El éxito empresarial de un ecosistema tecnológico ininteligible para usuarios

servicios de google play

Google Play Services (ES) es la columna vertebral en la que se asienta todo el ecosistema de aplicaciones y servicios de Android.

Google es consciente de ello, y motivo de ello estuvo a bien diseñar un logo acorde con la importancia de este elemento: una pieza de colores correctamente colocada en un puzzle que representa todo su ecosistema.

La simbología detrás de los GPS es tan identificativa como adecuada. A día de hoy, y como seguramente cualquier desarrollador Android que se encuentre en la sala conoce, es prácticamente imposible desarrollar una aplicación que no haga uso de los Servicios de Google Play.

Por la sencilla razón de que la alternativa (no hacer uso de este compendio de APIs) complica tanto el desarrollo y la posterior publicación en markets (difícilmente obtendremos la verificación necesaria para aparecer en Google Play si pretendemos gestionar elementos como la localización o el acceso a contenido privado del usuario sin sus GPS), que en la práctica ni se plantea.

Los Google Play Services ofrecen al desarrollador un compendio de herramientas para acceder a componentes críticos del sistema con unas garantías. Garantías, por cierto, que competen tanto al desarrollador como, ojo, también al usuario, evitando malos usos de nuestra información. En una industria que quizás en un principio fue abierta, pero que actualmente depende única y exclusivamente de los dictámenes de Google.

Porque esa es otra. Como ya he dejado claro en más de una ocasión, tenemos que ser conscientes que Android NO es un proyecto de software libre. Android es un proyecto de Google, con algunos elementos abiertos y otros cerrados. Por contra, AOSP sí ofrece esa apertura fuera de los tentáculos de Google a cambio de haber evolucionado mínimamente desde hace unos años. El que prácticamente toda la comunidad abrazara Android como fork por defecto, y como no, los acuerdos económicos que atan al resto de la industria con Google, ha hecho el resto.

A esto hay que unirle que Google es una empresa y, como es de esperar en cualquier empresa, su objetivo es hacer billetes. No mantenernos vigilados per sé, sino ofrecer al resto de stakeholders los datos de sus clientes en bandeja (y recalco, bajo unas garantías de confidencialidad y uso específicas) a cambio de cuantiosos beneficios económicos.

Que todo esto no sea del ámbito de conocimiento del grueso de la sociedad lo puedo entender. De hecho, el objetivo es que el día de mañana nada de esto tenga interés más que para los cuatro frikis que nos gusta saber cómo funcionan las tuberías.

Pero de ahí a que alguien de la industria como Mustapha Al-Bassam (EN), miembro de LuizSec, se lleve las manos a la cabeza asegurando que casi ha tenido un infarto al darse cuenta de que Google estaba compartiendo su posición con una aplicación de terceros (la de McDonalds), y que hasta Edward Snowden se haga eco del “descubrimiento” (EN), hay un largo trecho.

Android es el Caballo de Troya de Google en movilidad

Qué quiere que le diga:

Pensaba que esto ya había quedado claro en su momento.

Android es para Google lo mismo que GMail, que Google buscador, que Chromecast, que Chrome, y en definitiva, que el resto de servicios que ofrece.

Es un mero canal para obtener datos de sus usuarios. Y a cambio, ofrece un servicio (en este caso, todo un sistema operativo) que entrega de manera “gratuita” (con más matices de la cuenta, todo hay que decirlo) y mantiene convenientemente actualizado.

Pero el objetivo no es ofrecer la mejor experiencia de usuario, sino obtener los datos. Que para ello opte por mejorar hasta un nivel casi obsesivo la UX es solo síntoma de que en efecto este negocio es profundamente lucrativo.

Y dentro de esa experiencia satisfactoria está, como cabría esperar, la confianza y credibilidad que el usuario final (la moneda de cambio, para que nos entendamos) depositamos en su ecosistema.

Para ello están las múltiples opciones de configuración que tenemos en el menú de Ajustes, unidas a todas aquellas que están en el menú correspondiente de cada servicio.

