El hardware de la nueva generación de videoconsolas

xbox one controller

Para hoy tenía una pieza sobre cine, pero he preferido posponerla para hablar del E3 antes de que acabe la semana, después de que ya conozcamos todo lo presentado, y sobre todo hacer un poco de Estado del Arte en materia de hardware para la nueva generación de videoconsolas.

Y es que el tema ha dado de qué hablar en estos últimos años.

Ya por 2012 algunos anunciábamos el final de la figura histórica de una videoconsola (una pieza de hardware que tenemos pegada a un monitor) en favor de la nube.

Pues estamos en 2019 y las cosas siguen más o menos igual. Es más, probablemente la próxima generación de videoconsolas sea la más rentable de la historia.

Pese a que en efecto, el futuro del streaming es cada vez más una realidad.

Echo un ojo a lo que sabemos de esa próxima XBox, llamada por ahora con el nombre en clave «Project Scarlett», y me encuentro que a nivel de hardware va a andar muy en sintonía con su competencia directa, la PS5.

Ambas con un micro de AMD basado en Zen 2, ambas, por supuesto, con SSD.

Y mientras tanto Nintendo a las puertas de sacar una versión más de juguete de Switch, que montaría también un Tegra X1 de Nvidia. Infinitamente más comedido que las GPUs y PCBs de sus hermanos mayores, pero en un formato a medio camino entre portátil y escritorio, en esa combinación perfecta que, como ya dije en su día, me ha vuelto a picar el gusanillo por eso de tener hardware dedicado al gaming en casa.

De hecho estos días estoy dándole muy fuerte tanto al Stardew Valley como a mi querido Final Fantasy VII, aprovechando de paso el hype esperable por ese remake que tenemos a las puertas.

Pero voy al grano, que me disperso.

El caso es que miro el hardware que montan la nueva generación, y prácticamente solo veo una mejora sustancial frente a la propuesta actual más allá del esperable incremento de potencia: la velocidad de cálculo.

Que si de algo parece que van a sacar pecho en esta generación es de ofrecer, al menos sobre el papel, tiempos de carga prácticamente irrisorios.

Y me pregunto si en efecto estaremos ante el fin de este elemento tan históricamente pegado a las limitaciones del medio.

A fin de cuentas, esa velocidad de lectura y escritura ha dado un salto exponencial. Por ahí se comenta que tanto la XBox como la PS5 tirarán de PCIe 4.0, pasando de los 8GT/s de velocidad que tenemos desde el 2010, a los 16GT/s que ofrece esta nueva versión del protocolo.

Porque claro, una cosa es conseguirlo corriendo en una consola de nueva generación un juego de esta generación como es Spiderman, y otra bien distinta es que en efecto ese cambio radical en los tiempos de carga (menos de 1 segundo frente a los 8 largos de media que tarda en hacer la transición el juego en una PS4 Pro) se vea reflejado en la nueva generación, que ya contará con gráficos más exigentes, y por ende, mayor peso de procesado.

Porque el resto de novedades vienen más pegadas a lo que a todas luces, y pese a lo que nos pueda joder a algunos, es el terreno a explotar de la industria: streaming + nube + pago por servicio.

El factor nube…

Que ojo, soy el primero que prefiere pagar por producto que pagar por servicio. A fin de cuentas, y para el tiempo que tengo para jugar, me sale más rentable hacerlo de esta manera.

Pero es precisamente por esto por lo que entiendo que el interés de la industria sea justo ese: Netflixificarse. Que el usuario pague por acceso al servicio, abstrayéndose de la necesidad de actualizar y mantener el hardware, o decidir en qué catálogo invierte su dinero.

