redescubrir nintendo ds

Ya he contado en alguna que otra ocasión que un servidor abandonó el mundo de las videoconsolas con la Play 2, y que no me he vuelto a reencontrar en serio con ellas hasta la Nintendo Switch y la Xbox Series X.

Corrían los 2005 y, sinceramente, quien escribe estas palabras estaba a otros menesteres.

Tanto por el comienzo de la universidad, que me llevaría a irme a vivir de lunes a viernes a otra ciudad (y, a los tres años, mudarme de Asturias a Madrid de forma permanente), y cómo no, también por las novietas y juergas nocturnas, me mantenía bastante entretenido como para plantearme tan siquiera comprarme esas consolas de nueva generación.

De hecho, me perdería con la tontería, quitando alguna que otra partida en casa de algún amigo o en alguna feria, toda la séptima generación de escritorio (PlayStation 3, Xbox 360 y Wii), así como las versiones portátiles, con esa Nintendo DS a la vanguardia, y en menor medida, la PSP. Y si me apuras, y no metemos en el saco la Switch, que salió a mitad de generación, casi la octava por completo.

Lo más curioso de todo es que realmente un servidor siguió jugando a videojuegos, pero únicamente desde PC, esa plataforma que a veces en la industria se obvia, y que, de facto, es el reino donde florecieron los juegos de estrategia y de rol.

Hablo, como no podría ser de otra manera, del momento cumbre de los MMORPGs, y de las innumerables horas que le dediqué a World of Warcraft y otro sin fin de juegos de ese estilo.

Tanto que, de pronto, ya con treinta años, me di cuenta que había desaprendido a utilizar un mando.

Llevaba tantísimo tiempo jugando con teclado y ratón, que era incapaz de dar la talla en los shooters en primera persona.

El caso es que, desde entonces, le he vuelto a encontrar el gusanillo, y ahora ya soy un fiera me desenvuelvo con soltura en el entorno consolero.

¿A qué viene todo esto?

Pues a dos temas que quería tratar en esta pieza.

Redescubriendo la séptima (y octava) generación gracias a la retrocompatibilidad y los remakes

A riesgo de sonar cansino, desde finales del año pasado, que es cuando salió a la venta la Xbox Series, he jugado a más títulos que en prácticamente cualquier año del resto de mi vida.

Y eso que la gente se queja de que esta nueva generación ha salido al mercado sin apenas nuevos títulos.

Cosa que entiendo si trabajas en la industria y le has dado a prácticamente todo lo importante que ha salido en las últimas décadas… pero, ¿para el resto de mortales?

  • La PlayStation 5 ha salido al mercado siendo retrocompatible con todos los títulos de PlayStation 4, y con algunos de Play 2 y Play 3 mediante su servicio en la nube.
  • Xbox Series viene acompañado del Game Pass, ese golpe en la mesa de Microsoft que abre la veda al consumo masivo mediante suscripción de un catálogo cada vez mayor. Uno que no hace más que darme alegrías. Sin olvidar, por supuesto, que como cualquier otra Xbox, es retrocompatible con cualquier juego que haya salido en cualquier consola anterior de Microsoft.
  • Por último, tenemos la Nintendo Switch, que a falta de sacar nuevos títulos de sus buques estrella, está, como decía hace unos meses, reviviendo todo el catálogo de consolas pasadas y haciendo remasters de prácticamente cualquier otro título que no haya envejecido muy bien. Como ya analicé no hace mucho, hoy en día la Wii U es una consola obsoleta ya que prácticamente todo el catálogo que tenía ya lo puedes disfrutar, y en mejores condiciones, en la Nintendo Switch.
Final Fantasy XII DS

Y por si fuera poco, desempolvo la Nintendo DS Lite

Decía que un servidor no había apenas disfrutado de la séptima generación de videoconsolas… Pero lo más curioso es que alrededor mía sí tenía algunas de sus consolas.

Sin ir más lejos, mi ex, con la que viví varios años, tuvo en casa muerta de risa la Wii, lo que me permitió disfrutar a algunos juegos como el Super Mario Galaxy o el No More Heroes (además de, por supuesto, el dichoso Wii Fit o los de canto que TODOS los que tenían una Wii tenían en casa).

Y mi madre, esa persona que de pequeño me amenazaba con quitarme la consola ya que «esos aparatos atontan a los niños», ella solita se compró la Nintendo DS sin preguntarme. Un buen día me llamó por teléfono y me dijo que se había comprado una consola de Nintendo. Punto.

Claro está que hablamos de una época en la que Nintendo partía la pana.

La Nintendo DS, y más adelante la Wii, por aquel entonces se vendía no como una videoconsola, sino como una herramienta para la llamada generación Touch!, es decir, para todos aquellos no jugadores que buscaban pasar el rato e incluso entrenarse y aprender sobre diferentes conocimientos (había juegos de medicina, de abogacía, de historia… y muchos juegos clásicos de toda la vida, como el Parchís o las Damas, que venían en cartuchos a decenas).

Véase por aquí uno de esos múltiples comerciales que, Nintendo, en una campaña de marketing sin igual, supo diseñar para que al menos en la España de esa segunda mitad de los años 10, prácticamente en cada casa hubiese una Wii o una Nintendo DS.

Ese fue el verdadero éxito de una Nintendo que supo mantener a su masa de jugadores… y de paso, acercarse a generaciones que ni de lejos pensaron que alguna vez iban a comprar una consola.

Mi madre, como decía, fue una de esas mujeres que cayeron en el pack «Nintendo DS + Brain Training». Claro que, era normal si te la vendía Nicole Kidman…

Una consola que seguramente jugó durante unas semanas, y que guardó en un armario hasta que, hace unos pocos años, un servidor la rescatase para… volver a ponerla en otro armario, esta vez a modo de vitrina en mi despacho, junto al resto de consolas de mi vida.

Una situación que, recientemente, he solventado.

Después de encontrar el cargador (de hecho estuve a punto de comprarme otro en Amazon), y buscarme las vidas para conseguir los juegos (no voy a contar el cómo por estos lares, G.G), he estado estas últimas semanas usándola a modo de arqueología de esa séptima generación de juegos que en su día me perdí.

Así, he redescubierto toda esa generación Touch! de juegos como el genial Hotel Dusk, a medio camino entre una novela de misterio y un libro de Elige tu propia aventura, adobado con sagas como la de Mario o Final Fantasy.

No sé cuánto me durará el subidón, y si me servirá de excusa para traerte por aquí algún que otro retroanálisis. Pero por ahora tengo que reconocer que lo estoy pasando genial.

Resumiendo: Que hoy en día el problema es el tiempo, no el acceso a un catálogo.

Sea por toda esa retrocompatibilidad que tenemos en el mercado de consolas actuales, sea por vivir una era repleta de remasters y remakes, sea porque, como también ocurre en mi caso, os animéis a darle una segunda vida a esa consola que tenéis por casa de algún familiar.


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