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Negocios Seguros

clickbait

Empiezo con una historia leída por el MIT Technology Review (al final de esta pieza enlazada):

Myanmar, marzo de 2021.

Un mes después de la caída del Gobierno democrático.

Un vídeo de Facebook Live mostró a centenares de personas protestando contra el golpe militar en las calles de Myanmar (antes Birmania).

Se compartió casi 50.000 veces y tuvo más de 1,5 millones de visualizaciones, en un país con poco más de 54 millones de habitantes.

Los analistas, incapaces de ver estos acontecimientos sobre el terreno, utilizaron las imágenes, junto con cientos de otras transmisiones en directo, para seguir y documentar esa nueva situación. (MIT Technology Review difuminó los nombres y las imágenes para no poner en peligro la seguridad de los creadores de las publicaciones).

Pero menos de un día después, el mismo vídeo se retransmitía de nuevo varias veces, y siempre afirmando estar en directo.

En medio de una enorme crisis política, ya no había forma de distinguir qué era real y qué no.

En 2015, seis de los 10 sitios web en Myanmar con mayor engagement en Facebook eran medios de comunicación legítimos, según los datos de la herramienta CrowdTangle, gestionada por Facebook. 

Un año más tarde, Facebook (que recientemente cambió su nombre a Meta) ofreció acceso global a Instant Articles, el programa que podían usar los publishers o editores (creadores de contenido y distribuidores de este, además de propietarios de algún soporte digital en el cual se pueden poner anuncios) para monetizar su contenido.

Un año después de ese lanzamiento, los publishers legítimos del top 10 de Facebook en Myanmar eran solo dos. En 2018, no había ninguno. En cambio, casi toda la participación de los usuarios de Facebook se había ido a los sitios web de clickbait y a las noticias falsas. En un país donde Facebook es sinónimo de internet, el contenido de baja calidad supera y mucho a otras fuentes de información.

Fue durante esta rápida degradación del entorno digital de Myanmar cuando en agosto de 2017 un grupo militante de la minoría étnica rohinyá (mayoritariamente musulmana) atacó y mató a una docena de miembros de las fuerzas de seguridad. Cuando la policía y el ejército empezaron a tomar medidas enérgicas contra la comunidad rohinyá y a difundir la propaganda antimusulmana, se volvieron virales las publicaciones de noticias falsas que capitalizaban ese sentimiento. Afirmaban que los musulmanes iban armados, que se estaban organizando en grupos de 1.000 personas, que se encontraban a la vuelta de la esquina y que venían a matar.

Todavía no está claro si esas noticias falsas provenían principalmente de los operadores políticos o de los otros motivados por el dinero. Pero de cualquier manera, el gran volumen de noticias falsas y clickbait era como echar más leña al fuego de las ya peligrosas tensiones étnicas y religiosas. Eso cambió la opinión pública y agravó el conflicto, que finalmente provocó la muerte de 10.000 miembros de la comunidad rohinyá, según las estimaciones conservadoras, y el desplazamiento de 700.000 más.

En 2018, una investigación de Naciones Unidas determinó que la violencia contra la minoría rohinyá constituía un genocidio y que Facebook había tenido un «papel determinante» en esas atrocidades. Varios meses después, Facebook admitió que no había hecho lo suficiente «para ayudar a evitar que nuestra plataforma se utilizara para fomentar la división e incitar a la violencia offline«.

Esta es una de las múltiples historias turbias en las que un gigante como Facebook está involucrado, y que han quedado expuestas a la opinión pública tras la publicación de los Facebook Papers, de los cuales precisamente la semana pasada hablé por CyberBrainers.

Y hablamos de un problema MUY IMPORTANTE. Porque ya no es que una compañía como Facebook haya potenciado interesadamente las publicaciones de fakenews a nivel global (a fin de cuentas, les genera mayor interacción que las noticias reales, y por tanto, puesto que recordemos que Facebook no es una herramienta de información, sino de entretenimiento, esto va alineado con su modelo de negocio), sino que incluso se ha demostrado que las está financiando.

Sobre esto ya dediqué, en su día, una pieza en profundidad que titulé con el rimbombante nombre: ¿Sabes dónde aparecen tus anuncios?

