flujos bursatiles reputacionales

Esta mañana dedicaba el apartado de miscelánea de la Newsletter, y que tienes disponible en la lista de Twitter que enlazo a continuación, a hacer un pequeño resumen de lo que ha supuesto el movimiento WallStreetsBets de las últimas semanas.

La bolsa, que históricamente ha sido un feudo de grandes cuentas, de pronto se ha vuelto un campo de batalla entre David y Goliat, en el que miles de usuarios particulares, coordinados mediante foros como Reddit y redes sociales como Twitter, ponían su dinero en empresas guiados por el corazón, y no precisamente por los criterios históricos bursátiles.

Es, de hecho, un tema que traté en profundidad en una pieza de hace unos meses exclusiva para mis queridos mecenas.

Y aprovecho para parafrasearme, que para eso estoy en mi propia casa:

[…] solo cambiando las bases económicas (el qué se considera más valioso) y añadiendo el factor social, conseguiremos que esa disociación de la realidad que afecta por igual a toda gran corporación vuelva a ir, paradójicamente, más alineada con la realidad.

Que, de pronto, si una empresa es más valiosa que otra no porque tenga mayor capacidad bursátil, sino porque en la suma de su capacidad bursátil y lo que aporta a la sociedad es capaz de obtener mejores resultados, habrá un interés real de la compañía (que, para colmo, se materializará en mayores beneficios económicos) en alcanzar esos objetivos.

Me refería por aquel entonces a algunos pequeños movimientos que hacían países como Nueva Zelanda o Escocia, donde organizaciones como Wellbeing Economy Alliance (Alianza para la Economía del Bienestar) trabajan para pasar de una economía que promueve ÚNICAMENTE el producto interno bruto (PIB) a otra basada en estas prioridades alternativas. Los líderes se preguntan cómo el bienestar puede ayudar a la comprensión pública de las directrices y las opciones políticas, orientar las decisiones y convertirse en una nueva base para el pensamiento económico y la práctica.

Esa psicopatía corporacional que definí en 2015, y que rige desde la revolución industrial a cualquier empresa (el único objetivo de una organización con ánimo de lucro es lucrarse) entra en conflicto con los intereses sociales, al estar anclada en un paradigma económico que hace tiempo dejó de tener reflejo en la realidad.

Sin ello no se puede explicar cómo Facebook, una compañía que sistemáticamente ha demostrado no tener escrúpulos a la hora de explotar los datos de sus usuarios, sea hoy en día una de las empresas más valiosas del mundo.

El valor bursátil tiene que estar directamente asociado al valor que aporta una organización

Pues sí, pero no ocurre, y se va poco a poco agravando conforme dicho valor se utiliza de moneda de cambio para generar mayor riqueza.

Así, año tras año vemos cómo estas empresas, que lo mismo en un inicio tenían un objetivo muy ético, se rinden a los designios de inversores cuyo único objetivo, recalco, es conseguir mayor beneficio cueste lo que cueste.

Bajo este prisma es cuando surgen movimientos como WallStreetBets, y sacan a relucir lo que ya todos sabíamos: Que la bolsa no deja de ser un negocio de ricos creado con reglas que se aplican únicamente cuando a ellos les interesa.

Si no, no se puede entender cómo en una economía democrática como se supone que es la norteamericana, los brokers pueden unilateralmente bloquear la compraventa de acciones de una compañía como GameSpot o AMC justo (fíjate qué casualidad) cuando los grandes hedge funds están perdiendo, y porque miles de particulares se han coordinado para apostar en contra.

Lo que me lleva a la síntesis de esta reflexión.

La reputación (y por ende, la aportación corporativa a la sociedad) como criterio bursátil

En el momento en que gracias a Internet centenares de miles de ciudadanos pueden entrar como un elefante en una cristalería y poner patas arriba la bolsa, entra en juego el factor reputacional de cada organización.

  • Que una compañía de venta de videojuegos en físico como GameSpot haya aumentado tantísimo en bolsa estos días se debe no a criterios puros de mercado (su negocio, le guste a quien le guste, tiene los días contados), sino a ese apoyo social con el que cuenta (millones de ciudadanos que han crecido yendo a estas históricas tiendas a comprar sus primeros juegos y consolas).
  • Que una cadena de cines como AMC haya aumentado su valor bursátil tantísimo estos últimos días no se debe, de nuevo, a criterios de mercado (el negocio de los cines, ya no solo por la pandemia sino también por la ruptura de las ventanas de explotación, peligra), sino a ese apoyo social con el que cuentan (millones de ciudadanos que, nuevamente, quieren apoyar a ese cine de barrio en el que tantos buenos momentos han pasado).
  • Y por contra, ¿qué pasará con RobinHood (la aplicación de compraventa de acciones low cost donde buena parte de ese colectivo ha sido bloqueado, impidiendo que GameSpot o AMC subiera aún más su valor bursátil, con el único fin de proteger a los grandes fondos de inversión) ahora que planean una salida a bolsa?

¿Son conscientes de que muy probablemente haya centenares de miles de pequeños inversores con ganas de apostar en su contra nada más salgan, reduciendo así artificialmente su valor bursátil?

Lo mejor de todo es que toda esta gente está utilizando exactamente las mismas herramientas que el mercado bursátil lleva décadas utilizando para manipularse a sí mismo.

La única diferencia es que ahora quien está a los mandos no son únicamente grandes fondos con el único objetivo de lucrarse caiga quien caiga, sino muchos pequeños con ganas de apoyar a aquellos que creen que han aportado valor a la sociedad, y penalizar a aquellos otros que les han estafado.

Bienvenidos a la época del valor bursátil dependiente de criterios reputacionales.

Más vale que a partir de ahora hagas las cosas bien con tu empresa, anteponiendo el bien común frente al egoísmo de los mercados tradicionales. Sobre todo si egoístamente quieres seguir creciendo en bolsa.