Almacenamiento físico o en la nube ¿Qué es más seguro?

Veía a finales de la semana pasada un microartículo de estos tan habituales en Microsiervos (ES) donde se comparaba la nueva oferta de Dropbox frente a un disco convencional externo. Y sin duda este artículo cobra más protagonismo hoy después de conocer en la madrugada del día de ayer la vulnerabilidad en el servicio iCloud que ha permitido a un atacante hacerse con fotos comprometidas de varias famosas (EN)

Almacenamiento

En el portal se quedan ahí, pero me parece interesante retomar este punto ya que aunque trivial (y tratado de forma un tanto simplona) tiene un análisis mucho más profundo que puede ser de utilidad a cualquier usuario interesado, sea para ámbito personal o profesional.

¿Privacidad o flexibilidad?

Bajo mi humilde opinión, el quid de la cuestión es justamente esa. Hasta qué punto está conforme con perder parte de seguridad y exponer sus datos frente a la comodidad de tenerlos accesibles ahí donde vaya.

Por un lado, Dropbox (o en definitiva la mayoría de servicios de almacenamiento actuales) ofrece una herramienta de almacenamiento seguro en tanto en tanto en cuanto los archivos alojados en su interior gozan de un sistema de backups y de unas medidas de protección seguramente más altas y bien aplicadas que las que tenemos en casa, e incluso en la oficina.

Qué levante la mano quien haga copias de seguridad incrementales con su contenido audiovisual y sus archivos de uso habitual. Seguramente pocos lo hagamos (en mi caso una vez cada dos meses o cuando me acuerdo, y sin control alguno para evitar fallos y posibles infecciones).

Por tanto, podemos suponer que un servicio de almacenamiento en la nube arroja a priori un sistema más seguro que el que tendríamos si guardáramos en local, unido además a la facilidad para acceder a estos archivos, bien sea desde cualquier otro dispositivo, bien sea desde la misma plataforma web (que suele contar con su propio ecosistema de ofimática y lector de archivos audiovisuales).

Ahora bien, subir algo a la nube significa exponer tus datos al resto de Internet. Por supuesto, esto seguramente nunca llegue a ocurrir de forma directa, pero basta un desliz por nuestra parte (esa carpeta que dejamos como compartida y cuya URL pegamos en algún sitio donde no debiéramos), bien sea por los fallos de seguridad del servicio (detrás de cualquier servicio hay seres humanos, y los seres humanos nos confundimos SIEMPRE), bien sea por la propia política de uso del mismo (que ya adelanto que suele jugar en nuestra contra). A esto unirle la funcionalidad que muchos de los servicios de almacenamiento en la nube incluyen para hacer copias de seguridad automáticas de nuestro contenido audiovisual, y que en la práctica, pueden llevar a problemas de privacidad en un futuro como el que comentábamos al principio del artículo con el caso de las fotos comprometidas de famosas. La solución a este (y a muchos de los problemas asociados con el almacenamiento en la nube) pasaría por la gestión efectiva del ámbito y permisos de estas herramientas dentro del sistema o sistemas donde se utilizan, así como evitar utilizarlos para guardar cualquier tipo de contenido comprometedor, pero ¿resulta sencillo de administrar para alguien con conocimientos mínimos de informática? ¿Se avisa del peligro de guardar este tipo de contenido automáticamente del dispositivo móvil (por ser el caso más habitual)?

Aquellos archivos que a grandes rasgos están más seguros en la nube, dejan de ser privados, lo cual en sí es un problema gordo de seguridad, con lo que de nuevo la pregunta vuelve a ser la misma.

¿Seguridad o comodidad? Siéntase libre de opinar.

 

P.D.: Y todo esto viene a raíz del feroz mercado que está surgiendo alrededor de la figura del almacenamiento en la nube. Desde DropBox (EN) y GoogleDrive con ese TB por 9,99 euros al mes, pasando por Zocalo de Amazon (EN), enfocado a grandes cuentas, y que ofrece 200GB por 5 euros, la agresiva propuesta de Microsoft con un OneDrive for Bussines (EN) por 2,50 dólares. Me quedaría Mega con esos 50GB gratuitos (la versión de pago es carísima) y Apple, que para variar (quitando iTunes, sus servicios digitales son más bien anecdóticos), va a la cola.

Hace tiempo alguien me preguntó que qué haría cuando mis casi 80GB gratuitos en Dropbox dejaran de serlo. Y cada vez tengo más claro que cuando esto ocurra, alguien ofrecerá lo mismo de forma inmediata, sin promociones ni concursos. La propia presión del mercado así lo está enfocando (ya que lamentablemente, el núcleo de muchas de estas empresas no es la venta directa, sino la información que pueden obtener de nuestro uso).