inversion series franquicias

Estos últimos años estamos viendo cómo, de pronto, las series de animación para adultos tienen cada vez más presencia en esa reñida guerra que mantienen los servicios de streaming de contenido.

Propuestas como la de Invincible, Star Wars: La Remesa Mala, o Star trak: Lower Decks, son solo algunos de los ejemplos con los que plataformas como Amazon Prime Video, Netflix, Disney+ o HBO están intentando explotar sus grandes franquicias.

El caso de Invincible (Amazon Prime Video) es para colmo muy representativo, ya que su lanzamiento ha coincidido prácticamente en fechas con Jupiter’s Legacy (Netflix), otra reinterpretación de un cómic de superhéroes que se encuadra, precisamente, en el mismo género (el de la deconstrucción de la figura del superhéroe).

En ambos casos tenemos a una suerte de «Superman» que debe entrenar a su hijo y mantener una vida familiar más o menos normal mientras todo a su alrededor se desmorona. Con un toque de gore y frivolidad tan esperable, y que tan bien supo representar en su día The Boys.

La única diferencia es que Invincible es una serie animada, y Jupiter’s Legacy una serie rodada con actores reales.

Y en ambos casos tenemos a dos plataformas que necesitan como el comer encontrar su sitio en ese trono tan disputado como es el género de los superhéroes (de lejos el que más facturación arrastra en estos últimos años), a sabiendas de la feroz campaña de lanzamientos que está llevando Disney+ con el universo Marvel (de aquí a un año, la última vez que lo miré, solo había dos o tres semanas sin que no tuviéramos o una película, o un nuevo capítulo de alguna de sus múltiples series) o HBO Max con el universo DC (menos explotado, es cierto, pero con producciones como Krypton o Superman & Lois que son ampliamente seguidas por sus suscriptores).

Y eso sin hablar del resto de grandes franquicias cinematográficas, vaya.

Disney+ ha rellenado así el hueco dejado por The Mandalorian con su nueva Star Wars: La Remesa Mala, también animada. Amazon está explotando el acuerdo que tiene con CBS y la franquicia Star Trek con Star Trek: Lower Decks, a falta de que nos llegue la segunda temporada de Picard, o ya puestos, la cuarta de Discovery en Netflix.

Este es el motivo más visible: rellenar huecos del calendario manteniendo calientes a los espectadores, por eso de que no se den de baja durante unos meses hasta que llegan los grandes lanzamientos.

Sin embargo, podría parecer, sobre todo por las connotaciones culturales que tienen las series de animación, que la jugada les puede salir rana, al haber un porcentaje significativo de la audiencia potencial de esas franquicias que no dan el paso a ver una serie o película de animación por el simple hecho de considerarlas más infantiles.

Es ahí justo donde quería detenerme. Porque si bien el objetivo inicial es, como decíamos, rellenar huecos, lo de crear series animadas basadas en franquicias tiene una ventaja extra: el riesgo que debe asumir la plataforma es mínimo.

Los números de las series

El negocio por tanto va de ver quién se lleva el gato al agua reteniendo al suscriptor. Que el cliente tenga tanto contenido que ver temático que acabe por considerar ese pago mensual una commodity, enganchando por el propio peso de las recomendaciones a los que aún no han dado el paso.

Para ello, Netflix tiene pensado gastar este año fiscal la nada despreciable cifra de 17.000 millones de dólares en la creación de un calendario de lanzamiento de series y películas que ríete tú.

Con esos más de 200 millones de usuarios en todo el mundo, es hoy en día quien parte el bacalao. Pero ojo que Disney+ viene muy fuerte, y en apenas 1 año desde su lanzamiento, ya tiene más de 90 millones.

En casa, de hecho, estamos pagando religiosamente todas las plataformas (Netflix, Disney+, HBO, Amazon Prime Video, Apple TV+ y hasta Vodafone TV). Algo a lo que era bastante reacio hace apenas unos meses…

Pues bien, a falta de conocer cuánto ha costado de media un capítulo de Jupiter’s Legacy, lo que sí tengo es el coste de otras producciones (EN) semejas de Netflix:

  • ¿Un capítulo de Stranger Things? 8 millones de dólares.
  • ¿Uno de House of Cards? 5 millones.
  • ¿Uno de The Crown? Hasta 13 millones.

De ahí que como comentábamos en otro artículo reciente, sea raro ver ya series con más de dos o tres temporadas.

HBO ha llegado a gastar sobre 13 millones por capítulo en series como «Juego de Tronos» o «Westworld», y ahí tenemos a Amazon y su esperadísima serie de «El Señor de los Anillos», que cuenta con una inversión de 250 millones de dólares solo para la primera temporada.

¿Cuánto cuesta crear una serie animada?

Pues en efecto, muchísimo, muchísimo menos.

Grandes producciones en 2D como The Simpsons en las últimas temporadas han llegado a costar entre 2 y 5 millones de dólares por episodio.

Pero hablamos de grandes producciones. Si ponemos la vista en el anime, estaríamos hablando de menos de medio millón por episodio. Para que nos hagamos una idea, 13 episodios de Dragon Ball Super costaron alrededor de 2 millones. Los 13.

Ahí tienes por tanto las razones de por qué ahora hay cada vez más animación para adultos basada en franquicias.

Con que solo el 0,5% de los espectadores se anime a disfrutar de esa serie enganchándolos con que pertenece a esa franquicia a la que tantas ganas le tienes, estaríamos hablando en el caso de Netflix de cerca de 140.000 usuarios, y presuponiendo una media de 9 euros mensuales en Occidente, son 12,6 millones de euros (unos 15 millones largos de dólares) de ingresos mensuales.

El primer mes, por tanto, ya han cubierto de lejos los gastos y facturado para colmo mucho más. Lo suficiente como para plantearse producir varias más en todo el año.

Así que por aquí tienes los motivos.

Sale muy, pero que muy rentable, crear estas producciones menores basadas en franquicias masivas. Retienes con suerte a un porcentaje bajo de los suscriptores, e incluso puede que incentives, por eso del FOMO, a otros a animarse y dar el paso, dotando a la plataforma de contenido temático de muy bajo presupuesto y muy alto beneficio.

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