Oda al cuidado de lo estético y la durabilidad finita en cine y videojuegos

GRIS videojuego

Estas navidades he aprovechado para sacar un ratete y disfrutar de Gris (ES), uno de esos títulos indies cuya ejecución es tan sumamente brillante que rivaliza para posicionarse como el GOTY del año frente a otras propuestas triple A cuyo presupuesto simplemente no tiene comparación.

Básicamente en la obra de Nómada Estudios (edit: Devolver son los published, gracias por avisar Ulises) estamos ante ese subgénero de puzzles en plataformas 2D con un apartado artístico que da hasta vértigo (todo lo que vemos en pantalla está pintado a mano por un equipo español). Por detrás, y pese a que podría parecer que lo único que vamos a encontrar es un envoltorio bonito, se encuentra una historia de maduración y, según quien la experimente, acoso, y hasta maltrato, abstraída en un universo que empieza únicamente con el color gris (de ahí su nombre), y que va incluyendo diferentes colores conforme vamos ascendiendo por sus niveles.

Con unas mecánicas tan tradicionales como bien implementadas, que debemos ir desbloqueando a razón de una por color y por tanto por escenario. Tan pronto el típico «pisotón» nos sirve para hacer temblar el suelo y romper unos jarrones, como nos ayuda a no perder el equilibrio frente a un viento huracanado.

Ver en Youtube (EN)

Me parece el ejemplo perfecto de videojuego destinado a enganchar a aquellos que jamás se han sentido atraídos por este mundillo.

Podría estar hablando de Gris durante todo el artículo, que bien lo merece, pero lo cierto es que la llegada de este juego me sirve de excusa para hablar de dos puntos que, bajo mi humilde opinión, se han postulado como los elementos revelación a la hora de disfrutar de obras de entretenimiento.

Y sí, hablo de videojuegos, pero también de cine y televisión.

Empecemos.

El cuidado de lo estético

Parto por lo obvio. Gris recoge esa herencia que en su día plantearon títulos como Journey (ES) de apostar por ofrecer al jugador un mundo estéticamente bello.

En algunos casos, como el arriba mencionado, en base a una paleta de colores y unas decisiones artísticas irreprochables. En otros, como es el caso que nos toca, amparándose en la vuelta a lo natural: los ilustradores deben abandonar la tableta digital y recuperar el lienzo, las acuarelas, los lápices y los óleos.

Y aquí me resulta imposible no hablar de esa obra magistral que fue y sigue siendo Cuphead (ES). Un proyecto que tardó cerca de 6 años en ver la luz, que recupera el género arcade de los recreativos con una estética hecha a mano y ambientada en los dibujos de los años cincuenta.

Jodido de pasar de cojones, pero es que ahí reside la otra pata de su encanto.

Ver en Youtube (EN)

En cine y televisión habría que ir al género de la animación para encontrarnos un espejo exacto a lo comentado, pero es que si aceptamos el apartado fotográfico como mecánica narrativa, se me vienen a la mente obras como Sin City (ES), 300 (ES) o Birdman (ES) que en su momento supieron sorprender no solo por la sinopsis, sino por una ejecución artística única.

Sin City (ES)

Una manera distinta de contar historias: El utilizar la propia naturaleza del medio como narrativa.

Frente a las series y franquicias infinitas, la efimeridad

En una época en la que los productos de entretenimiento se plantean como un servicio, y por ende, siempre parece necesario dejar un final abierto, cada vez disfruto más con esas producciones que deciden por exigencias de negocio plantear un inicio y un final claro de antemano.

Acotar, a fin de cuentas, la experiencia lo justo y necesario, sin alargarla absurdamente.

Este es el caso, nuevamente, de Gris. En unas tres horas puedes tener el juego terminado.

