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Descubría hace unas horas el proyecto Florence (EN), a día de hoy dentro de Microsoft, que tiene como objetivo estudiar cómo podemos comunicarnos con una planta.


La idea, a priori totalmente loca, tiene su aquel cuando te pones a entender la metodología que ha seguido Helene Steiner, la artista detrás de la iniciativa:

El ordenador analiza el mensaje que se va a enviar a la planta para buscar sentimientos en él. ¿Es un mensaje positivo o es negativo? El sentimiento detectado se convierte en un código de luces que parpadean, parecido al código morse. Por ejemplo, un sentimiento amable se convierte en una sucesión de luces rojas, porque la luz roja favorece el crecimiento de la planta. Los sensores situados en las hojas y en la raíces y en el suelo y en el aire obtienen una medición general acerca de cómo se siente las planta. ¿Emiten las hojas algún tipo de sustancia química defensiva? ¿Está el suelo seco? A través de las lecturas de los sensores la planta devuelve una respuesta positiva o negativa. La reacción de planta se traduce en palabras gracias a Twitter: el software busca en esa red social mensajes que contengan un sentimiento similar al de planta y los usa para completar la respuesta.

Es decir, que se aprovecha del más básico de los instintos (positivo, negativo) para ver si con aprendizaje somos capaces de comunicarnos con una planta.

Y lo mejor de todo no es esto, sino que el proyecto demuestra cómo algo en principio dirigido al mundo del arte (Florence fue en sus inicios un proyecto artístico), sin un uso científico (o aunque sea pragmático) más que el simple hecho de digitalizar «los sentimientos» de una planta, ha pasado a ser algo más.

Algo que quizás quede en saco roto (es lo más probable, a fin de cuentas), pero quizás no.

La materialización de una pregunta cuya respuesta hasta ahora parecía obvia (es una gilipollez investigar algo así), dirigida por mentes divergentes que no vienen exclusivamente del mundo acotado de la ingeniería, para llegar a algo cuyas implicaciones reales que, como mínimo, ya son relevantes.

Gustoso estaré entonces de comentar el hallazgo con mi pareja vegetariana :).


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