Somos, de facto, libres de parametrizar como queramos nuestro Android, nuestro GMail, nuestro Chrome, dentro de los límites que el negocio de la empresa que desarrolla el producto nos ofrece.

¿Y qué pasa cuando los límites no están claros?

Aquí es donde creo que viene el problema.

No hablamos de una aplicación aislada, sino de un sistema operativo en varias capas y de una suite de herramientas (aplicaciones y servicios) que vienen preinstaladas por defecto. Cada una con su parametrización específica, con unos ajustes que aunque cada vez se vuelven más sencillos de entender, hay que reconocer que siguen siendo un verdadero caos.

Por si fuera poco, esto que competa puramente a Google, que después el resto de aplicaciones tendrán su propia configuración y harán uso de una u otra manera de permisos declarados a la hora de instalarse.

El bueno de Mustapha debió pensar que simplemente con negarle los permisos de localización a Google Maps le estaba negando el acceso a su geoposición a Google. Craso error.

Los Google Play Services hicieron de las suyas, y habida cuenta de que éstos son pieza fundamental de la mayoría de aplicaciones, sirvieron a la de McDonalds para localizar al susodicho cerca de uno de sus establecimientos y mostrarle información contextualidada (publicidad invasiva, para que nos entendamos :)).

Y no es un caso aislado, ni mucho menos.

Conforme más evoluciona el concepto de sistema operativo, más se difumina su funcionamiento, y sobre todo, sus límites. Y dentro de esta complejidad, resulta cada vez más dificil generar interfaces que a golpe de un solo click activen o desactiven una funcionalidad que afecta de distinto modo a todas las capas del mismo.

Con desactivar el acceso al GPS a Google Maps solo se obtiene eso (quitarle a Google Maps el acceso), pero no por ejemplo desactivar Nearby (EN), una funcionalidad de los Google Play Services que permite a los desarrolladores acceder al sistema de notificación por proximidad (los llamados beacons) montado por Google.

Lo mejor de todo es que hay manera de desactivarlo (ES), y lo peor es que en efecto, si queremos utilizar Android, habrá que aceptar todo el contrato, no solo la parte que nos interesa.

Hoy es Nearby, pero mañana será el acceso al micrófono o a la cámara, la lectura de SMS (como ya se hace con los emails) y un largo etcétera.

Que podrá ser utilizado como en este caso para mostrar publicidad, o para evitar que nos carguen pagos que no hemos realizado, como ocurre el sistema de Mobile Location Confirmation (EN) de la app de Visa. La funcionalidad es solo una herramienta que la aplicación de turno utilizará para uno u otro fin.

Donde sí creo que puede haber debate es en la necesidad de que estas grandes compañías que viven de los datos apliquen su masa gris no solo en mejorar sus sistemas per sé, sino también en desarrollar interfaces de configuración lo más claros y universales posible.

Algo en lo que Google no es precisamente un recién llegado. La página de configuración de nuestra cuenta es un verdadero ejemplo de síntesis de lo que sin lugar a dudas representa un ecosistema múltiple de servicios verdaderamente complejo.

Y si me apura, el forzar con una crítica y un debate sano el compromiso de toda la industria por dejar claros los límites de sus tentáculos, que pasaría por la ya citada simplificación de interfaces, y por el desarrollo de servicios y aplicaciones que funcionasen (hasta cierto punto, por supuesto) inclusive cuando el usuario decide bloquear una serie de permisos específicos.

Pero lamentablemente, si no está de acuerdo con esta situación, no use estos sistemas. Hay iniciativas como Ubuntu Phone que son sin lugar a dudas mucho menos invasivas, y lo mismo ocurriría en escritorio, en ofimática, en servicios digitales, en domótica y en el internet de las cosas.

Porque entrar dentro del ecosistema de Google conlleva muchísimos beneficios, pero también algunos riesgos.

Y uno de ellos (el más importante) es que nosotros somos el producto.