Este es el caso de Marte (ES), esa serie del National Geographic (que no la peli de Matt Damon, ojo) que podríamos englobar dentro del periodismo-ficción en el que nos presentan las aventuras de los primeros colonizadores del planeta rojo en 2033, intercalándolas con entrevistas a expertos reales en ingeniería aeroespacial, astronautas y demás caras conocidas del sector (sí, el bueno de Elon Musk o el siempre brillante Neil deGrasse Tyson salen varias veces).

Y lo mejor de todo: son 6 capítulos. Punto.

Ver en Youtube (EN)

Parece que hay en mente una segunda temporada, pero lo cierto es que la primera, por sí sola, funciona. No te quedas con la necesidad de ver que va a pasar. Todos los nudos abiertos se solventan.

¿Quieres otro ejemplo?

Bad Blood (ES), una serie de Netflix que nos cuenta la historia de Vito Rizzuto, el que fuera durante años el mayor capo de Canadá.

¿Sabes cuánto dura? En efecto, otros 6 capítulos. Principio, nudo y desenlace. Sin mayores pretensiones.

Ver en Youtube (EN)

Y es que al menos a mi (no sé si seré el último) cada vez me echa más para atrás empezar algo (sea una serie, sea una franquicia de juegos) que sé que me van a requerir dedicar un tiempo considerable para ponerme al día.

Que en ese afán de crear universos para todo, de dejar los finales a medias con la idea de que volvamos a pasar por caja (o nos retengan en sus servicios de pago), creo que se ha obviado que esto del entretenimiento debería ser ante todo accesible.

Que no solo vale con ofrecer calidad, sino que hay que saber cuándo debemos hacer borrón y cuenta nueva.

Si algo me gusta de series antológicas como Black Mirror es precisamente que éstas no te hipotecan. Puedes ver un capítulo, y no volver a ver el siguiente hasta que tú no quieras. O saltarte uno cuya trama principal no te atrae mucho.

Si en algo aciertan esos indies de escasas horas es precisamente en no ejercer presión al jugador. Lo empiezas, lo disfrutas y todos felices, sin necesidad de incluir absurdamente logros y coleccionables para alargar su historia más de lo estrictamente necesario.

Y es más. Ésta fue la esencia con la que comenzó el mundo de las series televisivas.

Por si no lo sabes, en su momento franquicias como Star Trek estaban obligadas por contrato a que en cada capítulo se empezase igual (narrativamente hablando) que como terminaba, y esto se debía a que por aquel entonces las cadenas de televisión compraban paquetes de capítulos, pero no podían/querían asegurar que éstos se fueran a emitir en estricto orden cronológico y bajo una periodicidad específica.

Con la llegada de Battlestar Galactica (que, de hecho, fue creada por algunos guionistas que estaban en contra de esta manera de estructurar una historia) se acabó rompiendo esa limitación del medio, hasta el punto de que lo normal hoy en día es que todas las series requieran, como mínimo, verlas desde el primer capítulo hasta el último.

Lo cual ha permitido, por supuesto, profundizar en tramas mucho más allá de lo que en su día se podía hacer. Pero en un mundo tan repleto de estímulos, con plataformas como Netflix apostando puramente por la cantidad, no me parece mala idea recuperar las costumbres de antaño, aunque ya no se deban al limitaciones del medio, o incluso buscar un punto medio como los que hemos mencionado.

Que luego pasa lo que pasa. Empecé a ver no hace mucho Ascension (ES), una space opera de ScyFy cuyo planteamiento realmente me atraía (en la Guerra Fría los americanos lanzaron una nave espacial que tardaría 100 años en llegar a un nuevo planeta con las condiciones semejantes a las de la Tierra, y a mitad de viaje, un asesinato en la nave empieza a desvelar secretos ocultos durante generaciones). Y para colmo tenía también 6 capítulos.

¡Perfecto! -pensé.

¿Cuál fue el problema? Que la serie estaba planteada para tener, como mínimo, dos temporadas, dejando el final de la primera temporada muy pero que muy abierto.

Y ScyFy canceló el proyecto…

-.-

En fin.

¿Alguna sugerencia de serie o videojuego que debiera incluir por aquí?