fracaso cine streaming

La semana pasada vimos, al fin, “Mundo Extraño”, de Don Hall. La nueva película de animación de Disney.

Y, para variar, nos encantó.

Exactamente lo mismo que me pasó con la anterior de Pixar, Lightyear, que de hecho la considero de las mejores películas de ciencia ficción de ese año. Ojo, de ciencia ficción, no solo de animación.

El caso es que, como decías, ambas superproducciones me han encantado. Y ambas tienen algo en común: según los medios de comunicación, ambas fueron “el mayor fracaso de Disney en décadas”.

Según Variety (EN), la película recaudó $18,6 millones de dólares en su debut en EEUU, cuando los pronósticos de la propia compañía andaban entre los $30 y $40 millones.

Y con Lightyear, más de lo mismo.

Obviamente hablamos de superproducciones, con un coste, al menos de esta última, de nada menos que $180 millones, pero recalco que aquí la prensa, que para variar lo único que busca son titulares amarillistas, está obviando que vivimos una época totalmente distinta a la que teníamos hace tan solo tres añitos. Y que por ende, ese primer fin de semana de estreno en los cines no es, ni de lejos, síntoma del éxito o fracaso de una película.

El cine en época de streaming de contenido

Creo que no soy el único en la sala que piensa que, actualmente, ir al cine a ver una película de Disney, o de Warner, es perder el dinero.

Y ojo, que no lo digo por hacerme el cultureta. Más bien todo lo contrario. Son dos de los grandes estudios que más me gustan por todas las franquicias molonas (y generalistas) que tienen.

Sin embargo, y como ya explicamos no hace mucho, las ventanas de acceso al contenido han cambiado con la irrupción de los servicios propios de streaming, lo que hace que sepa que a las pocas semanas de que se estrene en cines la nueva película de DC, la tengo para ver en HBO Max. Y unas semanas más tarde, pasa lo mismo con todo el catálogo de Disney+ (Marvel, Pixar, Star Wars…).

Por un lado tengo la experiencia de ir al cine, con todo lo bueno (cerrar un plan “diferente”, unirlo seguramente a una cena en algún restaurante que nos guste…) y lo malo que tiene (tener que salir de casa, gastar considerablemente más), y por otro verla en nuestra casa, con todo lo bueno (en pijama con nuestro proyector o la pantalla de 65″ a nuestro antojo) y malo (poco se me ocurre a este plan si no es por la monotonía).

Que no le estoy dando mucha importancia al factor económico, pero oye, lo tiene.

La suscripción anual de Disney+ nos cuesta 90€. La de HBO Max, 70€.

Ir al cine, como es nuestro caso, dos personas, supone de facto pagar un mínimo mínimo de 50€ (dos entradas más gasolina más aunque sea unas bebidas y algo que picar), siendo más habitual gastar bastante más (ya que estás fuera, cenas).

Y eso hablando de mi casa, donde ahora mismo, a falta de que llegue la pequeña, somos tan solo dos. No me quiero ni imaginar qué pensará una familia con uno o dos hijos (que recordemos que son el target principal de Disney), que fácilmente se gastan lo que cuesta la suscripción anual al servicio de turno (pudiendo no solo ver esa película, sino tener acceso a un catálogo diario con el que rellenar no pocas horas en todo el año) en una sola visita al cine.

Por otro lado, el negocio del streaming es infinitamente más escalable que el de los cines, se mire por donde se mire. Y tanto Disney como Warner son conscientes de ello. Por eso, de hecho, están poniendo toda la carne en el asador.

Lo que me lleva a centrar el tiro, nuevamente, en lo absurdo que resulta hoy en día considerar éxito o fracaso basándose únicamente en los datos del primer fin de semana en taquilla.

Esos 180 millones que en teoría le ha costado a Disney la nueva película no se espera rentabilizar, hoy en día, con la venta de entradas de cine, sino a largo plazo con la suscripción de nuevas familias a Disney+, y con la retención de los que ya estamos suscritos en próximos años.

Nuevas formas de calcular el éxito de una producción audiovisual

Sencilla y llanamente las reglas del juego han cambiado, y el cine, pese a seguir siendo una de las ventanas de visionado más importantes, ya no es la única, y probablemente no falte mucho para que tampoco sea la más importante (si es que aún lo sigue siendo).

Es más, en esto deberíamos fijarnos más a las variables que se tienen en cuenta en servicios como Youtube o Twitch, donde, de hecho, lo normal es que el impacto sea mayor en las siguientes semanas tras la emisión en directo.

Tras la pandemia muchas casa invirtieron en hardware para disfrutar del streaming en condiciones. Y los que no lo hicimos… fue simplemente porque ya lo habíamos hecho con anterioridad.

Con este escenario, y con gilipollas como un servidor que pagan todos los servicios de streaming habidos y por haber, el hecho de que no vayamos ya tanto al cine como antes íbamos (este año creo que he ido dos veces, frente a más de la docena que solía ir antes del COVID) no significa precisamente que estas compañías vayan a facturar menos.

Lo harán sin duda con gente con familias como Elia y un servidor, pero por ahí tienes servicios como Disney+, que casi diría que son un must para cualquier familia con hijos pequeños (al menos de clase media). Familias que en muchos casos iban muy pero que muy extraordinariamente al cine, y que ahora, ya pagan religiosamente la suscripción mensual o anual al servicio. Una suscripción que, por su propia idiosincrasia, genera un flujo de caja mucho más estable y perenne que el histórico basado en uno o dos lanzamientos gordos al año.

El cine está, para terminar, en su mejor momento de la historia. Otra cosa es que los cines como lugares a los que ir y dejarte un riñón estén pasándolo mal.

¿Pero las productoras de contenido? Ni mucho menos…

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