Ahí tenemos nuevamente híbridos, como es el caso del xCloud de Microsoft, una consolita enfocada por completo a ese porcentaje de usuarios que quieren abrazar el streaming pero que no están interesados en invertir mucho en un PC decente, el XBox Game Pass Ultimate, que aglutina todo lo que a priori debería ser un servicio de streaming de videojuegos en la nube (es el más tipo Netflix de la actualidad), y que también llegará a PC en esa estrategia de la compañía por ser «One Platform«, y por supuesto la irrupción de Google con Stadia, al cual ya le dediqué una pieza, pero que ahora ya conocemos precio y opciones.

  • Stadia Pro: 9,99 euros al mes (parece que este será el precio base de casi todas las propuestas) por acceder a casi todo su catálogo hasta a 4k/60FPS. Y digo casi todo porque aquí Google juega al modelo híbrido. Parte de su catálogo incluido en el pago por servicio, y algunos títulos (los más punteros) habrá que pagarlos por separado… o esperarse a que en unos meses acaben dentro del catálogo Pro.
  • Stadia Base: gratuito, pero que mantiene una suerte de pago por producto (pagas por acceder a un juego en particular). Y siempre y cuando te de igual no disfrutar los títulos en 4K (esta opción solo está para los Pro).

Lo cual tiene una lectura extra, y es que de pronto las barreras del hardware se difuminan… en ambos sentidos. Como usuarios no necesitamos desembolsar lo que cuesta una consola o un PC Gamer para disfrutar de este tipo de entretenimiento, y también (que de hecho me parece aún más importante) los desarrolladores no tienen ya un techo claro de potencia al que atenerse, pudiendo dar rienda suelta a la tecnología y la creatividad.

A cambio, eso sí, perdemos quizás esa parte hasta cierto punto de encanto que tenía el sector con el cambio de generación. Que en una industria que vive principalmente del hype va a ser un cambio más grande de lo que parece.

Esta semana me llamaba un amigo comentándome que se había gastado 200 euros en la Founder Edition, que incluye un Chromecast 4K, un mando (él se compró también otro, por eso los 200 euros) y tres meses incluidos del Stadia Pro, al que podrán acceder en noviembre de este año (el resto tendrán que esperar al año que viene).

Y como le comentaba, yo hubiera hecho lo mismo si no fuera por el pequeño handicap de haberme ido a vivir a un pueblo perdido en la faz de la tierra, donde todavía no llega ni la fibra.

xbox scarlett

… en un entorno aún no suficientemente bien preparado para abandonar el hardware

Que para esos cada vez menos españoles que hemos decidido salirnos de las urbes y abrazar la vida campestre, el streaming de videojuegos nos suena aún muy a futuro, con esos escasos 10 megas de bajada, y 1 mega de subida que me llegan por ADSL.

Eso obviando que los 30mbs que pide de media Stadia para asegurar una experiencia de juego premium parece que se van a quedar cortos, sobre todo si lo que nos llama son más juegos de tipo FPS.

Estos días por el E3 algunos analistas ya han apuntado que el xCloud daba una experiencia aceptable… pero no tan pulida precisamente por la latencia en juegos como el nuevo Gears of War, que hacía difícil igualar la jugabilidad con una partida en local cuando el escenario se llenaba de enemigos y empezaban los tiros. Y eso teniendo en cuenta que de seguro la infraestructura que habrá montado Microsoft en su stand rondará fácilmente los 600 mbs simétricos.

Así que pese a que vuelva a decir eso de que en efecto estamos ante el futuro de la industria, y que esta vez sí (snif snif) estamos ante la última generación de videoconsolas como tal, me da a mi que aún nos queda mucho camino por recorrer pegados al hardware.

Que el PC tiene por delante muuucho que decir. Y que todas esas consolas, que cada vez más son PCs dedicados, van a seguir dando caña con PCBs cada vez más potentes y especializados.

Y lo mismo de cara al usuario. Sea por obligación, como en parte es mi caso. Sea por filosofía, como es en el caso de muchos hard gamers, entre los que en parte, y aunque me joda, también me tengo que incluir.

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