Hablando sobre el libro “25+1 Relatos Distópicos” en LNE

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Elena Menéndez, redactora en La Nueva España, me escribía la semana pasada para trasladarme algunas preguntas respecto a la puesta a la venta de mi libro “25+1 Relatos Distópicos”.

Hablamos de muchos temas referentes a la creación de una obra así. Desde el micromecenazgo, pasando por las razones que me han llevado a escribirlo, y como no, de lo que se va a encontrar el lector en sus páginas, y cuyas respuestas le han servido para publicar estos días una pieza al respecto: versión PDF (ES), versión web (ES/necesitas ser suscriptor del periódico).

La entrevista, de hecho, también ha sido publicada con ligeros matices en otras publicaciones del medio, como es el caso del periódico El Faro de Vigo (ES).

Dejo como siempre por aquí la conversación completa, por si le puede servir a alguien. Tanto interesados en la autopublicación en Amazon como respecto a aquellos que como un servidor os apasiona el género de la distopía tecnológica.

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Un libro de relatos distópicos sobre los riesgos de la evolución tecnológica, ¿qué temas abarca?

Prácticamente todos los que en estos últimos tres años (lo que he tardado en escribirlo) competen a la actualidad tecnológica. Hay relatos más centrados en los efectos de la inteligencia artificial, otros en los riesgos del coche conectado, del uso y explotación de las redes sociales, de la medicina genética, de la autogestión ciudadana

De todos ellos, ¿cuál nos debería preocupar por encima del resto?

Realmente no debería haber uno por encima del resto. Todos estos avances están generando un nuevo paradigma social que, por regla general, es más positivo que negativo.

Pero me resulta importantísimo hacer partícipe al lector de los riesgos que asumimos cuando delegamos responsabilidades tan críticas como nuestra vida (en el caso de los coches conectados, por ejemplo) en un dispositivo inteligente, o cuando interiorizamos necesidades artificialmente creadas como lo es la dependencia de los likes y followers en redes sociales.

Un tema que preocupa a la sociedad: ¿las máquinas terminarán sustituyendo a los humanos? 

Si y no.

Es decir, está claro que conforme más avances consigamos en sectores críticos para la automatización como es la inteligencia artificial y el machine learning, más labores que a día de hoy tenemos que hacer los humanos serán más óptimamente resueltas por una máquina.

Pero esto no quita que surjan nuevos puestos de trabajo, y que más para mal que para bien, nos va a tocar seguir dedicando una parte considerable de nuestro paso por la vida a trabajar.

Ahora bien, la duda está en qué porcentaje de nuevos puestos se crean y qué porcentaje se destruye, y sobre todo, si esto es compatible con el sistema socio-económico actual (tú te defines por tu trabajo, y el acceso a los bienes que consumes está limitado por el valor del desempeño profesional que realizas precisamente para producir estos bienes).

Ahí es donde surgen acercamientos como el del RBU (Renta Básica Universal), defendido tanto por gente de izquierdas como de derechas, y que sin ser la panacea a todos los males, quizás sea uno de los caminos más realistas de cara a esa hipotética y futura sociedad de la abundancia.

El libro nace del micromecenazgo, ¿por qué eligió este sistema?

De hecho el micromecenazgo de la Comunidad es la causa de este libro, y no un efecto. Fueron los propios mecenas quienes me animaron a que les diera un hilo conductor único a todos esos relatos y los empaquetara en un formato de libro que facilitara más su lectura.

Además, a día de hoy con sistemas de crowdfunding y la autopublicación en Amazon y otras plataformas de impacto mundial, es más fácil que nunca editar y hacer llegar un libro a cualquier persona, indistintamente de dónde viva.

En torno a la mitad de mi audiencia, de hecho, está en Estados Unidos y Latinoamérica. Gestionar esto con una editorial española hubiera sido más difícil.

El nexo de unión de los 26 relatos es la irrupción de “Reminder” en la sociedad, ¿qué es esto?

El Reminder es una especie de red social vitaminada que en este universo distópico ha acabado por aglutinar casi todos los servicios públicos y privados de lo que se llama “el mundo civilizado”.

Empezó como empiezan todos estos servicios (una red social para estar en contacto con los tuyos), y poco a poco fue incluyendo funcionalidades que han acabado por generar una sociedad en la que dependiendo de tu valoración de perfil (el llamado índice K), puedes acceder o no a diferentes beneficios, como puede ser aplicar a un trabajo, acceder al transporte público, pedir una hipoteca…

¿Qué servicios de la sociedad actual podrían guardar cierto parecido con “Reminder”?

De hecho lo gracioso del tema es que en su día la idea surgió de algunos movimientos que veía en China por dotar de una suerte de valoración personal a cada ciudadano.