En ella, explicaba cómo una parte de toda esa cadena de real time bidding en la que se basa la publicidad programática que todos nosotros vemos en el día a día en nuestras pantallas… viene de negocios muy turbios. Negocios que llegan incluso a generar esos clics falsos y contenido copiado y tergiversado para monetizar medios de comunicación basados en la tergiversación del discurso.

¿Google o Facebook son conscientes de ello?

Joder, claro que lo son…

Pero ¿hacen algo para remediarlo? Esto ya no queda del todo claro.

A fin de cuentas, están haciendo girar los engranajes de su negocio.

Y me explico.

En 2015 Facebook lanzó el programa de Instant Articles, del cual ya hablamos por aquí. Básicamente, hasta entonces, todo el contenido que los medios de comunicación y demás generadores de contenido publicaban en su plataforma, redirigían mediante un enlace a la web del propio medio. Medios que, como suele ocurrir también en la actualidad, están generalmente monetizados mediante Adsense, la plataforma publicitaria de Google.

Pues bien, la estrategia de Facebook es que a partir de entonces los medios no redirigieran a su web, sino que todo el contenido lo publicasen directamente en Facebook. De la noche a la mañana, el alcance orgánico (es decir, el alcance de una publicación sin pagar) se redujo drásticamente… mientras que si ese mismo contenido lo publicabas como un Instant Article, curiosamente le llegaba a toda tu audiencia sin limitación alguna. Así, ya no solo ellos podían colocar publicidad en dicho contenido, sino que encima Google, su competidor directo, perdería tráfico y por tanto monetización directa de la red social.

¿Cuál fue el problema? Pues que quitando cuatro casos contados, los medios legítimos pronto dejaron de apoyar a Instant Articles, y por tanto pronto empezaron a no estar interesados en publicitarse en los Instant Articles (en Audience Network, que es la plataforma publicitaria de FB) de otros medios.

Fue entonces (2016) cuando Facebook empezó a abrirse a otros «medios» menos legítimos. Medios que sí estaban interesados en publicitarse y generar contenido en su plataforma.

Y no hablamos de un negocio residual.

En 2018, la compañía informó haber pagado 1.500 millones de dólares (EN/1.334 millones de euros) a los creadores y distribuidores de contenido y desarrolladores de apps (que también pueden participar en Audience Network). En 2019, esa cifra había alcanzado varios miles de millones (EN).

Une esto, con la poca moderación que ya de por sí tiene Facebook Meta, con su interés maquiavélico por monetizar a cualquier precio, y tienes el caldo de cultivo perfecto para lo que es hoy en día la plataforma: Un nido de mierda desinformativa.

Una industria basada en clickbait

Gracias a Facebook, se ha generado un lucrativo negocio basado en generar diferentes sitios webs con contenido clonado de otras páginas (o entre ellas), que se registran como supuestos medios de comunicación en Instant Articles y Audience Network, de forma que son a la vez receptores de los beneficios publicitarios y compradores de publicidad, para hacer llegar su basura al resto de usuarios.

Y sí, Meta es consciente de ello internamente al menos desde 2019. Hay pruebas de ello.

Y no ha hecho nada.

Y sí, Google también mira hacia otro lado (con más matices, todo sea dicho) con estas fábricas de clicks.

Su programa AdSense impulsó las granjas de Macedonia del Norte y Kosovo que se dirigieron al público estadounidense en el período previo a las elecciones presidenciales del país en 2016. Además, AdSense incentiva a los nuevos operadores de clickbait en YouTube para que publiquen contenido escandaloso y desinformación viral.

Es cierto que en este caso si ha habido algunos movimientos tajantes a la hora de intentar controlar el problema, pero no hace falta más que navegar por Youtube un buen rato para que te asalten numerosos anuncios de supuestos gurús de las criptomonedas y los negocios digitales… cuyo negocio, como bien sabes, se basa en venderte un curso de mierda.

En fin, que este problema lo seguiremos padeciendo durante mucho tiempo. Al menos hasta que haya una regulación clara y globalista que imponga severas restricciones a estas grandes compañías.

Tienes el informe completo del MIT Technology Review (ES) por aquí.

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