya tienes un grupo de personas que están necesitadas y/o no tienen dos dedos de frente.

Es decir, gente que ya viene con la predisposición de la que hablábamos antes a que un tercero, que consideran de autoridad (una persona de éxito supuestamente), les enseñe algo a ellos en particular. Una oferta única e irrepetible (de ahí que se ofrezca en un evento que solo ocurre una vez y en directo).

En este grupo, por cierto, podemos llegar a estar cualquiera de nosotros en cualquier momento.

Lo habitual, de hecho, es que cuando emprendes tengas mil y un dudas sobre si lo que haces está bien o mal.

Y ya te digo yo que esas dudas van a seguir ahí acabes de emprender, o lleves como es mi caso más de una década.

Por tanto, la salida fácil es presuponer que alguien que supuestamente es un crack en esto, te va a dar las respuestas.

Que por supuesto, es mucho más fácil poner en práctica lo que un tercero te dice (y te lo dice totalmente convencido de que es así, bendita ignorancia a parte), que tener tú que llevarlo a cabo por tu cuenta (con el riesgo a equivocarte, con la incertidumbre de si estarás en lo cierto o no).

Las conclusiones

Son estos dos motivos los que, en efecto, hacen que para algunas personas, el suscribirse a esa membresía, el apuntarse a ese curso o el comprar ese infoproducto o servicio a un vendehumos, de verdad les haya servido.

Es pura psicología, amigo. Nada tiene que ver realmente con los negocios y la experiencia de quien te lo cuenta.

Si me preguntas, por cierto, qué tal le fue a mi compañero con esa consultoría de 2.500 €, ya te lo cuento: A largo plazo no le sirvió para nada, pero salió bastante contento de ella, lo que, per sé, ya es un éxito.

De hecho, hasta me consta que tuvo un momento de esos de explotar y llorar como un niño en la propia consultoría. De sacar toda la mierda que llevamos los emprendedores dentro.

Ahora bien, ¿cambió su negocio en algo con la masterclass que recibió? Pues no, sinceramente.

Sigue trabajando como consultor, y su negocio ha escalado en base a hacer las cosas bien y al propio peso de la constancia. Nada más.

Y nada sorprendente.

Como es la puta vida.

Pero oye, ¿fue mala esa inversión de 2.500€?

Pues quizás sí… o quizás no.

Todo depende de la óptica desde la que lo quieras mirar.

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