De esto hace ya tres años, y ahora ya sabemos que aquello que empezó como un sistema para mejorar, por ejemplo, los créditos hipotecarios en las entidades del país del sol naciente, ha ido evolucionando tal y como yo plasmaba en la ficción hasta lo que es hoy en día “el crédito social chino”.

Un Reminder que entrará en vigor en 2020, y que en efecto pone una puntuación de “civismo” a cada ciudadano chino, lo que le va a permitir acceder o no a servicios públicos y privados.

Claro está, entendiendo “civismo” por lo que el gobierno chino quiere entender.

Beneficios de vivir en un país no democrático, supongo :).

¿Podría la inteligencia artificial rebelarse contra los humanos?

Es otro de los temas que trato en el libro, y realmente creo que de ocurrir, no será de la manera que el corolario cultural de Hollywood nos ha impuesto (Skynet en Terminator, HAL en 2001: Odisea en el Espacio…).

Para ello primero la máquina tiene que llegar a la llamada “trascendencia”, momento en el cual ella es capaz de evolucionar por sí misma a expensas del humano.

En “25+1 Relatos Distópicos” esto ocurre paradógicamente en el momento en el que Sarah (el sistema de inteligencia artificial de Reminder), con la necesidad de comprender el lenguaje humano (aprendizaje profundo en el argot técnico), decide crear su propio lenguaje que no está sujeto a las limitaciones gráficas y temporales de nuestros lenguajes.

Esto hace que los ingenieros que estaban hasta el momento desarrollando a Sarah ya no sean capaces de comprender qué es lo que hace al asistente evolucionar.

Y el corolario de todo esto se lo dejo al lector para que lo descubra, pero ya te digo que más que ver con un mundo apocalíptico en el que las máquinas crean otras máquinas para matarnos, tiene que ver que un apocalipsis calmado, en el que el humano es apartado silenciosamente de los beneficios superfluos de la tecnología.

En esos relatos distópicos del futuro, ¿qué papel tienen las redes sociales?

Son el canal principal de acercamiento al ciudadano. El Caballo de Troya perfecto, ya que sin ser conscientes, estamos generando bases de datos estructuradas de nuestra vida para escrutinio de grandes multinacionales.

Sin todo ese conocimiento no sería posible llegar a la sociedad digital de hoy en día, y tampoco sería posible (Dios no lo quiera) llegar a esa “sociedad civilizada” que planteo en el libro.

¿Y qué papel tienen los medios de comunicación en su sociedad distópica?

Han delegado por completo su labor en manos de Sarah y Reminder.

En uno de los relatos, de hecho, planteo hasta qué punto tiene sentido valorar como en occidente valoramos la verdad, a sabiendas de que es un elemento puramente subjetivo, y que con algo tan universal como el Reminder y su capacidad de reescribir la historia, podemos aceptar una verdad absoluta que para colmo es incuestionable, barriendo de facto la mayoría de problemas que hay en la actualidad (guerras, malentendidos políticos, recuerdos borrosos que llevan a tergiversaciones…).

¿Diría que su libro es una especie de “Black Mirror” en versión escrita?

Las comparaciones con la serie de Netflix, o con Dimension 404 (una serie menos conocida pero coetánea a BM) son esperables, y es que al igual que los guionistas de Black Mirror, un servidor ha crecido leyendo también las obras y los ensayos de George Orwell, de Asimov, de Ray Bradbury, de Philip K. Dick…

Precisamente la primera valoración que tuve del libro en Amazon era de una lectora que decía que la obra destilaba por todos los sentidos el estilo de éste último. Y no sabes cuánta ilusión me hizo leerlo, teniendo en cuenta que hablamos de uno de los referentes incuestionables del género de la distopía y la ciencia ficción.

Eligió la ficción para hablar de los riesgos de la tecnología, ¿La realidad supera a la ficción?

Lamentablemente a veces sí. Y el mejor ejemplo, como decía, lo tenemos en lo que está ocurriendo ahora en China.

Una verdadera sociedad de control, al más puro estilo 1984 de George Orwell, con ese crédito social auspiciado por un gobierno censor y profundamente totalitarista.

¿Quieres otro ejemplo? Aquí en occidente, con lo que a todas luces es la mayor crisis que ha vivido la democracia en toda su historia por el impacto de las fake news, que ha conseguido redibujar en apenas un par de años la geopolítica europea y americana, en algunos casos acercándola a gobiernos de extrema derecha o izquierda, con todo lo que ello supone.

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Puedes leer más de estas piezas distópicas bajo el tag Relatos.

También tienes a la venta la versión digital y física (tapa blanda) de esta serie, con un epílogo y un relato exclusivo.